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miércoles, 13 de septiembre de 2017

El qué y el cómo en Peter Greenway: The Pillow Book.




SI NO EXISTIERA LA ESCRITURA QUÉ TERRIBLES DEPRESIONES SUFRIRÍAMOS. CUANDO DIOS MODELÓ AL HOMBRE CON ARCILLA LE PINTÓ LOS OJOS, LOS LABIOS Y EL SEXO, LUEGO ESCRIBIÓ EL NOMBRE DE LA PERSONA PARA QUE NO LO OLVIDARA.




Ficha técnica:


Título original: The Pillow Book.
País: Co-producción Reino Unido/Países Bajos/Holanda/Francia.
Año: 1996
Duración: 121  minutos.

Guión y dirección: Peter Greenaway
Dirección de Fotografía: Sacha Vierny.
Casting: Aby Cohen, Hitomi  Ishihara
Música: Brian Eno.
Montaje: Peter Greenaway & Chris Wyatt.
Calígrafos: Brody Neuenschwander y Yukki Yaura.
Producción de sonido: Garth Marshall; post-producción: Nigel Heath.

Diseño de Vestuario: Martin Margiela, Dien van Strraalen y Koji Tatsuno

Productor: Kees Kasander.
Productores ejecutivos: Terry Glinwood, Jean-Louis Piel, Tom Reeve, Denis Wigman.
Diseño de producción: Koichi Hamamura, Willemijn Loivers, Hiroto OOnogi, Andrée Putman, Noriyuji Tanaka, Wilbert Van Dorp.
Compañías:Kasander & Wigman, Woodline Films, Alpha Films

Intérpretes:


Vivian Wu: Nagiko,
Ewan McGregor: Jerome,
Judy Ongg: La madre,
Ken Ogata: El padre,
Yoshi Oida: El editor,
Hideko Yoshida: La tía/La sirvienta.

Sinopsis:


"Extiéndeme y ábreme en dos, para el placer". El libro inocente.

En los años 70, en Kioto, un anciano calígrafo escribe con delicadeza una felicitación en la cara de su hija el día de su cumpleaños. Cuando se hace mayor, Nagiko recuerda emocionada aquel regalo, y busca al amante calígrafo ideal que utilice todo su cuerpo como una hoja en blanco. A algunos, como Javier Ocaña, le pareció en aquel momento que el adjetivo pretencioso le quedaba corto a este relato; ignoramos que pensará hoy, cuando muchos hombres y mujeres de cualquier edad han convertido su cuerpo en un libro virgen en el que otros escriben su biografía.


CRÍTICA:




Cuando tiempo atrás, a finales de la década de los 80, en concreto en el año 1987, algunos nos enrolamos en el proyecto que impulsó un profesor ilustre del Departamento de Teoría de los Lenguajes de la Facultad de Filología de Valencia, Jenaro Talens, quien pergeñó el nacimiento de estudios universitarios orientados a formar a las nuevas pléyades de expertos en lenguaje audiovisual, unos estudios, que tras superar monumentales barreras, ya gozan de varias promociones, había cierta resistencia al avance de este lenguaje, algo que todavía cuesta introducir en la idiosincrasia de ciertos críticos, y a valorar intelectualmente la independencia necesaria del texto cinematográfico del literario, una realidad que se está radicalizando tras la irrupción de las nuevas tecnologías que imponen una mezcla de texturas y el lenguaje hipertextual derivado de ellas. Dice el controvertido realizador británico, formado en las bellas artes, de las que no excluye las nuevas formas de representación en las que realizó solemnes homenajes a grandes maestros de la pintura,y la arquitectura. Greenaway se lamenta dolido ante las cámaras del desconocimiento general de los nuevos lenguajes, en un coloquio con un entrevistador, que 'brilla por su ausencia', enfatizando la puesta en escena con un sillón vacío al lado del cineasta.

Es sorprendentelLa percepción de la 'realidad' de este cineasta galés, nacido en 1942 en Newport, que tiene la inapreciable ventaja de entender el mundo que lo rodea, un nivel de interpretación de las nuevas formas en que se comunican los hombres a la que no han llegado ni siquiera aquellos a los que casi cuadruplica la edad y se pasan el día haciendo selfies; uno de los cineastas más incómodos, ambiciosos, polémicos y molestos de la modernidad, formado como pintor e influenciado por las teorías de la lingüística estructural, la etnografía y la filosofía, que "rechaza las estructuras formales de la narrativa a favor del impacto  visual, la tensión emocional, los paralelismos formales y un obsesivo interés por el erotismo provocador y la muerte ", unas inclinaciones que se pusieron de manifiesto cuando todavía era estudiante en el Walthamstow College of Art en su corto "Death of Sentiment". Después de trabajar 15 años como editor y director de la Oficina Central de Información, y realizar una serie de documentales  y cortos para La BBC, el British Film Institute y Channel Four, realizó un largometraje de tres horas, "The Falls", en el que desarrollaba una biografía imaginaria de 92 personas. En 1982 consiguió el reconocimiento mundial con la película 'El contrato del dibujante' que inició una carrera con películas como 'El vientre del arquitecto' (1987), 'Conspiración de mujeres' (1988), la espeluznante 'El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante' (1989), 'Los libros de Próspero'... Si lo hemos elegido para ilustrar algo que venimos diciendo desde el comienzo de nuestra formación en lenguaje audiovisual y nuestra actividad bloguera es porque verbaliza y hace explícito lo que anima nuestra experiencia, y que queda expuesto en el making of de 'The Pillow Book'

"Tengo muchas quejas sobre el cine. Creo que, cuando se estableció a principios del siglo XX, se consideró que sería algo extraordinario, una forma de arte total, y no creo que haya alcanzado su potencial. Se suponía que sería la conjunción de las diversas disciplinas...pero creo que ha acabado por estar muy basado en la ilustración, tiene muy poco que ver con la cinematografía y está profundamente asociado con las librerías (...) En un momento de melancolía, me temo que no hemos llegado a ver cine . Creo que durante 115 años hemos visto libros ilustrados. Los grandes éxitos cinematográfico de los últimos 10 años han sido Harry Potter y El señor de los anillos que, esencialmente, no son películas, sino libros ilustrados; pero podemos hablar de Almodóvar, Lars Von Trier y de otros cineastas 'contemporáneos importantes' y están haciendo lo mismo. No creo que haya existido filme alguno que antes no fuese un texto. Así que mi primer queja sobre el cine es que nunca ha llegado a ser autónomo, nunca ha llegado a ser él mismo, sino que está relacionado con formas de comunicación tradicionales y eso me parece muy triste (...) La mayoría de la gente, y aquí quiero provocar, son 'analfabetos visuales', no saben mirar las películas... 



En el mundo occidental contamos con 8,000 años de tradición visual, con centenares de profesionales, sobre todo pintores que han hecho que las mujeres bellas lo fueran aún más, que los paisajes fueran más atractivos, y que han desarrollado historias para hacerlas más emocionantes, pero el cine no mira de tú a tú a ese patrimonio, por lo que la forma de expresar eso en un lenguaje contemporáneo se ha quedado en nada, lo que es una decepción. Sin embargo hay aspectos del paisaje actual que me permiten ser optimista y son los relacionados con las nuevas tecnologías (...) lo que hemos visto hasta hoy es un prólogo, lo que hemos experimentado en estos 115 años es el principio del cine (...) ahora, con todos estos nuevos lenguajes tan asombrosos, en cierto modo podemos rehacer, reorganizar, salir de los oscuros cines, unos sitios de lo más curiosos. 



Es absurdo encerrarse ahí, no somo animales de hábitos nocturnos y, además ¿Por que concentrarnos en un solo cuadro, cuando el mundo tiene 360 grados? Al entrar en un cine, la actividad se queda atrás y luego está la duración. Una película dura unos 120 minutos durante los que te obligan a estar quieto y mirando en una dirección. Pero hay una manera de fragmentar todo esto:  podemos jugar con esquemas temporales, estructuras o arquitecturas distintas. Hace poco estuve en Times Square  donde hay centenares de pantallas que desarrollan un fenómeno casi interactivo...Hay dos palabras muy de moda: "interactividad' y 'multimedia' y si el cine va a sobrevivir deberá ser interactivo y combinarse con fenómenos de la comunidad global. Hay una nueva Trinidad, en vez del "Padre, Hijo y Espíritu Santo", está el teléfono móvil, el ordenador portátil y la videocámara...Son las actividades virtuales para un fenómeno del futuro, al que yo llamaré 'zine' ..."



En la perturbadora película The Pillow book (1996), una alegoría de la escritura y su nexo con la relación carnal, una representación de la imposible disociación de lo que el hombre es y lo que hace, narrada, protagonizada por Nagiko Kiyohara,  el cineasta desvela la 'prostitución' del escritor por sus editores y el proceso iniciático de una joven que pasa de ser el soporte de la escritura de los hombres al pincel que les da forma. El título hace referencia a la costumbre japonesa de guardar en unas almohadas de madera o cerámica huecas los diarios íntimos. La venalidad del escritor se expande a todas aquellas formas de expresión creadoras de ideología, en las que los poderes fácticos intentan introducir sus mensajes, una manipulación que dificulta, hasta cierto punto, la frecuencia de un uso desplazado del lenguaje, polisémico y equívoco, que permite velar el discurso, una práctica usual desde que Tácico 'El Oscuro' escribiera en tiempos tormentosos. Los 'críticos' suelen asociar está intromisión del poder en los textos con la producción de textos audiovisuales que exigen una gran financiación, aunque la observación detenida de películas y telefims nacionales y su tratamiento mediático hacen dudar bastante de este apriorismo.

La protagonista de Grrenaway, Nagiko, tiene como referente a una poetisa, Sei Shonagon, de la que aprende a escribir listas de las cosas que le disgustan y le gustan. Tiene especial preferencia por el color añil, que a medida que progresa el film se llenará de significado. Es una película difícil de ver en la que se contraponen tradición (aprendizaje del chino mandarín, costumbres antiguas japonesas, indumentarias y peinados...) y la modernidad (aviones que sobrevuelan las ciudades) . Esta dialéctica se dará también con la forma, pretendidamente vanguardista, en la que la alternancia de secuencias, combinada con imágenes del camasutra, se logra con la inscripción de unas en otras, que se desplazan en todas las direcciones del encuadre, como una metáfora de su propio cuerpo que describe como un poste indicador apuntando en todas las direcciones. Una concepción del encuadre del discurso que nos va a ayudar en torno a qué queremos contar y cómo vamos a hacerlo, aunque está muy extendida la idea de que la forma (convencional o vanguardista) es el discurso, una tesis no exenta de razón.

El padre de Nagiko, calígrafo, cada cumpleaños le dibuja en la cara una bendición tradicional, mantiene a la familia dejándose sodomizar y humillar por su editor; la niña que no puede comprender ésto se debate en el dilema de elegir a su compañero entre calígrafos indiferentes que sean buenos amantes o excelentes amantes pero pobres calígrafos. Casada de acuerdo con la costumbre nipona y tras fracasar un matrimonio en el que el hombre no siente inclinación por las letras y quema sus libros, huye a Occidente y conoce a un escritor inglés, Jerome (Ewan McGregor) políglota, que la inicia en el arte de la escritura, ofreciendo su propio cuerpo como papel.





Hasta ese momento, la mujer había preferido mantener relaciones con hombres mayores para evitar implicarse emocionalmente. El atractivo del escritor la atrapa y la somete a la pesadilla de los celos que quebrantan su perfecta unión; la razón es que el joven repite la historia de su padre y se deja sodomizar por el editor, que es el mismo personaje, encarnado por el mismo actor, trasladado en el lugar y en el tiempo. La historia se repite.

Maneja su vida, escribe sus libros, es el pincel, pero pierde a su amante. Éste, como el Romeo de Shakespeare, se suicida y se cubre el sexo con el libro de Sei Shonagon, y le deja a Nagiko su epitafio: "Reúnete conmigo en todas las bibliotecas del mundo". La madre despectiva y a su vez despreciada por el hijo, lo describe como un disléxico sin imaginación. El editor, movido por una gran pasión, profana su tumba y escribe sobre su piel desollada un libro de cabecera, mientras se oye la voz en off de Nagiko mostrando sus sentimientos por el color añil, tanto del papel que le envuelve, como de la coloración del cadáver. Escatológico.






Desengañada escribe en los cuerpos de sus sucesivos amantes diferentes libros: el inocente, el idiota, el impotente, el exhibicionista, el amante, tras la muerte de Jerome...Es así como ve a los hombres. Triste y sin aliciente quema sus libros y vuelve a Japón, tras el segundo incendio de su vida, donde tiene una hija, no importa con quién,y donde sigue escribiendo otros libros con el afán de conseguir el escrito en el cuerpo de Jerome, que adoptan la forma de conclusión de sus experiencias: libro de la juventud, de los secretos, del silencio, de la traición, de los falsos comienzos y el deseado de la muerte del editor. Este fin se presagia con el auge de los movimientos ecologístas, cuya actividad se insinúa a lo largo de todo el film con discretas pinceladas, que denuncian la devastación de los bosques y la contaminación de las aguas por la industria del libro, en unos momentos en los que se apunta la posibilidad de prescindir del papel en la comunicación entre los hombres.

A sus veintiocho años Nagiko ha acumulado suficiente experiencia para escribir su diario íntimo, su lista de cosas que hacen que su corazón lata más deprisa para legárselo a su hija e iniciarla en las artes de la escritura y del amor. El editor que había chantajeado,violado, humillado y profanado a su padre y a su amante, había culminado de forma inexorable su ciclo vital. El cuerpo de Jerome (excusa para largas secuencias de Ewan MacGregor desnudo en primeros planos) será el vehículo para excitar e interesar a un editor que no siente placer con las mujeres. El cuerpo y la palabra forman un todo inseparable. La literatura y el amor, entendido como pasión carnal (Eros y Afrodita). Su madre pudo disfrutar de las delicias de la carne y de la literatura a un tiempo a cambio de su sumisión; Nagiko perteneció a una generación de mujeres que no aceptaban esta pasividad y esta elección le impuso un sacrificio.

Jerome encarna el cosmopolitismo del judío ( pene circuncidado), políglota y sin patria. La primera escritura sobre el cuerpo de la mujer será en la lengua de los judios ortodoxos de todo el mundo. Él encarna la modernidad, con su máquina de escribir; ella la tradición oriental , con su escritura en chino mandarín, que mantendrá después de su travesía hacia su propia liberación, ejerciendo todas las profesiones de una mujer occidental, incluída la de modelo de pasarela .






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