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martes, 9 de mayo de 2017

Z, la ciudad perdida. James Gray.





Ficha técnica:


Título original: The Lost City of Z
País: Estados Unidos.
Año: 2016.
Duración: 141 minutos.

Dirección: James Gray.
Guión: James Gray.
Casting: Sig De Miguel.
Dirección de Fotografías: Emmanuel Kadosh.
Música: Andy García.
Edición:  Christopher Cibelli.
Dirección artística: Carlos Menéndez.
Decoración del set: William A. Cimino.

Diseño de Vestuario: Deborah Lynn Scott.
Jefe de Departamento de maquillaje: Scott H.Eddo.
Jefe de Departamento de peluquería: K.G. Ramsey.

Productores: Brad Pitt.
Productores asociados: Michael Donnelli, Aaron Mazzolini.
Productores ejecutivos: Andy García, Tom Gores, Johnny O.López, Frank Mancuso Jr.
Diseño de producción: Waldemar Kalinowski.
Compañías: Mica Entertainment, Northern Ireland Schleen,  Crescent Drive Pictures, CineSon Entertainment, Lions Gate Films, Platynum Equity; distribución eOne Films Spain.


Intérpretes:

Charlie Hunnam: Percy Fawcett,
Robert Pattinson: Henry Costin,
Sienna Miller: Nina Fawcett,
Tom Holland: Jack Fawcett,
Edward Hasley: Arthur Manley,
Alfredo Armenteros : Chocolate,
Danny Pino : Alberto Mora,
Richard Marquez : Rega,
Franklin Dominguez : Teniente Dario,
William Marquez : Rodney,
Andy Garcia : Fico Fellove,
Nestor Carbonell : Luis Fellove,
Inés Sastre : Aurora Fellove,
Tomas Milian : Don Federico Fellove.


Sinopsis:

Durante siglos los europeos discutieron la existencia de una antigua civilización de la selva de Amazonas. A principios del siglo XX, el británico Percy Fawcett participó en una expedición tras otra, convencido de poder encontrar esta legendaria ciudad en cuya búsqueda han muerto cientos de hombres. En 1925, en su viaje más ambicioso y obsesivo, Fawcettt desapareció en lo más profundo de la selva al igual que todas  las expediciones que han seguido su rastro.

Críticas:


James Gray, como es habitual,  recibe una buena crítica. Su cine gusta a los creadores de opnión que se van separando cada vez más de sus lectores, que también opinan. Filmaffinity refleja un 6.2, obtenido de la media de 834 votos, una nota que refleja la división entre una prensa diletante (en la segunda acepción del término) y un público poco entregado, una deducción que no hace falta ser muy listo para extraer con facilidad de un solo dato. Si después acudimos a  la página Rotten Tomatoes comprobamos que nuestras intuiciones no eran falsas: el índice de aceptación de la prensa es  del 88 %  consultadas 163 reseñas, y el del público del 63% , tras pulsar la opinión de algo más de 13.000 usuarios. 

Javier Ocaña, para quien el cine  de aventuras adulto todavía es posible gracias a directores clásicos como Gray o Jeff Nichols,  afirma que : "Z, la ciudad perdida entre la sobredosis de productos exclusivos para grandes niños y para niños grandes, la inmensa mayoría inanes o memos y a menudo disfrazados de una complejidad que no es sino el artificio de la pomposidad, todavía cabe un cine que se acerque al verdadero descubrimiento, el histórico, el cultural, el social y el personal, con una narrativa que sea al mismo tiempo ética y estética." Se deja fuera un concepto fundamental: la ideología del que escribe,  porque expresiones construidas con conceptos como el "verdadero descubrimiento histórico, cultural y social", si no se explica bien de que hablamos, pueden estar afectadas de más pomposidad huera que la que se critica. ¿Cuando uno crece se hace conservador? Al menos eso parece desprenderse de su análisis y no favorece mucho a Gray. Parece que Terrence Malick está ganando todas las batallas.

Luís Martínez compara el film con Fitzcarraldo, eso sí con un protagonista ubicado en la orilla opuesta al de Herzog , y cree que sólo en el viaje se encuentra un espacio de reconstrucción, de encuentro con uno mismo. Partiendo del hecho de que la diégesis del relato se construye también con la experiencia, las ideas previas y el bagaje intelectual, cultural e ideológico del espectador, el personaje de Herzog, al menos desde la perspectiva del que escribe, no se siente tentado por el horror o por el vacío, sino  arrastrado por una pasión irrefrenable por algo que llena su vida y siente la necesidad de compartir con los demás: la música, en directo o enlatada. No busca el dorado, apuesta todo lo que tiene por hacer realidad su deseo.

Parece que el verdadero sentido para Luís Martínez es "un calculado y sabio intento de recuperar para el cine el sabor primigenio de constructor de mundos perdidos. "No en balde, -dice -, el tiempo en el que se sitúa es contemporáneo de la propia invención del cinematógrafo. Fawcett (así se llama el personaje de Hunnam) sabe con mayor claridad de lo que huye que lo que quiere encontrar. Más que un simple homenaje al cine de aventuras, al cine pensado para escapar de la realidad, estamos ante una hipnótica travesía al fondo de todas las travesías posibles. No se trata tan sólo de una reflexión entusiasta y hasta cinéfila sobre el propio cine, que también, sino de un ejercicio desnudo sobre la propia posibilidad de la narración, del cuento, como la única manera cuerda de dar sentido a eso extraño y necesariamente errático que es, en efecto, la vida." Aunque esta visión trascendente da la impresión de que el cine es más cine cuanto más se aleja de su esencia y se acerca a unas texturas y a una composición que le son ajenas, más propias de otras manifestaciones  plásticas del hombre como la pintura de Rousseau,  Derain, Watteau o Geinsbourgh, pintores elegidos por el crítico para representar la atmósfera del film y trasladarla a sus lectores,  que reflejan la realidad de una sociedad en la que el ancien regime estaba dando sus últimos coletazos; retratistas, representantes de movimientos como el rococó o el simbolismo inglés, entre los que de forma sorprendente introduce a Derain, un digno representante de las vanguardias, nacidas de una visión del mundo burgués, industrializado y capitalista. Una postura que parece alineada con los defensores de la implantación de un canon , defendido por  Harold Bloom y del rechazo de los nuevos mitos de finales del XX y principios del XXI, aplicando el apellido peyorativo de infantil, apropiado para niños grandes o grandes niños. José Carlos Mainer describía este proceso para el diario 'El País' en un artículo que denominaba  'Bloom y el canon alarmado' que advertía de que: " El autor de Ensayistas y profetas piensa que la literatura es un hecho esencialmente moral y cree en la superioridad de la disposición religiosa. Tras su famoso El canon occidental, el crítico neoyorquino hace su apuesta de ensayo con notable desparpajo, pero con algunas ausencias sangrantes: Voltaire, Diderot, Russell, Ortega, Pla, Benjamin... Al fin una postura nada imparcial y muy ideológica.

Mucho menos transcendente, Oti Rodríguez Marchante afirma que "James Gray evita también el doble «peligro» que pide esta historia: se aleja del encanto peliculero de Indiana Jones y regatea el síndrome Lope de Aguirre: no hay espectáculo ni locura en la empresa de Percy Fawcett, sino curiosidad intelectual y ambición científica. También hay una extraña ambición en Gray al abarcar todas las expediciones que hizo Fawcett al inexplorado mundo amazónico, con grandes bloques y grandes elipsis que «arrugan» todos los años dedicados por este hombre a su idea de encontrar una civilización avanzada en los confines de la selva, mientras que su familia vivía y crecía a los márgenes de su epopeya. Probablemente hubiera sido más «cinematográfico» centrarse en cualquiera de esas expediciones, pero no estaría en ella toda la complejidad del personaje. " (Z.La ciudad perdida. El hombre que llegó hasta el portón de 'El Dorado, diario ABC).

Nando Salvá contempla a  Percival Fawcett como a un soñador, aunque también entrevé a los personajes creados por el austriaco Werner Herzog en el discurso audiovisual de Gray: "A medida que viaja una y otra vez persiguiendo su fantasma, Percival establece con la naturaleza una hermosa conexión que dota al filme de una atmósfera onírica –él no quiere marcharse de allí, y nosotros tampoco–. Poco a poco, entre la niebla y el follaje y la densa humedad empiezan a entreverse los espectros de Fitzcarraldo y Aguirre y otros incautos que, como él, buscando los límites de la jungla, encontraron los de su cordura. El director James Gray convierte ese periplo en un tratado, no sólo sobre toda la poesía y toda la patología que las ansias de exploración y la obsesión humana misma encierran, sino también sobre la búsqueda del sentido de la vida." Aunque poco a poco se  va acercando a la 'trascendencia' de sus colegas madrileños, sin percatarse de que el contexto socio-económico ya no es el de Bergman, sino que habitan un universo que ha cambiado la naturaleza de esa trascendencia, aunque se yerre, habrá que hacer lo imposible por aproximarse al hombre actual, sus creencia, su aporofobia que desemboca en actitudes poco comprensibles para todos, y en especial pata quien se quedó, ( o quiere volver ), en la mentalidad del ancien regime, o incluso se retrotraiga a la de William Shakespeare, el dramaturgo que preside el canon de Bloom. Al crítico, al que satisfacen muy pocas películas, concluye afirmando que Gray con " el mejor cine épico, nos adentra en lo inimaginable y le da hondura y contexto; y, en el proceso, lo que empezó siendo un simple relato de aventuras va ganando en melancolía y capacidad para aterrar y hechizar a la vez, hasta transformarse en algo mucho más enigmático, casi metafísico."

Un grupo  de cineastas cambió el cine en el último tercio del siglo XX y construyó metáforas que sustituían con su lenguaje desplazado una realidad que supieron prever con anterioridad porque eran buenos observadores del mundo que les había tocado vivir (guerras preventivas, luchas en barrios conflictivos de ciudades occidentales importantes, el peso del resentimiento en el tránsito al lado oscuro que originó los mayores males a la humanidad durante la primera mitad del siglo XX, las manifestaciones del nuevo ludismo en los prolegómenos de la era tecnológica, la decadencia del libro de papel frente a otras formas de representación discursiva (en España se cierran dos librerías al día), la vuelta al vinilo como signo de diferenciación, y  longa  et caetera lista de contradicciones que acompañan la transición a un nuevo mundo. Un cambio relevante que no ha sido comprendido por quienes tachan a estos cineastas, que triunfan entre los integrantes de varias generaciones, de infantiles y peliculeros, lo cual, como demostró Umberto Ecco, no es nada nuevo.

Siempre habrça alguien que se aparte de la línea dominante, de aquellos que consideran que The Lost City of Z es la mejor película de James Gray, terminando con algo tan pretencioso como que a través de ella el cineasta se ha encontrado a sí mismo. Hablamos de  Graham Fulller (Screendadaily) para quien  "'Lost City' es el súmmum del cine de prestigio del siglo XXI. Sin embargo y por desgracia, también es profundamente fallida (...) La película más ambiciosa de Gray está dañada por un arco narrativo que no logra elevarse o alcanzar un clímax. (Reseña de Lost City of  Z)..




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