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jueves, 17 de agosto de 2017

La luz entre los océanos. Dereck Cianfrance






SI UNA MUJER PIERDE A SU MARIDO SE CONVIERTE EN UNA VIUDA; SI UN HOMBRE Y UNA MUJER PIERDEN A SUS HIJOS, SIGUEN SIENDO PADRES. NO HAY UN NOMBRE ESPECÍFICO PARA ELLO.




Ficha técnica, sinopsis, crítica, cartel y trailer. (Pinchad aquí)



COMENTARIO:


Me resulta con frecuencia difícil moverme en ese mar de contradicciones, entre la oscuridad y la luz deñ faro kafkiano, o el dios clásico Jano, que da nombre al mes de enero, cuyo rostro, dividido por la mitad mira en ambas direcciones, abierto cuando había guerra, cerrado en tiempos de paz, hasta tal punto que llegó, con no excesiva dificultad, a la conclusión que que en demasiadas ocasiones al hombre le conviene más vivir solo que mal acompañado; Tom tiene constantemente abiertas las puertas de su corazón, y no habrá paz para él hasta que se resuelva el conflicto que lo atormenta. Si a ello sumamos los mros levantan entre los hombres unas guerras, que la mayor parte de nosotros no hemos conocido, el dolor que se genera es insoportable. Esto es lo que le ocurre a Tom Shebourme, interpretado por Michael Fassbender, que protagoniza una hstoria muy oscura de un hombre cuya función es proporcionar la luz a los que navegan por el mar y evitar que se estrellen, y acaba absorbido por las más densas brumas de  la que está obligado a protegerlos. Un hombre  cuya madre murió y cuyo padre tenía el talante de los hombres duros e insensibles que no echaría de menos su ausencia, si muriera en una guerra. Un papel duro y difícil, dotado de la fuerza que le imprime el actor de origen germano-irlandés. Cuando este hombre fue enviado a un lugar alejado, Janus Rock, un enclave de la costa occidental australiana, el hombre buscaba la soledad, pero, presionado por el ambiente y por la atracción por la bella Isabel (Alicia Wikander), cometió el peor error de su vida.

La prensa española, por motivos que se me escapan, no entendió bien este film, y, como ocurre tantas veces adoptó la postura del hater y le colocó la peor calificación, por el hecho de que Dereck Cianfrance holla en la psique del hombre ,, cargándole individualmente culpas de una guerra, a causa de su origen alemán, mezclando sentimientos de culpa y venganza en el más amplio sentido del término: "la trama se prolongaba mucho más allá de las convenciones del tradicional relato cinematográfico para seguir el rastro de la herencia genética y moral de sus personajes una generación más allá. En ambos casos, el tiempo desempeñaba un papel dramático fundamental, como motor de erosión o como territorio para la gestión de la culpa."..."El relato es poderoso, carne de puro melodrama sin decisiones obvias, pero esa tendencia a enunciar incluso el sustrato simbólico acaba asfixiándolo." (1) No creo que esta conclusión sea demasiado explícita, ya que pasa por alto que el hombre y la mujer parten de historias bien diferentes: 'el con un pasado oscuro, ella con un bagaje de felicidad, acostumbrada a ser complacida y a no aceptar una contrariedad, algo que no es inusual en las relaciones inspiradas en el constructo del amor romántico.

Luís Martínez ataca el film pero desde una perspectiva absolutamente distinta, cínica pero con un planteamiento muy real: "Todo lo que era descubrimiento y riesgo en aquella película de 2010 se vuelve torpeza y grandilocuencia en ésta. Sobre la novela de M. L. Stedman, la cinta se entretiene en narrar la historia de dos desesperados Adán y Eva. Él, víctima de la Gran Guerra, busca la soledad en un faro perdido. Lo que no sabe es que la marea de la vida le llevará hasta la misma orilla de su amada. Cursi, sí, pero cierto. La imposibilidad de ser padres les obligara a la afrenta (o simple delito) de quizá el secuestro de un niño perdido. La idea es jugar en el límite hasta preguntarse por la propia moralidad de algo tan turbiamente inmoral como el amor. El de verdad. Sea el maternal o el otro." (2)

De Nando Salvá solo esperamos el argumento que utiliza: "Impúdicamente diseñada para hacer polvo al espectador, 'La luz entre los océanos' quizá satisfaga a quienes van el cine con la intención de llorar pero resultará francamente indigesta para los que no. Mientras acumula traumas post-bélicos, amores locos, abortos duplicados y niños robados, Derek Cianfrance trata de crear drama facilonamente abusando de situaciones inverosímiles y de personajes que toman decisiones idiotas. En el proceso se le va tanto la mano buscando gravedad y angustia y tormento y tragedia que, al final, funciona como parodia de sí misma." (3) Sólo hay un problema en este análisis, la cantidad de robos 'idiotas' de niños que se han producido tras las guerras y en circunstancias mucho más melodramáticos de los que plantea Dereck Cianfrance, que, ante los abortos constantes de la mujer, creen que un milagro les ha puesto un niño en las manos, no lo han robado deliberadamente, conociendo a la madre que ha parido y al padre que ha contribuido a la gestación. El dolor en las guerras y la paz que viene después no es ninguna idiotez.

Tras estas críticas tan duras, intentar situarse en el centro es bastante difícil, cuando hemos calificado de antemano de inmaduro, melodramático o incluso idiota a quien empatiza con quienes hayan podido padecer situaciones similares. Cuando un niño se cría con unos padres es muy difícil hacerle entender, en la edad adulta, que aquellos a quienes creía sus progenitores no lo eran. Esto es lo que hace Francisco Marinero, para quien Cianfrance  busca "perfecta sublimación de la pasión amorosa. El director de Blue Valentine lleva una vida entera entregado al esforzado trabajo de transformar el polvo de la cotidianidad en, en efecto, aroma de eternidad. (...) " voluntad de seguir la tradición, admirable y admirada, de la literatura romántica del XIX, centrando el relato en el retrato de cada uno de los personajes (en este caso, prácticamente dos, siendo los demás puramente secundarios, incluso episódicos) y en una relación sometida a dilemas dramáticos. Son admirables las interpretaciones: sobria la de Michael Fassbender, expresando algo tan difícil de representar como es el estoicismo, la renuncia a gestos y réplicas, y deslumbrante la de Alicia Vikander, mostrando encanto y luego rabia ante su destino."

La podéis ver de forma gratuita estos días en el videoclub de ONO y otras plataformas.



(1) Bajo el signo de Jano. Diario 'El País', 20 de enero de 2017.
(2) Diario 'El País' en 'El fascinante aroma de los extraterrestres, 1 de Septiembre de 2016.
(3) 'La luz entre los océanos': el dolor a toda costa.
(4) 'La luz entre los océanos': más allá del betseller. Diario 'El Mundo', 1 de septiembre de 2016.




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