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martes, 19 de septiembre de 2017

Persona. Ingmar Bergman. Crítica.







Somos mirados en el espectáculo del mundo" y que "lo que nos hace conciencia nos instituye al mismo tiempo como 'espectaculum mundi' (Jacques Lacan)



Crítica:




Martin Scorsese presenta el corto que dirige Stig Björkman, 'Imágenes desde el recreo' (2009), un pequeño reportaje sobre Bergman y sus actrices-fetiche, que impulsa y defiende la obra del célebre cineasta sueco, que consiguió hacer de su estilo la marca de su propio cine, cuya influencia llega hasta la actualidad y deja su impronta en actores jovencísimos como Xavier Dolan, que salpica sus producciones de primerísimos primeros planos, muy frecuentes en películas como 'Persona'. En la primera secuencia de esta película, perseguida por la censura hasta el extremo de que jamás se estrenó en una sala de proyecciones, y los primeros afortunados que pudieron disfrutar de ella no tuvieron acceso al film hasta que se publicó en video, Bergman se encarga de dejar bien sentado desde el principio que lo que vamos a ver es una ficción, una advertencia que enuncia mediante un lenguaje audiovisual metadiscursivo, en el que muestra como se montan los rollos de la película para su proyección, números, pelos, marcas de cigarros..., convirtiendo en protagonista a la propia cámara, colocada en posición frontal, apelando al público e invitándolo a participar en la función.

A partir de ese momento comienza un discurso sobre lo que es real y lo que no, sobre las inseguridades y las dudas, sobre dios y la religión, que hace didáctica utilizando la crueldad (mano de Cristo mientras está siendo clavado en la cruz que atormentó a tantas mentes infantiles), sobre las guerras cruentas como la de Vietnam (recordemos aquel personaje de 'Los comulgantes', interpretado por Max von Sydow, que se suicida por temor a una invasión china), y en particular sobre las máscaras detrás de las que nos escondemos para sentirnos más cómodos, que convierten a Elizabeth, una mujer tóxica y deprimida, parapetada tras el mutismo que la convierte en un ser autista dotado de la frialdad de 'Electra'. Un ser dañino y ponzoñoso que hace daño a quien se le acerca desprevenido, con la única protección de unas gafas; una mujer que ha decidido no desempeñar más roles y levantar una muralla ente ella y los demás, ya se trate de su joven amante, su esposo (ciego, a costa de no querer ver), o su propio hijo, haciendo girar a todo el mundo a su alrededor y generando resentimientos. No habla, pero si escribe. También deja claro desde el principio que ni teme al género, ni al derramamiento de sangre y la crueldad, algo totalmente escandaloso en 1966, cuando todavía no había estallado el Mayo Francés de 1968 que cambió la sociedad de forma bastante definitiva. Bergman nos llevaba años de adelanto.

El cineasta escribe el guión de 'Persona', durante una larga convalecencia de una bronconeumonia, agravada por la infección vírica del oído interno, una dolencia que lo mantuvo hospitalizado durante tres meses en Sofiahemmet de Estocolmo. Durante este tiempo entró en contacto por primera vez con Liv Ullman, de la que se enamoró profundamente, que protagonizaría varias de sus películas posteriores, lo que ha permitido a ciertos críticos hablar del carácter autobiográfico del film más sensorial de Bergman. Su cámara quiere a las dos mujeres, las acaricia, las muestra bellas y sugerentes, constantemente abrazadas, escondiendo oscuros deseos; un cine de sensaciones, que derivan en emociones y sentimientos, no siempre positivos, relacionados con frecuencia con la inseguridad, el resentimiento, el desprecio del que, desesperado, sueña lo real y se encierra en sí mismo, con un objetivo: significar algo para los demás. Cuando la máscara cae, cuando vemos de nuevo a Electra, ya sólo será una sombra patética de sí misma.

Juan Miguel Company advierte al lector y al espectador de dos cuestiones que, según él, sobredeterminan cualquier punto de  vista en torno al realizador sueco: la primera es el ritmo al que ha ido llegando a nuestro país su filmografía. Su forma desordenada y la intervención constante de la censura, tanto de las imágenes (mucho más elocuentes que las palabras), como de los diálogos, donde se advierte la piadosa mano del padre Staehlin, quien introdujo al cineasta sueco en España, apoyado por una corriente crítica confesional, desde las páginas de  "Cinestudio". La segunda, la consideración de Bergman como un  autor, un concepto mistificador y tramposo, según algunos teóricos como Juan Miguel Companys, que proporciona un valor añadido al producto, un nuevo mito burgués,  paralelo al del cine como ventana abierta al mundo y que parece querer transmitir el ideal del " autor que plasma su mundo sobre el celuloide como el escritor lo hace sobre el papel, sin que haya mediación alguna, de tal manera que, gracias a las connotaciones que se superponen en su obra el cine de autor se convierte en género, "cuando determinados tics retóricos y estilísticos recubren el producto, haciéndolo legible en un único sentido y no en otro." (1) Esta afirmación contemplada por un lector actual tiene un punto de razón, ( es muy difícil sustraerse al género, tanto en literatura como en cine). Además, tanto la forma como el estilo imprimen carácter, pero es muy difícil adoptar una postura elitista, clásica, canónica y sumarse con entusiasmo a ciertas tecnologías, más propias de realizadores que buscan romper con las convenciones y que han florecido en todas las artes a lo largo de todos los tiempos. (Recordemos la pincelada precisa de Rafael 'El Divino' y los escorzos violentos, las desproporciones y la obra deliberadamente inacabada del revolucionario Miguel Ángel).

Así pues, si durante el siglo pasado los teóricos de cine buscaban en los autores un continuum, un enunciado ocultador, que caracterizaba, a su modo de ver, la obra del realizador, independientemente de la historia concreta que contara a su público en cada ocasión,  lo encontraron en la contemplación de  la "conyugalidad trascendida", los problemas de la pareja y su abstracta condición humana, que en 'Persona' les lleva más allá del terreno de la pareja convencional heterosexual. Hoy que, (se diga abiertamente o no), parece comúnmente aceptado el género de autor incluso donde antes no se veía, y se habla de las películas de Spielberg, Ridley Scott o Tim Burton, que parecen convertirse en un reclamo de mayor peso que la atracción que pueda suponer el reparto o la propia historia y su subtexto. Ni tan siquiera despista que se escondan detrás de directores de menos relevancia como productores ejecutivos, ya que el público sabe reconocer su estilo. Como consecuencia, la dialéctica más profunda se establece entre el cine mainstream o blockbuster , (aunque haya muchos dispuestos a negarlo) y el cine más próximo a lo que muchos consideran los problemas de la gente real contados en román paladín, hecho con pocos recursos y preservando la independencia de su autor, que elige el género en el que quiere expresarse. No es extraño, pues, que cineastas y actores consagrados en el marco de la gran industria se pongan detrás de las cámaras y proyecten películas para presentarlas a festivales de cine independientes, entre ellos, Sundance, creado bajo la égida de Robert Redford, que impulsó en 1981, junto a otros colegas el Sundance Institute Filmmakers/Directors Lab (Laboratorio de Cineastas y Directores Instituto Sundance), con el objetivo de reunir a un grupo de amigos y colegas para fomentar y apoyar el cine independiente, más allá de las exigencias del mercado (1). Pero como ocurre con todo en la vida, las buenas iniciativas no tardan en corromperse, y el cine que se hace con el objetivo de presentarlo a estos certámenes está adquiriendo unas marcas de estilo que lo hacen inconfundible, cuando no sirven para completar los ingresos de las grandes estrellas en momentos valle de ofertas de empleo, como denuncia Cronenberg en una film que parece que no todos han querido ver ni asimilar: Maps to the Star.

Con independencia del talento de sus ejecutores, el llamado cine independiente se caracteriza por un dominio absoluto de los primeros planos, con frecuencia sólo las cabezas de los protagonistas, que obligan al espectador a permanecer atento al menor cambio de expresión de los actores, produciendo una sensación constante de agobio, inquietud y claustrofobia. Los escasos planos medios o generales apenas permiten al espectador emblematizar a los personajes o conseguir una pista que les ayude a interpretarlos. Y viendo a muchos autores actuales, como Xavier Dolan, un director emergente de 25 años, y otros menos notables, parece que hayan vuelto su mirada a directores como Bergman. Algunos exagerando el principio, sin acabar de entenderlo.

Persona significa en latín máscara, apariencia pero también refugio. El propio Bergman declara que el primer título que quiso darle a su película fue el de Cinematografía, ya que iba a ser un film, que destruyera toda fascinación de efecto realidad y mostrara toda 'la cacharrería distanciadora que encuentra a mano, toda la tramoya del dispositivo: aparatos de proyección, película que se detiene y quema ante el espectador, focos, cámaras, tomavistas... Persona es un film  en el que el autor habla de sí mismo, de su propia filmicidad (4) . De una cierta muerte de la significación, de la opacidad de las imágenes, de las dificultades, en suma, de los procesos cinematográficos de simbolización. Un discurso recurrente en el mundo de la creación, en el universo del artista, siempre inseguro, necesitado de la reafirmación de los demás y preguntándose sobre la posibilidad de la existencia o el carácter perecedero del arte, y la consistencia de cualquier manifestación del ser humano que suponga la intelectualización de la realidad cotidiana, ya se trate del amor, de la pareja o de la capacidad de crear imágenes con la escritura, la música o los ingenios mecánicos creados por el hombre. Este ejercicio metalingüístico y su materialización por medio de imágenes es el que los diferentes teóricos intentan comprender y trasladar a su público.

En la segunda parte del film es en la que se produce el encuentro y la fusión simbólica de las dos mujeres, Elisabeth Vogler interpretada por Liv Ullman, (la primera intervención de esta actriz en un film de Bergman), y su enfermera Alma, enfrentadas al comienzo: una roca la actriz, y una mujer que quiere significar algo para los demás, la enfermera, y formando una perfecta fusión simbólica al final. Juan Miguel Company quiere ver en el silencio de Elizabeth, un símbolo de la búsqueda de la muerte de todo sentido. Alma intenta acabar con el silencio de la actriz utilizando la seducción y despertando su deseo. El propio  Bergman nos hace fijarnos en cómo "la cara de Liv cada vez se hace mayor. Es fascinante: los labios se agruesan, los ojos se oscurecen, todo su yo se convierte en una especie de deseo. Hay un perfil de Liv que es prodigioso. Se ve como su cara se transforma, se convierte en una máscara fría y voluptuosa a un tiempo. (opus cit.)

Este film de Bergman es mucho más de lo que se puede expresar en estas pocas líneas. Estamos, quizás, ante la obra más importante del autor sueco, la que le dictó la cercanía de la muerte, que le hará plantearse el temor, el deseo y la importancia de la palabra en su provocación, que hizo exclamar a Lacan que "somos mirados en el espectáculo del mundo" y que "lo que nos hace conciencia nos instituye al mismo tiempo como 'espectaculum mundi'", y para escapar a la mirada como presencia del otro, la conciencia se vuelve sobre sí misma; la complejidad de las relaciones de transferencia entre las dos mujeres, expresadas en una escena duplicada sobre la no deseada maternidad de Elizabeth; el reflejo especular de nosotros mismos, que rechazamos la imagen que nos devuelve el espejo, etc. (citas recogidas por Juan Miguel Company)

Muchas de las cosas que hace o dice Bergman en este film, muy influenciado por la convulsión sobre las conciencias que se produjo en la década de los 60 que hirió de muerte los cimientos de la religión y colocó en primer plano al hombre y su propia yo, explican la multiplicación de las teorías freudianas y las interpretaciones de Lacan, sobre nuestro ego, nuestras frustraciones, las máscaras que nos colocamos para escondernos detrás de ellas y protegernos del otro, y que han dado lugar a las más apasionantes teorías sobre el significado de las imágenes que genera nuestra mente, que son más perturbadoras que la posible existencia de un infierno en el que se quemarán los malos, que ya no asusta a nadie. Lo que de verdad da miedo es la introspección del individuo y la preocupación personal por la interpretación de nuestros propios sueños y pesadillas. 'El sueño de la razón produce monstruos', es el título de un aguafuerte del hombre que llenó las paredes de su casa, 'la Quinta del Sordo', de funestas y  sombrías pinturas negras: Francisco de Goya.




Hoy nuestros dioses y diablos no son menores que hace medio siglo, aunque algunos los menosprecien porque deben enfrentarse a ellos con poco bagaje, lo que supone un riesgo y un esfuerzo añadido, ya que la sociedad laica es casi una niña, si la comparamos con las grandes religiones que nos controlan, que tienen su origen en el nacimiento del pensamiento especulativo, junto con la familia, la propiedad y el estado, con el objetivo de controlar al hombre desde que se puso de pie y dejó de trepar por los árboles (2).

Se dan explicaciones facilonas a los trastornos afectivos, obsesivos compulsivos y otras enfermedades del alma, que demasiadas veces son adquiridas, pero que muchos comienzan a tomarse en serio, sin despreciar el modo de Bergman de acercarse a los espíritus atormentados por la imposibilidad trascendida de la pareja, la muerte o ...Dios; hace cincuenta años había cuatro estudiantes universitarios que asistían a Universidades públicas. Hoy hay muchos más, pero la educación se contempla como un negocio en amplios sectores que entregan la formación de sus hijos a empresas privadas. Con todo,  son muchos más los que se licencian y están creando el cuerpo teórico que nos ayudará a entendernos e interpretarnos sin la necesidad de un deus ex machina que dirija nuestras vidas y nos amenace con el castigo eterno en el más allá. Aprender de Bergman siempre será un ejercicio necesario.


(1) Wikipedia.
(2) Juan Miguel Company. Ingmar Bergman, Cátedra.
(3) El origen de la familia, la propiedad y el estado. Friedrich Engels.
(4) Ingmar Bergman a Stig Björkman en 'Conversaciones con Ingmar Bergman'.





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