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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

sábado, 12 de agosto de 2017

Excalibur. John Borman.







Ficha técnica: 


Título original: Excalibur.
País: Reino Unido.
Año: 1981.
Duración:  140 minutos.

Dirección y Producción: John Boorman
Guión: Rospo Pallenberg y John Boorman, adaptación de Le morte D'Arthur de Sir Thomas Malory.. Casting: Mary Selway.
Director de Fotografía: Alex Thom,son, B.S.C.
Música: Trevor Jones.
Editor: John Merritt.

Vestuario: Bob Ringwood.
Maquillaje: Basil Newall y Anna Dryhurst.
Peluquería: AAnne McFayden.

Productor asociado: Michael Dryhurst.
Productores ejecutivos: Edgar F. Gross, Robert A.Einstein.
Diseño de producción: Anthony Pratt.
Creativos asociados: Neil Jordan.
Compañías: Orion Pictures Release, Warner Bross,


Intérpretes:  


Nicol Williamson: el mago Merlin,
Nigel Terry: Rey Arturo,
Cherie Lunghi: Ginebra,
Nicholas Clay: Lancelot,
Helen Mirren: maga Morgana,
Paul Geoffrey: Perceval,
Robert Addie: Mordred,
Liam Neeson: Conde Gawain,
Katrine Boorman: Igrayne,
Patrick Stewart:: Leondegrance,
Clive Swift: Ector,
Corin Redgrav: Cornwall,
Keith Buckley: Uryens,
Charley Boorman: Joven Mordred.
Ciarán Hinds:  Lot.


Sinopsis:



La leyenda del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda  descansa en Excalibur. Todos los elementos y transfondo de la novela clásica de Sir Thomas Malory Le Morte D'arthur se encuentran presentes en la pantalla: el joven caballero Arturo (Nigel Terry), coronado rey tras extraer la espada encantada Excalibur; el noble nacimiento de  de la Hermandad de la Tabla Redonda, cuyos ideales encarna  el leal Lancelot y su trágico declive; la heroica búsqueda del Grial y el equilibrio de la balanza entre  la magia de Merlin (Nicol Williamson) y la maldad de Morgana (Helen Mirren).


Comentario.


Entre la leyenda y el cuento, con un envoltorio de luz, color y corazas de plata, John Boorman realiza la que se ha considerado la mejor adaptación de la tradición literaria artúrica, que alcanza su magnificencia con la música de  Wagner,Tristán e Isolda, El anillo de los Nibelungos o Los Funerales de Sigfrido),  y los medievales Carmina Burana (¡Oh Fortuna!)- La leyenda  aborda el crimen y el pecado, provocado por Ginebra/Eva, la mujer hechizada por la serpiente que enfrenta a su marido, Arturo, con  su amante Lancelot y trae de nuevo la guerra a su pueblo, que azotado por las malas cosechas, la enfermedad y la muerte, será la primera víctima de los enfrentamientos entre los nobles. La salida de la crisis se encauza en la búsqueda del Santo Grial, que lleva de nuevo la muerte y la extiende a otras partes de la tierra.

La leyenda artúrica es la epopeya del pueblo inglés, cuyo rey legendario era un celta- britanno, que luchó contra la invasión sajona y se proclamó heredero de los romanos, a través de la espada de sus antepasados, Excalibur (etimología: de César según alguna versión. Los ingleses actuales sitúan la muerte del último emperador Romulo Augustulo en Inglaterra) . Este britanno de la Alta  Edad Media, nació en un mundo en el que los nobles tenían  un gran poder y el rey, cuando aparece de nuevo la antigua  institución pre-republicana, nacida en los orígenes de Roma, era un  primus inter pares (primero entre sus iguales) que en Camelot se sientan en una mesa redonda, para que nadie tenga el honor de presidirla; los grandes consejos de administración rechazan hoy este símbolo. La magia, confundida  durante mucho tiempo con la ciencia  y el conocimiento, está  representada por un mago, Merlín, y una hechicera, Morgana, ambos druidas o sabios celtas, que se reunían en  su cromlech, un monumento megalítico,  que aparece en el film  a los pies de las murallas del castillo en el que reside Cornwall  y su esposa  Igrayner, la madre de Arturo, antes de la batalla final. La sabiduría de estos hombres y mujeres ha hecho que popularmente se les dote de poderes extrasensoriales, muy ajustados en el film de Boorman, más exagerados en el cómic de Goscinny y Uderzo, Asterix, en el que  Panoramix cocina esa pócima mágica que hace invulnerables a los galos, los celtas  del continente.

Pero  Boorman muestra también la  tradicional incompatibilidad del amor romántico con el cumplimiento del destino del héroe, (Eneas y Circe en la  Eneida); Ginebra se interpuso entre Arturo y su mejor caballero, Lancelot, truncó el destino de su marido  y pagó su culpa recluida en un convento, mientras su amante purgaba, convertido en un predicador apocalíptico, por los caminos con las gentes humildes a las que hundió su soberbia. El incesto se consuma cuando Morgana, aprovechando la depresión del rey, su hermano,  toma la apariencia de Ginebra, seduce a Arturo y le da un hijo, Mordred. La leyenda se va ramificando  con historias secundarias, como la guerra con el bastardo, el surgimiento del nuevo caballero Perceval, o el enfrentamiento entre los magos, en el que la mujer usa sus poderes femeninos de  seducción.

Boorman se aproxima visual y discursivamente a la leyenda brillante, tanto como las deslumbrantes armaduras de los nobles, el brillo del musgo verde o el resplandor de Camelot, el castillo de Arturo, y  se sirve de imágenes oníricas para revelar el significado de signos como la espada Excalibur, símbolo de la Institución de la monarquía, o del Santo Grial, cuyo secreto  es la unión indisoluble y natural del rey con su tierra. Merlin utiliza su poder para hundir a Morgana y acabar con su hijo Mordred, cuyos orígenes pecaminosos  eran  incompatibles con  la noble institución, dejando al reinado recién instituido sin  sucesor. El  fracaso de la monarquía, que agoniza con la música de Wagner, tras llevar la guerra y la desolación a las tierras de Britania, exige un final a la altura del héroe, mientras el Funeral de Sigfrido anuncia el 'crepúsculo de los dioses': hacer desaparecer Excalibur en las aguas. El encargado de realizar este gesto es Perceval,  antiguo escudero de Lancelot, a la vez que   un enorme  y rojizo sol  se pone  tras las colinas.

Puesta en escena  operística, espectacular y simbólica, que recrea con maestría la leyenda artúrica transmitiendo al espectador ese halo de magia con que se rodean los pueblos al atribuir orígenes excelsos a sus fundaciones, sin omitir  que   muchos de estos comienzos estuvieron presididos por el crimen e incluso el fratricidio (  asesinato de Rómulo por su hermano Remo ) y  aceptando con normalidad que el mal existe siempre donde está el bien. Si algo hace grande al Arturo de Boorman son sus cualidades humanas, entre las que se incluye la tristeza y la depresión, y su capacidad de perdonar a quienes más daño le han hecho. Magnífico señuelo para un pueblo.

John Boorman regaló al espectador las imágenes de su bella y seductora hija, Katrine Boorman, danzando como Igrayne  para Uther, incidiendo desde el principio en el papel de las mujeres en el devenir de la historia, especialmente en las áreas en las que predomina el pensamiento cristiano; unas imágenes nos muestran a los sodados de uno y otro bando intercambiando la sangre de pequeños cortes en sus muñecas, símbolo de hermandad, momentos antes de tener que enfrentarse de nuevo por la lujuria de sus señores. Su hijo Charley desempeño también el  papel de  Mordred,  hijo bastardo de Arturo y su hermana Morgana, hijos ambos a su vez  de Igrayne; el incesto con engaños parece el estigma de la familia. El diseño visual del personaje de Lancelot, el mejor amigo, el mejor guerrero y el mejor amante, brillando en el bosque con su armadura de plata pulida, o descansando desnudo en la hierba con su amante Ginebra, lo convierten también en un símbolo sexual masculino, al que el deseo llevará a la traición de su amigo y sus ideales. En una cosa sóla no se equivocaba este personaje cuando maldecía a los que provocaban las guerras: los nobles eran  la peste para su pueblo. Morirá luchando.

Un realizador inglés, nacido en una nación de gran tradición monárquica, no tiene ningún problema en cuestionar esta institución, cuya solemnidad y magnificencia actual parece no afectarles demasiado, aunque  sí nos preocupa cuando la trasladamos a la pantalla y la representamos en el marco de la leyenda de Arturo. Muchos han calificado peyorativamente este film de lisérgico y lleno de colorines, aunque quizás esta sea la forma más adecuada de acercarse  al espíritu que inspiró el nacimiento de estas leyendas, cuya finalidad era adoctrinar a las gentes y propiciar la cohesión de un pueblo que se sintiera orgulloso de su orígenes. Todavía no imaginaban los críticos de entonces que 36 años después otro cineasta inglés muy particular, Guy Ritchie, iba a demoler este mito,, despreciando a sus figuras más sobresalientes y convirtiendo en héroe a un villano, de ascendencia real (era hijo de Uther, el rey legítimo en la nueva versión), que termina proclamando a los vientos que ha sido la institución monárquica, sus excesos de poder y los abusos cometidos contra la población, los que han provocado la reacción del pueblo y han creado un liderazgo: el suyo. En relación con los colorines de Borman que, según estos creadores de opinión, convertían las imágenes en lisérgicas, el tiempo demuestra que les faltaba mucho por ver. Estos aspavientos resultan hoy ridículos e infantiles.





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