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domingo, 18 de junio de 2017

El club de los monstruos.Comentario





SEXO, SRANGRE Y ROCK AND ROLL



Ficha técnica, sinopsis, críticas, cartel y trailer (Pinchad aquí)


Comentario.



Aunque es cierto que el mejor lugar para disfrutar de una película, a diferencia de la lectura de un buen libro que se puede hacer derrochando superabundancia de energía imaginativa en un sillón de tu casa, es el cine, la sala dotada para que todos los elementos que constituyen la diégesis, la recreación de una realidad ficticia, emulando a Frankenstein (Noël Burch, 'El tragaluz del infinito) penetren por todos tus sentidos. Pero, en otras ocasiones, esto no es posible, ya sea porque se trata de producciones que van de la B a la Z, que no tienen lugar en las salas públicas de proyecciones y ni tan siquiera es fácil acceder a ellas en los múltiples lugares de distribución de películas, ya se trate de páginas de venta y alquiler, grandes almacenes, tiendas especializadas o de segunda mano. Pero también hay causas, generalmente relacionadas con la taquilla, es decir, con la mayor o menor aceptación del público, un hecho que  se utiliza por la crítica según su conveniencia.

Este es el caso de esta película, un fastuoso relato de metaficción, cuyos protagonistas son los principales integrantes de la ficha técnica, -guionista, productor, realizador, director artístico en off...- y los encargados de interpretar las diferentes historias que los miembros del club de los monstruos ponen a disposición del escritor. Este film de culto comienza con una clasificación bizarra de los monstruos en : primates vampiros, hombres-lobo y fantasmas; el cruce de un hombre lobo y un vampiro da lugar a un hombre lobo-vampiro, pero el de  un hombre-lobo y un fantasma a un lobo.fan, el vampiro  y el fantasma un vam-fan. Un lobo-fan y lobo-vamp darían un lob-fan y así sucesivamente hasta llegar a un buster o vamfantastic, una aproximación taxonómica a los diversos especímenes de 'monstruos', plasmada en un árbol genealógico que preside un club en el que se hace música rock para un público constituido por un variopinto grupo de especímenes esperpénticos, cuya caracterización consiste en simples máscaras de latex, que cubren su alter ego, el verdadero. Pero en el grupo falta un ejemplar: el humano, y el mítico Vincent Price sale a la calle a su zaga, hasta dar con el origen de todos este universo, el demiurgo, el storyteller o creador de historias visto desde una perspectiva un tanto desfasada: la que acusa al director de deshacer el guión en la sala de montaje, contemplando unicamente la posibilidad de que un realizador opte por la política de encuadre, procurando dotarlo del máximo significado, y olvidando la otra alternativa, la que inició Eisenstein y acabó imponiéndose en Norteamércia, la del montaje, que considera el cut and paste (el cortar y pegar) en el verdadero sujeto de la enunciación. Esta reflexión teórica, emitida por el personaje que interpreta Vincent Pricem choca frontalmente con la imagen que nos ofrece Buñuel en 'Un perro andaluz', en el que una mujer costa su ojo con una guillete, ya que, obligatoriamente, debe ser sustituido por el de la cámara. Cada expresión artística tiene su materia prima: la literatura la palabra, el cine las imágenes, aunque se  apoye, secundariamente, en los diálogos.

Roy War Baker no duda en servirse de la música, de cualquier estilo, para crear una atmósfera apropiada en cada momento y en cada una de las historias que constituyen el mosaico que, en definitiva, es este film, cuyo protagonista será cada uno de los que hacen posible que estos relatos tomen forma y constituyan una película: el primero es el guionista, seguido del productor, el director y simplemente se anuncia al director artístico. Comienza con la bellísima 'Pavane. Op.50' de Gabriel Fauré, compositor, pedagogo, organista y pianista francés que vivió a caballo de los siglos XIX y XX, una pieza que interpreta la orquesta de  Douglas Gamley y el guitarrista John Williams, un tema del que se sirvió, con gran fuerza, Paolo Sorrentino como leitmotif de Giulio Andreotti en 'Il Divo'. Otra pieza clásicas que entra en juego es 'Vienna Blood' de Johann Strauss, a la que se suman sonidos de grupos de música rock, de los que se escuchan en las radios y que constituyen el himno de los monstruos..

En esta fauna en la que vivimos inmersos, no sólo hay monstruos, sino también caza-fantasmas , a los que llaman sangrientos, encargados de erradicar el crimen, aunque acaban asimilados por las masas de estos seres fantásticos. Pero este paseo por las tinieblas no es gratuito, tiene un interesante background, una reflexión sobre la condición humana, que hace explícita Vincent Price cuando hace una extensa enumeración de los méritos del hombre para entrar en el 'terrible club': en tan solo 60 años ha exterminado a más de 150 millones de congéneres, empleando métodos monstruosos, una exhibición de talento que debe provocar la admiración de los que llevan el título de 'malotes', a pesar de no tener colmillos, garras o emitir horribles silbidos; en su lugar inventaron todo tipo de armas: dagas, espadas, cañones, tanques, bombas, aviones, campos de exterminio, gases  venenosos, bombas atómicas, misiles, buques de guerra, armas químicas, diferentes formas de aplicar la pena de muerte y otras barbaridades que lo hacen merecedor de ocupar un lugar de preferencia en semejante club.

Mas, a pesar de desgranar tanta miseria, no abandona en ningún momento el magnífico sentido del humor de que hace gala a lo largo de un relato que dura lo justo y se pasa tan rápido como un suspiro. Uno de estos momentos es el magnífico streptease, en el que no solo se quita la ropa, sino la impresionante envoltura biológica exhibiendo su maravilloso esqueleto,  que hace exclamar a Vincent Price, dirigiéndose a su compañero e guionista: "¡Magníficos huesos! ¿No le parece?" Una evidencia de lo bien que se puede pasar viendo cine en casa, fuera de los circuitos comerciales, una propuesta alternativa que nos enriquece. La aconsejo  a quienes no militan en el cine de culto, que ya habrán disfrutado de ella.



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