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sábado, 17 de junio de 2017

París puede esperar. Comentario




GUÍA MICHELÍN DE LUJO


Ficha técnica, sinopsis, cartel, fotografía y trailer (Pinchad aquí)


Comentario:


Eleanor Coppola, esposa de un director que más de uno ha incluido en el grupo de los barbudos, los wonder boys, un independiente que pasó a la fama por una obra de encargo, la trilogía de 'El Padrino', y una hija cuya cámara ha retratado con fuerza a chicas especiales, que tienen entidad por sí mismas, debuta en el cine a los 81 años con una película autobiográfica que narra el momento en que dejó de agachar la cabeza y despertó (1).Quien nos legó un trabajo como 'Corazones en tinieblas' (1991), un documental que relata el largo y problemático rodaje de 'Apocalypse Now', la obra maestra de su marido sobre la Guerra del Vietnam, quiere dejar su testimonio como esposa de un cineasta de culto.

'París puede esperar' es una 'road movie', una travesía existencial de lujo que cumple sus objetivos con una salida de tiesto: la representación de sus sentimientos como una madre que se emociona y tiembla ante una virgen con un niño en brazos, porque le evoca una etapa negra de su vida. El resto es una escapada inocente de su vida cotidiana, un relato narrado con una estructura sencilla y repetitiva que confiere un ritmo lento y, por qué no decirlo, cansino a su historia, que se basa en la reiteración del esquema: imagen de un paisaje modesto, observado desde la carretera (es así como se conocen los diferentes países y no viajando en avión, le dice el cinesta francés, ¿un pied noir?), idealizada por un cuadro famoso, ya sea de Cezanne, Manet o Renoir, y un broche que cierra cada una de estas piezas con una comida exquisita, generalmente de nouvelle cousini, elaborada no sólo con los mejores ingredientes del suelo galo, sino embellecida con la mejor presentación y un maridaje de buenos vinos, y sobrevolando sobre todo este viaje por la Provenza (la antigua provincia romana de la Galia) el más exaltado chauvinismo francés, desde la perspectiva de una mujer norteamericana, una mirada no exenta de cierta ironía.

Si bien algunos preferirían  encasillar el film en la norteamericana 'road movie', yo prefiero hacerlo bajo la etiqueta de la feel good movie, un tipo de película que suele garantizar un buen rato a uno de los sectores del público que, junto a los más jóvenes, fans del cine digital y realizado con efectos especiales de última generación, llena las salas. Ayer, día de estreno una de estas salas de proyección del centro de la ciudad, la película reunía a un gran número de mujeres, que, sin llegar a la edad de la directora, habían sobrepasado, con mucho, la de su jubilación. Unas mujeres que, como la protagonista de 'La rosa púrpura del Cairo' dirigida por Woody Allen,  por mucho que las decepcione la vida, siempre vuelven al cine para soñar, y, sólo por esto merece la pena.

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