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sábado, 8 de julio de 2017

El invierno. Comentario.




ESTRENO, 28 DE JULIO DE 2017.


Ficha técnica, sinopsis, premios, cartel y trailer (Pinchad aquí)


Comentario:



Emiliano Torres  presenta su opera prima, un film que se integra en el cine de los márgenes, donde según Luís E.Parés todavía crece algo, porque son poco transitados, y es posible  crear un lenguaje distinto, a la contra,  más radical, más personal e intentar contar las cosas con unas imágenes que, ya sea por su belleza, ya sea por  su crueldad,  no sean las de siempre. Más discutible es la afirmación de estos historiadores de que este cine de los márgenes busca modos de financiación distinta a los directores de películas que, usando el símil de las carreteras, circulan por el centro, por donde van todas, ya sean mainstream o académicas y canónicas. La lectura de los créditos, generalmente iniciales, pone en solfa esta afirmación.

Emiliano Torres aborda un tema muy crudo: la vida durante el invierno del capataz que queda al cuidado de las instalaciones, ahora vacías, y del ganado estabulado, y de forma coherente usa un lenguaje austero, que permite disfrutar de la belleza de valles y montañas de la Patagonia y a la vez reflexionar, con planos muy largos, acerca de la historia que no están contando. El relato está narrado con cámaras fijas externas, al modo en que capta Ozu el interior de los hogares japoneses, con el mismo sacrosanto respeto ante la tragedia que para muchos es la vida; entradas y salidas de campo de vehiculos, personas y animales, que apenas alteran la paz de estos lugares, interrumpida de tanto en tanto por el ruido de los broncos motores de los viejos jeeps: saltos de eje  que desvelan las jerarquías que se establecen entre unos pocos hombres, y algún que otro recurso más que respeta la tranquilidad ancestral de estos reductos en los que la violencia resiste agazapada, mostrando su persistencia en las hoscas miradas de los hombres.

Terminado el verano llegan los jornaleros, los que van a sacar a pastar a las ovejas desde sus monturas, para después esquilarlas, y guiarlas a su destino definitivo en camiones, y empaquetando la lana que transportarán sus propietarios en pequeñas avionetas. Con la primavera florece de nuevo la vida, que poco o nada tiene que ver con la de los ganaderos norteamericanos o los brillantes cowboys de las películas del próspero Norte. Periódicamente el que contrata a los trabajadores les lleva botes de tomate, lentejas, alcohol y algunos cigarrillos, que luego descuenta de su paga, junto con su comisión por haberlos reclutado. Una economía de pura subsistencia, en la que los hombres dejan en poblados de chabolas a sus familias, a las que envían casi la totalidad de su salario. Una economía que sólo da trabajo fijo a una persona, el capataz, que al hacerse viejo es despedido, como le ocurre a Don Evan y libre de buscar un lugar en un mundo que no tiene sitio para él. El viejo es sustituido por un joven esforzado de Corrientes, Jara, que mantiene su puesto hasta que los propietarios de los terrenos deciden abandonar esta actividad primaria por otra turística, más productiva; cuando el joven abandone las montañas será un hombre nuevo, que ha perdido la inocencia y ha conocido la tragedia.

El cine de Emiliano Torres es intenso, profundo, hace daño, y es una buena alternativa al mainstream o cualquier otra opción que elija el autor; el guionista, en su opera prima como director, se inclina por una política de autor basada en la producción de significado dentro del encuadre, evitando todo lo que puede crearlo mediante la edición en post-producción, una opción diferente a la que toman otros, más propia de este cine de lo márgenes que, con frecuencia, dispone de menores recursos. Lo que no es un mérito en sí, si el autor no logra convencer a su público. Emiliano lo consigue. Un buen film que aporta una reflexión que enriquece nuestro conocimiento del mundo.

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