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sábado, 6 de mayo de 2017

Un italiano en Noruega.




Ficha técnica,  sinopsis, críticas, cartel y trailer. (Pinchad aquí)


Comentario: 


La pareja formada por Gennaro Nunziante y Checco Zalone consiguen siempre arrastrar a su público no solo dentro de su país sino más allá de sus fronteras,y porque saben tocar la fibra populista de la gente, retorciendo los tópicos hasta la exageración, como queda patente en su canción 'La prima república', aunque el film no está exento de mordeduras cargadas de ironía y causticidad, nada contemplativa con sus personajes y el pueblo italiano, y a la vez nada servil con los 'cívicos norteños a los que acaba llamando vikingos. Su opción, sin embargo, no es comparable a la de otras iniciativas como 'los bienvenidos' o 'los apellidos', francesa y española, en este orden. Fernando López de 'La Nación' pone el acento en las consecuencias de la crisis que ha puesto en cuestión la supervivencia de unos servidores públicos que ocupan su plaza por oposición y que no dependen de las diferentes opciones políticas (recordemos la época de los cesantes en nuestro país): " Hasta que una inoportuna reforma de la administración pública pone en foco al protagonista. Nadie más apropiado que él, soltero, sin nadie a su cargo, sin compromisos de familia, sin especialización alguna, para que pueda aplicársele la movilidad laboral. Puede no aceptar la indemnización, o pedir sumas disparatadas. Pero tiene que luchar contra el empecinamiento de una superior capaz de inventar cualquier traslado, el más lejano, el más incómodo para trastornarle la vida y hacerlo aflojar. Con lo único que no cuenta es con la invencible versatilidad del empleado, capaz de adaptarse a cualquier molestia con tal de conservar su empleo. Y como en este caso, el empleador es el mismísimo Estado el nuevo destino que le ofrezcan puede estar en cualquier parte. De toda Italia, e incluso más allá. Por ejemplo en alguna base polar o en el África ecuatorial."


Los italianos hacen girar toda la trama en torno al hecho de tener o no tener un sueldo seguro para toda la vida, una aspiración humana legítima, que Gennaro Nunziante y Checco Zalone convierten en el centro de su historia, llevando esta obsesión hasta el paroxismo, y rozando constantemente la incorrección política al dejar penetrar la idea de una mafia y una camorra que persisten en plena democracia, y que siguen colocando a sus afines en puestos de funcionarios  que se deslizan sin problemas por la vía de las pequeñas corruptelas. El reconocimiento del protagonista que suma todos los tópicos, incluida la mamma, de que le gusta Berlusconni, que les dejaba hacer su voluntad, y su enfrentamiento con la proba funcionaria, empeñada en que nadie se escape de la reforma de la administración cueste lo que cueste, es muy italiano y provoca la risa fácil al tiempo que hace emerger la idiocia del pueblo, parafraseando a Beatriz Martínez. La llegada a su puesto de trabajo en bicicleta provocó una risa generalizada en una sala de una ciudad en la que se está implantando este medio como prioritario, con la consecuente controversia.

El Periódico habla de humor popular, zafio y chabacano puesto al servicio de situaciones absurdas basadas en la cotidianidad, aunque reconoce que los gags funcionan y en ocasiones llevan a ser muy políticamente incorrectos, especialmente cuando se producen en un entorno de critica social. El italiano ha nacido rodeado de un legado cultural impresionante, que en su tiempo favoreció el Renacimiento de las artes y las letras, sin que podamos ni debamos olvidar que las masas poco interesadas en el estudio y la contemplación de que habla  su compatriota Cicerón, del que dicen sentirse orgullosos, produce una desacralización de la que se burla Gennaro Nunziante cuando hace un homenaje a 'La Grande Belleza' de Paolo Sorrentino, provocando un desmayo de su protagonista en el mismo lugar en el que éste provoca una lipotimia en un turista asiático que sufre el síndrome de Stendhal al contemplar desde una atalaya la belleza de la ciudad eterna, 

Las expresiones racistas, poco éticas, sexistas, inmaduras y otros muchos calificativos que se podrían aplicar al protagonista, permiten comprobar que el público está más preparado de lo que algunos pueden pensar para rechazar actitudes insolidarias, al menos cuando se presentan de una forma tan chusca y radical. Sin embargo, director y guionista desaprovechan la oportunidad de analizar la situación actual, aunque sea en tono de 'dramedia', un término muy al uso en la actualidad, ignorando que no en todos los sitios se accede a la función pública gracias a Don Vito Corleone, una simplificación injusta y peligrosa, y que los trienios, las bajas por maternidad y otras gabelas, suelen ser el privilegio de los pobres. Aunque, quizá, y sin querer, esté conectando con Paul Lafargue y defendiendo el derecho de los parias de la tierra a disfrutar de la pereza que acumulan las grupos sociales acomodados que señaló Chaplín en 'La clase ociosa'. 

No es fácil recorrer el mundo cargado de hijos sin poseer recursos, es decir, un salario fijo que te permita saber que si gastas lo que tienes, al final de mes volverás a cobrar; pasar por alto algo tan obvio convierte en inverosímil la historia, que llega a la bizarría más absoluta con la estructura elegida, un gran racconto o flashback que parte de un presente totalmente inverosímil. El final de la historia es de 'juzgado de guardia' y equivale a esa conjunción adversativa, 'pero', que desautoriza los aciertos anteriores. Por otro lado era absolutamente innecesario terminar con semejante boberñia, porque, salvando los primeros minutos de película y el encuentro con la tribu africana que sirve de excusa al realizador para construir su estructura de forma circular, que son absolutamente ridículos, la película tiene ciertos, camina con frecuencia por la vida de lo absurdo, en ocasiones con cierta gracia, y tiene una buena dosis de autocrítica. Finalmente, el deseo distraer, el objetivo de que el público salga de la sala 'bien content',  convierte el film en un auténtico blockbuster, que alcanza tal grado de cutrez con el que pocas veces coincide el cine norteamericano, salvo que lo busque de forma deliberada, como hacen las producciones de la Troma. El público, tanto americano como europeo, la aprueba sobradamente; son los tiempos que corren.


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