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sábado, 8 de julio de 2017

Bienvenidos a Grecia.




ULISES, CUANDO LO TENTARON LAS SIRENAS,  HIZO TAPAR SUS OÍDOS CON CERA Y SE ENCADENÓ AL MÁSTIL DE SU BARCO. LA LIBERTAD ES LA ÚNICA AMANTE POSIBLE.



Ficha técnica:


Título original: Highway to Hellas.
País: Alemania.
Año: 2015.
Duración: 88 minutos.

Dirección: Aron Lehman.
Guión: Arnd Schimkat, Moses Wolf, Aron Lehman.
Dirección de Fotografía: Nikolas Summerer.
Música: Boris Bojadzhiev.
Edición: Simon Gstöttmayr.
Puesta en escena: Pan Patellis.

Maquillaje: Mirjam Himmelsberger, Kristina Holstein.
Vestuario:  Despina Chimona.

Productores: Dan Maag, Matthias Schweighöfer, Marco Beckmann, Simon Happ.
Co-productor: Josef Reidinger.
Productor asociado: Arnd Schimkat.
Compañías productoras: Pantaleon Films, Arri Productions, Warner Bros., Film Productions Germany und Arri Film & TV Services.


Intérpretes:


Christoph Maria Herbst: Jörg Geissnes,
Adam Bousdoukos: Panos,
Akila Karazisis: Spyros,
Giorgos Kotanidis:
Georgia Tsagaraki: Eleni,
Kleopatra Markou
Errikos Litsis
Gitta Schweighöfer



Sinopsis:


Durante su estancia en la isla idílica isla  de PaladikiJörg Geissner vivirá una inesperada odisea en la que conocerá a Panos, su compañero de peripecias, gracias al cual irá introduciéndose en el conocimiento del auténtico carácter griego. Una mezcla de locura y simpatía, una pizca de picardía y un mucho de disparatada bondad. Jörg trabaja para un banco alemán que va a financiar la construcción de un hospital y una planta energética en la isla;  al llegar al lugar observa que no hay nada construido. Pero lo que comienza siendo una pesadilla para el 'funcionario alemán', termina tornándose en un viaje iniciático hacia su libertad.


Críticas y comentario del blog:


Esta versión de la saga de 'Bienvenidos...', que comenzó con la película francesa dirigida por Dany Boon en 2008, ha concitado mayores simpatías, debido, quizá, a la solidaridad con el pueblo griego, machacado por la crisis que ha originado una dependencia brutal de las entidades financieras germanas. Frente a este planteamiento ecológico y naturista que presenta  Aron Lehman, no podemos olvidar que, mientras los griegos vivían ensimismados, como los españoles o los portugueses, sus clases dominantes los arruinaban sumiéndolos en la miseria a golpe de corrupción tras corrupción. Ahora, como tantas veces ha hecho el hombre, vuelven su mirada  al sirtaki y el universo previo a la industrialización, y para conseguirlo, recurren, como hacían los socialistas utópicos, al capital financiero que intenta destruir las costas con la construcción de hoteles y el desarrollo del sector terciario que los acompaña, planes para los que cuentan con el apoyo de quienes no pueden prescindir de su móvil y, como denuncia Rento en Tainspotting 2, se sienten impulsados a subir a las redes sociales lo que comen, con quien se enrollan o lo mucho que se divierten, por si le interesa a alguien. En Paladiki sólo hay un móvil, el de Jörg, y un fax el de la tienda de Pano, un alemán de origen griego que ha vuelto en busca de sus raíces a las Islas Cícladas.

Un viaje a una isla desértica rodeada por el mar ofrece al turista un contraste que resalta la belleza del agua, que convierte nuestro planeta en azul, que se torna  placentera cuando se aproxima a las costas formando hermosas calas. Esta eclosión de la naturaleza empuja a unos cuantos griegos a desarrollar el proyecto que llaman 'Las Galápagos de Grecia', un plan de turismo  que sueñan amable, que despierte a la Tierra, no la destruya. Pero necesitan dinero y sólo pueden ir a por él a un lugar: Alemania. Mas los planes de los germanos, que intentan convertir la isla en la 'nueva Mallorca' no encajan en los suyos. Panos y su ex-mujer controlan los dos únicos negocios rentables de la isla: la tienda de comestibles y souvenirs, y el hotel local, y su actitud no es menos contradictoria que la del alemán, que cree en el  progreso que conocemos hasta ahora, hace su trabajo y no quiere perder su empleo; Panos y los suyos siguen usando las estratagemas del pérfido Odiseo (Ulises para los romanos ).

Como hiciera en la leyenda el héroe de Itaca , que "contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría, sin percatarse de que estas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio." No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas. Pero el hombre carga, además, con sus propias contradicciones que hacen imposible que alcance su Itaca particular. Esto hace un poco menos tópico el film que dirige el alemán  Aron Lehman, que ha conseguido, al menos, dividir a la crítica: todos pierden algo en el fracaso de su estratagema, el alemán un dedo, y los griegos su plan de retornar a la naturaleza. Todos acaban, como siempre le ha sucedido a este pueblo, lanzándose al mar. Una bella metáfora del continuo vagar por el Mediterráneo, fundando colonias, de aquellos, que, siendo pequeños inventaron la filosofía, considerada hoy innecesaria. Una bonita metáfora con la que el alemán pone fin a su relato.

Alberto Luchini es uno de los convencidos, lo que le invita a cierto optimismo en la valoración del film: " denuncia, aunque con mucha sutileza, pero denuncia al fin y al cabo es, las políticas económicas de una UE en la que todos los países miembros son europeos pero cuyos habitantes no son para nada iguales. De hecho, lo que queda claro es que algunos son felices a pesar de lo mal que les va y otros son mucho menos felices a pesar de que les vaya mucho mejor. Y es que el sol y el mar son la vida." (1) Una posición parecida mantiene Federico Marín Bellón para quien es una: "Comedia hija de la crisis, que recurre a la fórmula, casi infalible, de elegir a un protagonista y engañarlo a conciencia con la complicidad del público. «Bienvenidos a Grecia» la toma con un «pobre» alemán, Christoph Maria Herbst, de quien se ríen hasta por su parecido con Pep Guardiola. (2)

Frente estas dos críticas, la de Nando Salvá  es demoledora, algo que no extraña al lector: " La inevitable sucesión de gags rancios -ejemplos de que todos los griegos son unos ineptos y todos los germanos unos robots- da paso a una simplona defensa, adornada de 'slapstick', de la unión entre los pueblos."(3) Una posición parecida, aunque más imaginativa, es la de Javier Ocaña, quien, tras demostrar que se ha informado bien sobre los orígenes de la crisis griega (artículos en la revista 'Focus sobre 'Los mentirosos del euro', ilustrada con una fotografía de la Venus de Milo haciendo una peineta) concluye afirmando que: " aunque se supone que el director Aron Lehmann y sus guionistas, todos alemanes, pretenden rebajar la polémica y otorgar una pátina de cariño al pueblo griego y a sus costumbres, aderezándolo además de una cierta dosis de autocrítica respecto de la idiosincrasia alemana, lo cierto es que la película ahonda en el estereotipo heleno de la mentira, lo vociferante y lo zarrapastroso." (4) Olvida decir que, lo que el articulista ve como elementos negativos, es precisamente donde reside para la mayoría el encanto de las islas griegas, a las que turistas como las que nos muestra el principio del film acuden en busca de un amante apasionado nada engolado como el de sus países de origen. Muchos buscan ésto y algunos lo encuentran, los mejor dotados de uno y otro bando, y no podemos seguir ahondando en nuestra hipocresía. ¿Qué busca la gente que acude masivamente a las playas? ¿Sólo sol?

Fausto Fernández muestra cierta amargura, y también cierta miopía al no percatarse de que, tanto los llamados PIGS como los europeos del Norte y del Sur votan mayoritariamente las mismas opciones políticas, y avalan a los mismos corruptos que los demás, y de esos Grecia tuvo un montón, que se encargaron de arruinar la visión de estas islas idílicas. Sostiene el crítico que  si "de algo eso quiere ir esta comedia alemana (dos conceptos que chocan bastante: el humor germano es, cuando menos, muy particular) que se plantea una reconciliación (imposible) entre griegos y alemanes, lo que realmente expone es un ajuste de cuentas con cara amable, sí, pero dejando caer muchas verdades incómodas. Es en ese aspecto en el que de verdad funciona 'Bienvenidos a Grecia': cuando el director y guionistas germanos nos presentan a unos griegos vagos, derrochadores, mentirosos y decididamente esas cigarras que tanto detestan las hormigas del hormiguero de la canciller Merkel..." (5) Es aquí donde no coincido con su análisis: donde él ve indolentes, porque le duele ver en una pantalla lo que muchos aquí desprecian tanto como los germanos (incluida toda la pléyade de escritores, músicos, pintores, cineastas..., mientras no triunfen y se bañen en el dólar ), es donde otros ven la autenticidad; no pasa nada por gritar cuando a uno le apetece, como hacía Liza Minnelli en Cabaret de Bob Fosse (1972), cada vez que quería liberarse de sus tensiones, ni por ir con pantalones cortos  y camisetas en la playa, lo que hacen los burgueses cuando cuelgan el traje y la corbata. Ni nadie puede decir que se trate con benevolencia a una ejecutiva alemana, destructora de costas, de aspecto masculino malcarado, a la que no se le aprecia ninguna virtud; esta mujer le regala a Jörg una fotografía de sus compañeros de trabajo que invitaría a cualquier ser humano a parapetarse en la isla griega y no salir nunca jamás de ella. Como se puede ver, todo depende del color del cristal con que se mira: todos somos vociferantes y zarapastrosos alguna vez, incluso algún notable, como aquel que fue a la playa con zapatos y calcetines, que llevaba en la mano, para no usar las chanclas 'garrulas', aunque no todos podemos penetrar en el universo de los que controlan el mundo, ni en Alemania ni en Grecia. El resto forma parte de esa vida que Calderón supo ver que muchos confundían con los sueños. ¿Dónde se colocan los espectadores, entre los que vociferan o los que llevan traje y corbata, un  disfraz  como otro cualquiera? ¿Destruir las costas es corrupción avalada por las masas?

Este film, guste o no, sigue el esquema que confeccionó  por primera vez 'Bienvenidos al Norte', pero da un salto cualitativo que le concita algunas simpatías: pasa del ámbito local al global, y nos demuestra que hay prototipos universales, que todos soñamos con encontrar algún día nuestra Itaca particular, pero que no estamos dispuestos a renunciar al progreso que llega de la misma mano que trajo la primera crisis mundial: las nuevas tecnologías  y el desarrollo de las redes sociales que han generado un mundo paralelo virtual, que se financia con la construcción de hoteles, restaurantes y tiendas que acaban con todas las Islas Cícladas del mundo, y que va a lanzar a los griegos a una nueva diáspora, que simboliza la imagen final; un trayecto que ya han empezado otros pueblos, que llegan a las costas europeas jugándose la vida en ese mar que convierte en azul la Tierra. Jörg se queda en Paladiki, pero nadie puede impedir que a estas costas paradisíacas lleguen los hoteles y las acaben convirtiendo en ciudades volcadas al mar; pero como dice Panon eso aún tardará bastante y les quedan algunos años de felicidad. Pocos.


(1) Optimismo y vitalidad. Diario 'El Mundo', 21 de abril de 2016.
(2) Críticas de 'Bienvenidos a Grecia': Bienvenidos a la indulgencia. Diario ABC, 22 de abril de 2016.
(3) 'Bienvenidos a Grecia¡ : Ocho apellidos griegos Diario 'El Periódico', 21 de abril de 2016.
(4) La humillación helena. Diario 'El País', 21 de abril de 2016.
(5)  Bienvenidos a Grecia. Fotogramas.


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