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martes, 20 de junio de 2017

Snatch: cerdos y diamantes. Guy Ritchie.





Ficha técnica: 


Título original: Snatch. 
País: Reino Unido. 
Año: 2000. 
Duración: 104 minutos. 

Guión y Dirección: Guy Ritchie. 
Casting: Lucinda Syson, CDG. 
Dirección de Fotografía: Tim Maurice-Jones. 
Música: John Murphy. 
Edición: John Harris. 

Producción: Mathew Vaughn. 
Co-producción: Michael Dreyer. 
Diseño de producción: Hugo Luczyc-Wyhowski. 
Productores ejecutivos: Peter Morton, Steve Tisch, Stephen Marks y Angad Paul. Trudie Styler .

Vestuario: Verity Hawkes. 

Columbia Pictures, con Ska Films. Columbia Tristar DVD. 


Intérpretes: 


Benicio del Toro: Franky Four Fingers, 
Dennis Farina: Primo Avi Denovitz. 
Vinnie Jones: Tony Diente de oro. 
Brad Pitt: Mickey O'Neil. 
Rade Sherbedgia: Boris 'El esquivabalas. 
Jason Statham: Turkish 
Alan Ford: Brick Top. 
Mike Reid: Doug Denovitz. 
Robbie Gee: Vinny, 
Lennie James: Sol, 
Ewen Bremner: Mullet. 
Jason Flemyng 


Sinopsis: 



Franky es un ladrón de diamantes que tiene que entregar un valioso ejemplar a su jefe Avi, pero, antes de hacerlo, se deja convencer por un tal Boris para apostar en un combate ilegal de boxeo. En realidad, se trata de una trampa para arrebatarle el diamante. Cuando Avi se entera, contrata a Tony para encontrar a Franky y al diamante. Descubierto el triste destino de Franky, la recuperación de la gema desaparecida provoca una situación caótica, donde el engaño, el chantaje y el fraude se mezclan de forma sangrienta con perros, diamantes, boxeadores y gran variedad de armas.


Comentario: 



Estética dura, tosca y sin concesiones representa la diversidad racial de los diferentes sindicatos del crimen en Estados Unidos, una nueva mirada a la diferencia cultural de los mafiosos de los estados americanos del Norte, que tienen algo en común: son auténticos carniceros. La acción por la acción en situaciones en las que lo único que está claro es que el más mínimo desliz puede acabar con la vida del que lo comete, y en el que los hombres necesitan una pistola, especialmente porque tarde o temprano, como afirma 'El Turco', personaje-narrador, uno entre tantos de este film coral, acabarás enfrentándote a matones como 'Ladrillo', nombre de grandes connotaciones semánticas en la actualidad.

El gángster advierte a uno de sus matones algo esencial en el film de Ritchie: " Eso de pensar te puede meter en líos, No lo hagas". La descripción que hace este personaje de cómo hay que deshacerse de un cadáver entregando sus pedazos a cerdos hambrientos, o la posterior de la Némesis, como: " el castigo justificado aplicado por un agente apropiado, personificado, en este caso, por un gran hijo de puta: Yo", inmediatamente después de la terrible evocación del descuartizamiento de los cuerpos y su desaparición en los estómagos de los animales, es el preámbulo de lo que va a suceder, visto a través de un pequeño monitor de tubos catódicos de TV, en la antesala de la habitación en la que se va a practicar la tortura, forrada de plástico por razones obvias.

Todos los contendientes en la lucha por un gran diamante tienen los mismos instintos, que se explayan en secuencias como la de un joven atrapado en la ventanilla de un coche y arrastrado por las calles. Judíos, rusos ex-agentes de la KGB, antisemitas, negros delincuentes de poca monta y gitanos componen un mosaico de lo más bizarro y particular. Si algo queda incrustado de manera especial en el imaginario del espectador es el breve pero destacado papel que interpreta Brad Pitt, un boxeador de puño muy duro que golpea sin guantes.

Una serie de accidentes disparatados son el colofón de una historia cuyo hilo conductor es la violencia sin ambages de todos contra todos: judíos, rusos, negros, blancos americanos o gitanos, animadas con unos diálogos sin sentido. Boris se gana a pulso su apodo de Esquivabalas, negándose a morir mientras es acribillado, pero el resto no se queda atrás. sobreviviendo con frecuencia a 'algo gordo', propio de las carnicerías. El gitano marginado, con leyes y estado propio, ejercerá su venganza también propia y les ganará con sus argucias la batalla económica; las imágenes del ring, brutales, recuerdan aquellos combates de boxeo que llevó a la pantalla Martin Scorsese en su obra maestra, Toro Salvaje, en los que al público de primera fila le llegaban las salpicaduras de sangre.

Guy Ritchie lleva a la pantalla una parodia del cine de acción violenta, sin concesiones a ningún grupo social ni étnico. Ambientes distópicos, casas con paredes desconchadas, miserables caravanas y mucho miedo en el cuerpo, hace que el espectador se plantee a dónde va el producto de sus ganancias, que en ocasiones se sugieren como sustanciosas, o si en definitiva esta forma de comportamiento es intrínseca al hombre y disfruta con ella. La posibilidad de escapar con el botín es un sueño que pocas veces se realiza.

Este año, 2017, ha provocado de nuevo el escándalo con una nueva versión del mítico Rey Arturo. Habrá que estar al tanto.


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