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viernes, 12 de mayo de 2017

Alien: Covenant. Crítica de Rosa Labrandero.







El análisis de un film, -el cine es el medio de adoctrinamiento e intento de influenciar ideológicamente a la población, ya que un solo encuadre puede obtener más información que un capítulo de un libro, información que entra en la psique del espectador con gran facilidad y sin que muchos lleguen a percatarse, algo que también ocurre en los libros, ya que cuando un escritor intenta ser oscuro, desde Heráclito, Tácito o Cicerón, sabe muy bien como moldear su lenguaje; a la hora de acercarnos a una película (así se llaman estas producciones culturales) -, lo podemos hacer desde una perspectiva literaria, filosófica, histórica o esencialmente cinematográfica; todas ellas son adecuadas si el que escribe sobre algo que ha hecho otro, descubre su metodología de análisis y no se intenta imponer con un lenguaje ex catedra (desde la silla del profesor) a los demás; quien ha ido a la Universidad conoce este método. No cabe la menor duda de que, en esta ocasión, Ridley Scott ha cogido desprevenidos a los críticos, que no se han atrevido a destrozar la nueva entrega de una de las franquicias más importantes, porque la inició una de los hombres que cambió el cine, pero se han escondido detrás de la estructura (si deconstruye  o no, los bichos, la forma de su cabeza, el papel de la mujer, el androide...).Luís Martínez, del diario 'El Mundo', llega a apoyarse en un argumento de autoridad, concretamente en Nietzsche, - ni más ni menos; no está mal-, para demostrar que Ridley Scott no se ha movido de donde estaba. Sin embargo, los cineastas están ya en otro planeta, el de la superación de los géneros por el avance de la tecnología ( la mujer cyborg de Donna Haraway, que han influido en Luc Besson y Rupert Sanders), y no sólo las críticas llegan tarde, sino que nadie se pregunta por qué hay dos xenomorfos y qué papel juegan. Juan José Millás, en la ventana, ha dicho esta misma mañana, la del estreno en los cines, que ya no fue a ver 'Alien:el octavo pasajero' porque no le gustó la publicidad, y menos aún los momentos gore (cosas de niño, no como las auténticas 'navajas de los hombres arquetípicos ); Gema Nierga ha llamado al film 'El Alien Covenant' (creo que habría que prepararse algo mejor aquello de lo que se va a hablar en su programa y no ir a la radio con lo puesto. La semana pasada aseguró que no pensaba ir a ver 'Guardianes de la Galaxia'); Elio Castro la ve entretenida, pero no le otorga ningún otro valor. Todos sabemos interpretar estos discursos: ¡Cosas de niños! Los verdaderos intelectuales ya no tienen donde refugiarse, pero sí saben como manejarse en el día a día.

Una vez decidido el método de análisis cabe primero ver la película, y, si es posible  revisar los episodios anteriores, en especial aquellos que fueron dirigidos por Ridley Scott, y después ser rigurosos. Por poner un ejemplo, Luís Martínez en su artículo para el diario 'El Mundo' parte de la teoría del eterno retorno  de Nietzsche para demostrar que Alien: Covenant es tan poco original que se limita a resumir los mejores momentos de la saga alienígena. Pero si el creador de Alien y de Blade Runner no ha contentado a los críticos tampoco ha satisfecho a muchos fans, porque, ni unos ni otros están por aceptar que el cine, en lugar de entretener, se dedique a crear oscuras metáforas que se materializan en bichos, -xenomorfos, los mismos que creó H.G.Giger -, androides sensibles y otros resentidos e inclinados al lado oscuro, etc. para al final acabar demostrando que entre todos hemos creado una inteligencia artificial que nos sobrepasa, que reune los conocimientos de miles de millones de hombres , que abarcan desde cualquier clase de música, pasando por la literatura, las ciencias experimentales, la genética o la decoración. David imita a Lawrence de Arabia y le gusta la música de Wagner.

Durante la primera parte del film Scott aborda la marcha hacia la búsqueda de planetas habitables, con una tripulación diferente a la de las anteriores entregas, formada por parejas, que, como los colonos que transportan en una misión comercial, buscan un lugar donde asentarse, una nueva caravana de pioneros de la que forman parte los que dirigen la Covenant. Ninguna mujer sustituye a Sigourney Weber en su papel mezcla de mujer fatal y action woman, ahora el sexo ya no importa tanto en las relaciones interpersonales, lo que permite a David besar en la boca a Walter; sin importarle el hecho de que pertenezcan al mismo su género, sino a su misma categoría de dioses superiores a los mortales. Ellos acumulan todo el conocimiento y son inmortales, y sólo ellos pueden convertirse en demiurgos y crear una nueva especie que les rinda culto. Un final muy oscuro, ambiguo e interpretable nos coloca en posición de poder interpretar, como espectadores, al octavo pasajero. Kubrick imaginó en 2001: una odisea del espacio un rebelión cibernética, la de aquel famoso ojo rojo, llamado Hal 9000, pero sin una visión clara de lo que iba a representar la ingeniería informática y la robótica  en el siglo XXI era absolutamente naïf, y la elucubración filosófica en torno a la existencia de dios de manual del siglo XIX. Hoy ya sabemos el poder que tiene la red, la incapacidad de sus creadores, tan mortales como el que dio a luz a David y Walter que no llega al final de la historia, puede dar lugar a un doctor maligno como el que protagoniza Fassbender, un genocida que acaba incluso con los de su especie. Nosotros morimos y nuestros escritos permanecen vivos en la red.

Pero, ante todo, nos ha parecido deslumbrante el legado de Ridley Scott que, a punto de cumplir ochenta años, ha querido dejar a los suyos uno de los homenajes más brillantes que se han hecho al cine americano de ciencia-ficción al que ha dedicado los mejores años de su vida. Y con este objetivo construye un western en el que parejas jóvenes e indefensas caminan por el espacio en busca de un nuevo hogar, ignorantes de los peligros que las acechan. El cuerpo de su relato está constituido por un epitome del cine fantástico de todos los tiempos, comenzando con el minimalismo indie, puesto en práctica por Denis Villeneuve en La llegada, un polvillo negro que evoca imágenes cercanas  en el tiempo y que convivirá algo más tarde con el parásito que debutó en 'Alien: El octavo pasajero', la soledad del astronauta en Moon de Duncan Jones, que forma una parej con su robot más rudimentario que la que constituyen Madre y Walter, la reparación de la nave en un espacio ingrávido que caracterizó Marte, hasta desembocar en los orígenes de la franquicia y la aportación de James Cameron. En esta tarea ha contado con la colaboración de Jed Kurzel, (The Babadook, Macbeth...), hermano de Justin Kurzel, el realizador de Assasin's Creed, que tiene también como protagonista a Michael Fassbender, que cubre su cabeza con una capucha como hace David en Alien.



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