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jueves, 14 de septiembre de 2017

Conspiración de mujeres.El cómo en Peter Greenaway. Comentario.








Ficha técnica:


Título original: Drowning by Numbers.
País: Reino Unido.
Año: 1988.
Duración 114 minutos aprox.

Dirección: Peter Greenaway.
Guión: Peter Grenaway.
Dirección de Fotografía: Sacha Vierny.
Música: Michael Nyman.
Edición: John Wilson.
Dirección artística: Walter Donohue.
Decoración del set: Ben van Os y Jan Roelfs.
Producción de sonido: Garth Marshall.

Diseño de Vestuario: Sacha Vierny

Productores Kees Kasander & Denis Wigman.


Intérpretes:



Joan Lowright: Cissie Colpitts I
Juliet Stevenson: Cissie Colpitts II
Joely Richardson: Cissie Colpitts III
Jason Edwards: Smut
Bernard Hill: Madgett


Sinopsis:


Tres mujeres, tres generaciones y un punto en común: cada una de ella ha asesinado a su marido.

Narra la historia de tres generaciones de mujeres que, además de compartir el mismo nombre, Cissie Colpitts, también tuvieron las tres que lidiar con sus problemas matrimoniales. La primera Cissie Colpitts decidió acabar con su adúltero marido ahogándolo en una bañera. El forense local la encubre certificando un suicidio a condición de que la mujer se case con él, pero ella no está dispuesta a acceder. Tiempo después, la acción de la abuela tendrá sus consecuencias en su hija y nieta.


Premios:



1988: Festival de Cannes: Mejor contribución artística. Sección oficial
1991: Festival Internacional de Seattle: Mejor director
1989: Festival Internacional de Varsovia: Premio del Público




Introducción del autor:

El propio realizador nos introduce en su película con unos argumentos que ya conocemos, cuando declara en una entrevista que "una gran parte de su cine se basa en lo que él mismo llamaría "humor negro", ya que, recuerda a su audiencia, que viene del mismo lugar que los Monty Python y tiene, como consecuencia, una manera particular de jugar con la farsa y con la estupidez de la organización humana y con la manera tosca y desastrosa con la que organizamos nuestras vidas que se relaciona con este tipo de humor, que tiene una larga tradición en la literatura inglesa, que se remonta a tiempos muy anteriores a la irrupción en el cine de los realizadores de 'La vida de Brian'. Pero hay algo más en Drowning by Numbers (Ahogándose por números) y, aunque, como es bien sabido, el cineasta está en contra de la influencia de la literatura en el cine y  defiende que éste es 'antinarrativo' (Greenaway es también pintor) y que éste se basa en la secuencia, no necesariamente en contar historias, y de la misma forma que el cuadro es un recurso artificial, que no se encuentra en la naturaleza, (Usted me mira, -le dice al entrevistador -, pero no me ve encuadrado). La imagen es mucho más complicada. Lo mismo ocurre con el teatro, el ballet o la ópera, encuadrados por el proscenio que aísla la ficción de la realidad; el cine copió estas formas de expresión y la TV copia el encuadre del cine. Esto también pasa en el libro, cuyos límites son las hojas, pero no en la realidad, en la que no se da la narración. absolutamente ficticia; es algo que nos hemos inventado para que contenga información.





Al rechazar la narración debe encontrar otras formas para que el espectador lo entienda, una estructura cinematográfica, en la que se refleje la influencia del pintor que da significado a los colores. La mayor parte de sus películas cuentan con una estructura adicional, que prescinden del guionista. El autor le aconseja que si alguien quiere contar historias escriba novelas y se olvide del cine. No obstante es consciente de que la gente acude a las salas de proyección a que le cuenten historias, arrastrados por la inercia, y solo con la revolución digital puede deconstruir  y reorganizar las cosas de otra manera: la narración y el cuadro desaparecerán gradualmente del cine. En "Drowning by numbers" cuenta una historia absurda, contada desde el punto de vista de un niño: en el rodaje se pusieron filtros Wratten 85 en las cámaras para que todo pareciera dorado y bonito, intentando que se viera el mundo desde un  punto de vista positivo: el de los niños. Se rodó en una zona de Inglaterra en la que Greenaway pasó parte de su infancia, con paisajes tomados en el mejor momento del día, cuando el sol se ponía y todo era dorado, reproduciendo ese fenómeno visual.





Comentario: 






Greenaway comienza su película impregnando la secuencia, que funciona como obertura de su obra, con una inquietante menina salida del famoso cuadro de Velázquez, o de alguno de sus "spin off", de esa fascinación por el mundo del arte y en especial la pintura que empapa todas sus películas, en las que se siente ese punto maligno y perverso del arte de Caravaggio, del niño, ahora la mujer joven, bebiendo en medio de una alfombra de naturaleza muerta. Un amontonamiento de residuos biológicos de todo tipo (frutas, piezas desgarradas de carne...), combinados con animales enjauladas, dispersas en el set, conviviendo con insectos que olisquean y muerden todo lo que desean, sin que nadie los moleste,y que transmiten una sensación molesta y desagradable, que poco o nada tiene que ver con los montones de suciedad o residuos industriales de Tarkovsky o Jeunet con los que contrastan por su brillante colorido que, con frecuencia, y merced a unos polvos rojos que dispersa un niño, no se corresponden con exactitud con la forma en la que se inscriben. Frases como "un cadáver está atrayendo montones de moscas" no es inusual.




Peter Greenaway se formó en principio en lo que  era su mayor pasión, la pintura, una huella que deja impronta en su cine, y de forma explícita en películas como 'El vientre de un arquitecto' . Pronto mostró interés por el cine europeo y por directores de la talla de Antonioni, Bergman, Godard, Passolini y Resnais. Poco a poco su estilo fue evolucionando hasta aproximarse a una tendencia que se ha llamado fotoconceptualismo, un movimiento artístico que nace en Vancouver, la Colombia británica de Canadá, entre 1960 y 1970, capitaneada por fotógrafos como Jeff Wall o Ian Wallace, que se especializaron en una mise-en-scène muy estilizada en el detalle minuciosamente complicado, que busca la creación de imágenes a partir de no-acontecimientos, una mímesis de los efectos del cine y la pintura. Peter Greenaway nos ha dejado hasta el momento películas tan controvertidas como "El vientre del arquitecto" (1987), "Conspiración de mujeres" 1988, "El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante "(1989), "El niño de Mâcon" (1993), "The Pillow Book" (1996), "Mujeres 8 1/2" (1999)...


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