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domingo, 14 de mayo de 2017

Guardián y verdugo. Oliver Smith




Ficha técnica:


Título original: Shepherds and Butchers.
País: Sudáfrica.
Año: 2016.
Duración: 106 minutos.

Dirección:Oliver Smith.
Guión: Brian Cox.
Casting: Moonnyeen Lee
Dirección de Fotografía: Leah Striker.
Música: Paul Hepker.
Edición: Megan Gill.
Dirección artística: Jenn Baker.

Diseño de Vestuario: Diana Cilliers.
Diseño de maquillaje: Marli Kruger.

Productor: Brian Cox, Anant Singh.
Productores ejecutivos: Andrew Bonamur, Andrew Gill, Robert Naidoo,  Sudhir Pragjee.
Diseño de producción: Mike Berg.
Compañías: Distant Horizon, Videovision Entertainment; distribución Twentieth Century Fox.


Intérpretes:


Steve Coogan: John Weber,
Andrea Riseborough : Kathleen Marais,
Deon Lotz : Oficial Rautenbach


Sinopsis:



En el año 1987, 164 personas se ejecutaron en el corredor de la muerte de la ciudad de Pretoria en Sudáfrica. Este film basado en hechos reales narra la historia en la que la pena de muerte fue puesta en duda y la historia cambió. John Weber, interpretado por Steve Coogan, es el abogado que se encarga de defender ante un juez a Leon, que será encarnado por Garion Dowds, un joven guardia de la prisión de máxima seguridad de Pretoria que acabó traumatizado de presenciar todas aquellas ejecuciones.


Críticas:


El divorcio, ya proverbial , entre público y prensa, se abre de nuevo paso, si bien de forma más matizada. Aunque han sido muy pocas personas las que se han acercado a la página Filmaffinity y han valorado el film (87), la nota media que ha alcanzado el trabajo de Oliver Smith es de 6 puntos raspados. Entre los críticos los hay que se han cebado con la película, entre ellos Nando Salvá (¡Cómo no! Nos tiene un poco despistados sobre su formación y sus gustos ). Desde 'El Periódico' con un desprecio absoluto sostiene que se " da unos aires de trascendencia del todo injustificados. Sus personajes son meros esbozos; su narrativa, una rudimentaria sucesión de clichés del cine judicial; su 'look', pura tosquedad televisiva. Peor aún, la película esquiva las complejidades propias del contexto sociopolítico que recrea para limitarse a decir -sin ahorrarse un solo plano de sangre derramada- que el asesinato institucionalizado es algo malo." La táctica del crítico es una forma ya enseyada de conseguir notoriedad como enfant terrible, sacrificando una argumentación bien cimentada. Primero se lanzó por esta vía Boyero, no le fue mal. Después Jordi Costa, al que le va algo peor y ahora Nando Salvá. Nos llegan a aburrir, especialmente porque sus críticas sólo les sirven a ellos.

Jordi Costa (Diario 'El País' ) acusa al film, igual que su compañero, de ser un producto más idóneo para la televisión que para una sala de proyecciones; a Alberto Luchini no le convence la ideología que destila el film, tras hacer un alegato contra la pena de muerte, cree que el peca de exageración maniquísta: a Federico Marin Bellón le parece más efectiva que efectista..



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