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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

jueves, 10 de agosto de 2017

El gran Flamarion. Anthony Mann




EL GÁNGSTER ES ELLA


Ficha técnica:


Título original: The Great Flamarion.
País: Estados Unidos.
Año; 1945.
Duración: 73 minutos.

Dirección: Anthony Mann.
Guión: Heinz Gerarld, Richard Weil, Anne Wigton, basado en una historia de Anne Wigton, inspirada en "The Big Shot". de Vicki Baum.
Diección de Fotografía: James S.Brown Jr., blanco y negro.
Música: Alexander Laszlo; supervisión: David Chudnov.
Edición: John F. Link.
Dirección artística: F.Paul Sylos,
Decoración del set: Glen P. Thompson.

Productor: William Wilder.
Productora: Republic Pictures.


Intérpretes:


Erich von Stroheim: El Gran Flamarion,
Mary Beth Hughes: Connie,
Dan Duryea
Steve Barclay
Lester Allen
Esther Howard
Michael Mark


Sinopsis:

La acción se sitúa en el año 1936, en la Ciudad de México, en un teatro de variedades; de pronto la sesión se interrumpe por el ruido de unos disparos y un grito, y comienza un thriller muy particular. En su camerino se descubre el cadáver de la hermosa Connie. La policía sospecha de Eddie, su marido, que es interrogado y detenido, pero poco después, cuando la sala ya está vacía, un hombre que permanecía escondido en lo alto del escenario, recostado en la tramoya, al que el espectador ve durante todo el desarrollo de la historia, cae al suelo gravemente herido. Se trata de El Gran Flamarion,  la principal  atracción de un Music Hall que presentaba un show con éxito; un antiguo tirador de pistola retirado, que confiesa su participación en el asesinato al cómico que acude ante el estruendo de la caída, cuando sus compañeros han abandonado el teatro; el moribundo le cuenta, agonizante, la trágica historia que le ha llevado a esa situación. 

Tiempo atrás, Flamarion contrató como ayudantes, a una bella mujer, Connie, y su antiguo marido alcoholizado, el desdichado Al Wallas, que participan en un espectáculo de pistolas para un boudeville. En aquella época, Flamarion era un hombre resentido que odiaba a las mujeres como consecuencia de una historia de amor fallida, y vivía en la más absoluta soledad, consumido por sus recuerdos. Connie, una consumada delincuente, se aprovecha de esta circunstancia para seducirlo y convertirlo en un esclavo sexual a su servicio, haciéndole creer que estaba enamorada de él y convenciéndolo para que mate a Al, a quien nunca ha querido en realidad; es lo que aparenta, pero la verdad es que quiere deshacerse de él porque está enamorada  de un acróbata que forma parte de la compañía. El Gran Flamarion asesina al marido en el transcurso de una de las funciones; aprovechando el estado de embriaguez de Al, nadie sospecha de  que se haya cometido un asesinato y se cierra el caso, con la consideración legal de un accidente producido por culpa del azar. Connie que ya no necesita a su jefe lo abandona. Cuando el hombre descubre  la jugada busca a su ayudante para matarla. La encuentra en Ciudad de México casada con el acróbata.


Film en los archivos de la UCLA



Comentario:


De nuevo estamos en un mes de agosto, agobiados por el calor, esperando los estrenos del viernes, y revolviendo por todo tipo de tiendas, de primera mano, de segunda, especializadas...en busca de algo interesante que no hayamos visto todavía, una afirmación pretenciosa, porque el número de películas es ya infinito, por lo que hemos de matizar que vamos en busca de un film que no hayamos visto y nos seduzca. En una de estas tiendas hemos encontrado una película de Anthony Mann, de 1945, (por tan solo 50 céntimos), que es una caja de sorpresas. La primera de ellas es que su protagonista, ese hombre de nombre tan estrambótico y estrafalario, 'El Gran Flamarion', que realiza un espectáculo curioso para nosotros, complicado, con pistolas, está interpretado por Erich von Stroheim, que se había distinguido por la realización de películas mudas,(Esposas frívolas, 1920 y Avaricia, 1923-1925), y que con el nacimiento del sonoro quedó desplazado y contratado por sus compañeros como actor.

Pero sobre todo nos ha llamado la atención porque sitúa en el centro de la acción a una mujer, que no es la femme fatale al uso, es decir, una mujer que provoca la ruina de los hombres que se acercan a ella, induciéndolos a cometer actos delictivos, (que sí lo hace, pero desde una perspectiva muy diferente al arquetipo que ha contribuido a crear, entre otros, Noël Simsolo, director, guionista e historiador de 'El cine negro', que ofrece una visión innovadora  del género desde sus comienzos, "y señala sus límites inspirándose tanto en sus fuentes literarias como en las estrictamente cinematográficas".). Ella es la jefa, la que pergeña las acciones, las diseña y corrompe con sus encantos femeninos a hombres que caen seducidos a sus pies. Su primer marido, dentro de la diégesis (ignoramos si hubo más), le recuerda algunos hechos que se produjeron antes del tiempo del relato. Connie es, en realidad, una 'belleza fatal', que evidencia una vez más, que los argumentos de Simsolo son ciertos: "Es sorprendente leer aquí y allá que el  cine negro es un género exclusivamente masculino, cuando la motivación de sus personajes suele ser el deseo sexual y los dramas se desatan a causa de una mujer de sensualidad devoradora o dotada de una belleza excepcional." Da la impresión de que el Código Hays, vigente desde 1934 a 1968,  no estaba todavía funcionando, cuando ya llevaba algo más de 10 años censurando películas.

Esto es exactamente lo que ocurre con Connie y los hombres que la rodean, Al, Flamarion y el acróbata, pero ninguno de ellos es un gángster que la rodea de lujos:  el cerebro es ella. Todos sus amantes son hombres honrados que acaban destrozados psicológicamente, y, es precisamente el más viejo, desempoderado por un antiguo fiasco amoroso, el  más vulnerable a las maniobras de la mujer para deshacerse del marido incómodo de turno que ya no le interesa. Sus motivaciones no son solo sentimentales, sino que vacía las arcas de quien cae en sus manos. Anthony Mann, producido por Willy Wilder, hace un uso de la música bien diferenciado: por un lado el score, compuesto por Alexander Laszlo, que recorre la espina dorsal de un relato estructurado en forma de un gran flashback, y, en las secuencias del teatro, que abren y cierran el film, se sirve de  música diegética, la que procede de la pequeña orquesta que ambienta las variedades o de cantantes y guitarristas que comparten escenario con diferentes espectáculos. Curioso el guitarrista que  acompaña a un virtuoso que realiza virguerías con una capa de torero, y que provocaría el alborozo de los jóvenes de hoy.


Si sentís curiosidad, podéis ver el film en  Youtube, subtitulado.

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