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miércoles, 18 de octubre de 2017

La soledad del corredor de fondo. Tony Richardson.





Correr siempre ha sido muy importante en nuestra familia, sobre todo para escapar de la policía. Es difícil de entender. Sólo se que hay que correr, correr sin saber por qué, a través de bosques y campos, y sin una meta, aunque la gente te esté vitoreando. Esa es la soledad del corredor de fondo.




Ficha técnica:


Título original:The Loneliness of the Long Distance Runner
País: Reino Unido.
Año: 1962.
Duración: 99 minutos.

Dirección: Tony Richardson.
Guión: Alan Sillitoe; una historia adaptada de su propio relato corto.
Casting : Maude Spector.
Director de fotografía: Walter Lassally.
Música, compuesta, arreglada y dirigida por John Addison.
Editor: Antony Gibbs.
Director artístico: Ted Marshall.

Diseño de Vestuario: Sophie Devine.
Maquillaje: Jimmy Evans.
Peluquería: Bobbie Smith.

Productor: Tony Richardson.
Productor asociado: Michael Holden.
Productor ejecutivo: Alan Kaplan.
Diseño de producción: Ralph Brinton.
Compañías productoras: Metro Goldwyn Mayer, Bryanston, Woodfall film


Intérpretes:


Michael Redgrave: Ruxton Towers, gobernador del reformatorio,
Tom Courtneay: Colin Smith
Avis Bunnage: Mrs. Smith,
Alec McCowen: Brown,
James Bolam: Mike,
Joe Robinson: Toach,
Dervis Ward: Detective,
Topsy Jane: Audrey,
Julia Foster: Gladys.


Sinopsis:



Un joven, recluido en un reformatorio por haber cometido un pequeño robo, divisa una posibilidad de redención gracias a su habilidad y resistencia como corredor de larga distancia. Colin Smith es un joven de clase obrera que vive en los alrededores de Nottingham. Un día comete un robo en una panadería y es enviado a un reformatorio. Una vez allí empieza a correr, y gracias a sus cualidades como corredor de fondo va ganando puestos en la institución penitenciaria. Durante sus entrenamientos reflexiona sobre su vida anterior y empieza a comprender que se encuentra en una situación privilegiada.






Crítica:



Decía el gran historiador Pierre Vilar que muchos creían que las cosas habían sido como ellos las veían en el momento en el que les había tocado vivir, pero si volvemos la vista atrás y perdemos un poco de nuestro valioso tiempo atendiendo los testimonios que nos dejaron directores pre-revolucionarios de finales de los cincuenta y comienzos de los 60, cineastas de movimientos izquierdistas como el neorrealismo italiano, la nouvelle vague o el free cinema ( Milagro en Milán de Vittorio de Sica, Los cuatrocientos golpes de François Truffaut, o La soledad del corredor de fondo de Tony Richardson, esposo, sucesivamente, de Vanesa Redgrave y Jeanne Moreau y ganador de dos premios Oscar por Tom Jones ), observaremos cambios profundos en la elaboración de los discursos audiovisuales.








En 1962, Tony Richardson puso su foco en los jóvenes británicos de clase obrera, sin perspectivas, hijos de padres mal avenidos, de la precariedad, la enfermedad, la muerte  muerte y la ausencia de perspectivas. El eterno vagar sin rumbo, sin objetivos, los lleva a delinquir, a realizar pequeños robos por los que acaban recluidos en centros de internamiento para menores, como ocurría con Antoine Doinel en 'Los cuatrocientos golpes' de François Truffaut. En ambos relatos las madres eran infieles a sus maridos con otros hombres, mientras  los que en otro tiempo fueron niños, yacían en sus lechos depauperados esperando un final tan prosaico y privado de cualquier romanticismo, acorde con sus vidas. Ni despedidas, ni lamentos; sólo el hijo mayor lo recuerda, herido por el resentimiento.






Una vez en el reformatorio, descubre que el hábito de huir de todo y de todos lo ha fortalecido y le ha dotado de una resistencia que lo hace imbatible, un corredor ante el que nada pueden hacer sus competidores de una escuela privada en la que se somete a los alumnos a la llamada disciplina inglesa', cuyo lema podría ser el de que 'la letra con sangre entra'. Iniciada la carrera, no sólo se mueven las piernas del joven, sino que en su mente no paran de dar vueltas los desplantes y humillaciones de que ha sido objeto por parte  de las autoridades que hoy confían en su esfuerzo para incrementar su propio prestigio, en su padre muerto, en su falta de oportunidades, y en todo lo que ha sufrido a su corta edad, y adopta una actitud que quien vea la película nunca podrá olvidar.






Filmada en blanco y negro, cámara al hombro, travellings y ligeros picados y contrapicados que evocan el cine de la Nouvelle Vague, su cine nos resulta tremendamente íntimo y familiar, y nos recuerda unos tiempos en los que los creadores, en cualquiera de los modos de representación que ha inventado el hombre hasta el momento, se  comprometieron sin ambages con los jóvenes coetáneos, y nos han trasladado una crónica veraz de chicos y chicas que con  frecuencia cruzaban la línea de la legalidad, sin complejo de culpa y total amoralidad. Sorprende la naturalidad con la que unas jóvenes a las que invitan a subir en un coche robado acepten ambos hechos con total normalidad, algo que espantaría a mucho jóvenes del siglo XXI, en el que se ha perdido por completo la inocencia.





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