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miércoles, 5 de julio de 2017

Trainspotting 2. Danny Boyle. Comentario. DVD, Blu-ray




PRIMERO SURGE LA OPORTUNIDAD Y LUEGO LA TRAICIÓN


Ficha técnica, sinopsis, críticas, cartel y trailer. (Pinchad aquí)



Comentario:


Trainspotting2 (2017) es un film concebido, según Danny Boyle , no como una secuela de la película anterior, un icono de los 90, que impactó a los que entonces se aproximaban a los 20 y ahora a los 40, sino como un bucle que vuelve al material original, obligando a los espectadores a hacerse preguntas sobre sí mismos; un discurso que funciona como una montaña rusa emocional para la gente. ¿Qué ha pasado  con ellos mismos en todo este tiempo? ¿han sido turistas de su juventud y su vida?  ¿Hacen alguna reflexión aquellos a los que se dirige este relato? Los personajes vivos, creados por Irwin Wells, - Renton, Begbie, Simon y Spud -, regresan convertidos en unos padres muy tristes en la segunda película. a los que las imágenes de los niños que fueron los atormentan; las asocian con sus hijos reales, vivos y muertos,  o con sus hijos imaginarios.. Todos quieren ser padres, pero no se han esforzado por ello. Renton vuelve a la habitación de su infancia tras realizar un trayecto vital estéril, yermo, desnudo, dejando, atrás la  imagen de una madre a la que no vio morir y que siempre esperó su vuelta a casa. El abrazo con el padre es la imagen más conmovedora para los implicados en la construcción de una diégesis menos nihilista que el primer proyecto y algo más comprometida, aunque sólo sea por la mirada irónica y muy cáustica a la sociedad actual .

El film de Daniel Boyle, Trainspotting, marcó a varias generaciones desde que se estrenó. Las atrajo especialmente el espíritu de rebeldía del protagonista, un joven de los suburbios de Edimburgo, que realiza un viaje hacia su regeneración. Comienza y termina con la misma reflexión: la vida es tan nociva como la droga, que tiene dos caras: el dolor y el placer; el grupo no elige la vida que le propone la propaganda institucional, sino la enajenación que provocan las diferentes sustancias que les ofrece el mercado. Mark Renton (Ewan McGregor) y sus amigos padecían situaciones que horrorizarían a un hombre no adicto, pero las vivían en una situación de semiconsciencia. Boyle se adentró en el mundo de la droga desde la perspectiva del adicto, al que. al final del túnel, siempre queda la posibilidad de que le espere el precipicio; al Renton de 40 años le espera la habitación de su infancia. En el fondo subyace el rechazo a la sociedad de consumo, que convierte al hombre en esclavo, al tiempo que le susurra: "Elige la vida, elige el amor, elige una carrera, elige un empleo, elige una hipoteca, elige un reproductor de CDs, elige una hipoteca, elige la ¿salud?...Por el contrario el drogadicto sólo se preocupa de 'pillar', cuando está consciente; los otros tiempos no cuentan. 

Mark Rento eligió no elegir la vida, y esta elección le exigió, mientras duró, dedicación exclusiva. La presión familiar y de los amigos provoca pequeños conatos de abandonar el caballo, pero el medio en que se desenvuelven los yonkis no contribuye a una recuperación absoluta. La fotografía, las fachadas de los suburbios, las casas..., recreaban el clima sórdido en que se desenvolvían estos jóvenes desempleados, que cobraban subsidios de paro, pero carecían de oportunidades. Daniel Boyle deja claro que no siempre proceden de familias desestructuradas, y los ambientes que frecuentan son compartidos con jóvenes burgueses que también consumían sustancias adictivas. La secuencia del retrete escocés fue probablemente la más escatológica de la historia del cine. Los amigos 'limpios' no estaban en mejor situación: el pobre y bueno Tommy, que nunca había tomado sustancia alguna, abandonado por su novia se engancha a la heroína y es el único que adquiere del SIDA; ahora los cuarentones dedican un homenaje a Queen y a Freddie Mercury, una de las primeras víctimas de la nueva plaga. Todos ellos eran 'un puñado de perdedores, truhanes, psicópatas, rateros y yonkies. Mark consigue 'desengancharse', pero sus reflexiones son las del drogadicto, que piensa que inicia un viaje en el que hipotecarse, esclavizarse comprando objetos innecesarios, casarse y formar un hogar, se irá convirtiendo en una rutina hasta el día que muera. ¿Qiere realmente decir sí a la 'vida'?; la vida también mata. 

Tras presentar a los personajes, comienza la acción. A nadie se le escapa que hoy como ayer el cruce de caminos en el que se encuentra Spud es falso, cuando cobrar 800 euros al mes, tras una intensa jornada laboral, es un lujo que no está al alcance de jóvenes como Rento, al que la fusión de dos empresas, una de las cuales es aquella en la que ha trabajado 15 años, deja en la calle a una edad en la que el hombre se encuentra en la plenitud de sus fuerzas físicas, pero no sirve a un sistema para el que es demasiado joven para jubilarse y demasiado mayor para recibir apoyos institucionales. Uno de los hitos más divertidos y absolutamente demoledor, es la secuencia en la que Rento y Simon entran a robar en un garito frecuentado por votantes del brexit,  a los que definen como gente abandonada por su clase política, pero que tiene algo de lo que carecen los yonkis: sentido de la identidad. Un sentimiento que les acabará reportando la ruina. La cámara de Boyle nos muestra a  hombres y mujeres que evitan la confrontación política pero se refugian en el sentimiento patriótico nacido  tras el triunfo del protestante Guillermo de Orange sobre el católico Jacobo II, en 1690, un tiempo más sencillo y más intolerante. En sus filas hará fortuna el paro y el desempleo como en las de los demás.

Para esta segunda parte que, siguiendo el esquema de Linklater (Antes del amanecer, del atardecer y el anochecer), protagonizan los mismos actores, en un tiempo nuevo, en los que la mayor diferencia entre los que tienen cuarenta años o más, y los que ahora tienen veinte, es que los segundos todavía no saben que es que lo que les espera no es mucho mejor, por muchas titulaciones que se hayan inventado para devaluar las carreras universitarias, a las que no tienen tiempo para dedicarse los que se bañan en el dólar. Dice el artículo que firma Fotogramas  que el film representa "la nostalgia sin relato, porque en este reencuentro no hay afectos, no hay argumentos, ni siquiera hay música que haga posible que estos cuatro gamberros puedan gritar al unísono que no escogieron la vida pero siguen bailando." Parece mentira que alguien escriba algo así con la que está cayendo a su alrededor, a no ser que se quiera componer música celestial para algunos oídos. 

El film tiene buenas dosis de nostalgia, para quien, a la postre, quizá no tiene tiempo  para  disfrutar de este sentimiento, aunque al final nos queda la sensación de que se ha hundido para siempre la creencia de que el hombre siempre avanza y nunca retrocede. Dé o no dé pequeños pasos atrás, poco a poco va afianzándose la idea de que la pobreza se hereda, como el color del pelo o los ojos. Para contarnos esta historia Danny Boyle usa sin complejos la tecnología digital, consciente de que el soporte no condiciona y menos aún determina el resultado de su trabajo; sus planos son tan aberrantes como la historia extrema que está contando, que se ubica temporalmente en 2017, bien avanzado el siglo XXI ( es innecesario insistir en un discurso ya trillado por todos los géneros cinematográficos). Con frecuencia, sus protagonistas reproducen los gestos de personajes de una televisión siempre presente, se sitúan en los extremos del encuadre, como si estuvieran a punto de ser expulsados de él, usan snatchaps en sus selfies, como los adolescentes, y dan un sentido diferente al lema institucional de 'Elige la vida', que ahora se complementa con unas coletillas que le dan un significado algo diferente al que tenía en 1996. Elige un Iphont fabricado en China por una tía que saltó por la ventana y métetelo en el bolsillo de tu chaqueta  recién traída de una ratonera asiática. Elige Facebook, Twitter, Snapchat, Instagram y otras mil formas de escupir tu bilis a personas que no conoces. Elige "actualizar tu perfil". Dile a alguien lo que has desayunado y confía en que le interese ...Interacción humana reducida a meros datos.  Un discurso que concluye de la forma más pesimista: "Elige un contrato basura, dos horas de camino al trabajo y elige lo mismo para tus hijos, pero peor. Y cree que sería mejor que no hubieran nacido jamás. Luego túmbate y alivia el dolor con una droga desconocida preparada en la cocina de alguien..." Ahora es cuando toca preguntarse si estamos ante la máxima expresión de la nostalgia, ante un bucle o ¿ante qué? Al final del siglo XX ya había comenzado la deslocalización de las empresas y la globalización de la economía, pero nadie esperaba la brutal crisis que se desencadenó en 2008. ¿Hay algo que se pueda decir a las nuevas generaciones? Quizá sí: si en sus filas no hay corruptos que unten a los políticos para que les den 100.000 libras por un negocio sin futuro, con el objetivo de mostrar a los más jóvenes que 'si pueden' es sencillamente porque todavía no han tenido tiempo de corromperse.  Si es triste ver a Rento volver a su hogar paterno, desnudo y sin nada, como le ocurre a la joven búlgara desencantada de la prosperidad británica, es más triste ver a Simon abrir de nuevo las puertas de un negocio ruinoso heredado de un familiar.

Simon acusa a Rento de llevar flores al amigo muerto animado únicamente por la nostalgia, como un simple turista de su juventud. Pero ambos tienen su parte de culpa en lo que pasó veinte años atrás. Muchos actúan hoy de la misma forma, como si fueran turistas del tiempo que les toca vivir. Danny Boyle nos cuenta este fin de trayecto desde la perspectiva de Spud, que escribe un libro sobre el grupo, otro ejercicio de introspección y afianzamiento de aquellos a los que no satisface la imagen especular de su mundo, como ocurría con Rento en la primera entrega. Ahora Spud, Simon, Rento y Frank parecen limpios, al menos de momento; todos han pasado por la cárcel menos Rento, aunque el verdaderamente peligroso, el que considera el robo y el crimen un oficio, sigue siendo Frank. Pero todos ellos tienen algo en común: la ausencia de oportunidades. Su situación es la misma que cuando tenían 20 años, pero empeorada por la edad, una situación en la que Boyle profundiza dramáticamente insertando a menudo la imagen de unos niños llenos de fantasía e ilusiones a los que la vida les arrebató todo. Rento hace la reflexión más dura del film:  hace algún tiempo sufrió una insuficiencia cardíaca grave y le hicieron un bypass que le durará treinta años. ¿Para qué quiere él 30 años? No parece una mirada evocadora del pasado sino una contemplación desesperada del futuro. La joven búlgara vuelve a su país con su familia.

Acaba de salir al mercado el DVD y el Blu-ray, una buena oportunidad para ver el film por primera vez o revisionarlo con el mando a distancia en la mano.




2 comentarios:

  1. Quiero matizar que el cine ha representado en multitud de ocasiones y a través de todos los géneros la transición entre el contrabando de alcohol y el consumo y tráfico de drogas. También lo es que el film de Boyle de 1996 supuso una ruptura clara con todo lo anterior, especialmente cuando el realizador británico decidió contemplar el fenómeno desde la perspectiva del yonki; desde entonces han pasado muchos años y el consumo de drogas no ha disminuido, sino todo lo contrario, al tiempo que la situación económica empeoraba y muchos jóvenes iban eligiendo no vivir. No obstante, no es despreciable ni el estilo visual. digital-por-supuesto, que forma parte del discurso que conforma el subtexto en la estructura profunda del nuevo film, más comprometido y menos nihilista, excepto cuando advierte a los jóvenes del fiasco que, con frecuencia, se esconde tras el 'yes We Can', el Brexit, o cualquier otro populismo, amparado por la ignorancia y el egoísmo, que hacen muy recomendable la segunda parte de este relato de exclusión social, que invita a muchos jóvenes a despreciar la vida.

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    1. Quiero aclarar que no es el film el que invita a elegir la droga, sino la nula existencia de oportunidad para aquellos que son expulsados del sistema, sin trabajo, sin futuro y sin prestaciones sociales.

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