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lunes, 23 de octubre de 2017

Nunca digas su nombre. Crítica.




Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice, cartel, fotografías y trailer.  (Pinchad aquí).



Crítica.



Stacy Title , una realizadora bisoña que tan solo ha hecho dos películas hasta 2017, - 'La última cena', (1995), y 'El diablo viste de negro' (1999) -. No se le conoce actividad hasta 2017, y parece querer moverse dentro de los límites del cine del género que realizan , con mucha mejor fortuna, David Robert  Mitchell (2014), It Follows, 'Jordan Peele, Déjame salir (Get Out, 2017) y otros, con un subtexto bastante oscuro y difícil de entender, lo que puede, de alguna manera, el fracaso de esta cineasta.

Todos tenemos nuestros monstruos, nuestros demonios y también nuestro 'Talón de Aquiles', que procuramos evitar que nadie descubra y, por esta razón, soslayamos verbalizarlos. Sólo hay una forma de evitar las consecuencias de desnudar nuestro ánimo y ponerlo a disposición de los demás para que nos hagan daño y nos humillen. Parece que es esto lo que Title quiere decir, pero no acierta al tratar de impedir que las hojas no nos dejen ver el bosque

Es redundante, cíclica, reincide una y otra vez en la representación de los mismos temas, en la utilización de las mismas señales, las mismas pistas, y nunca logra intimidarnos de verdad, una situación que empeora cuando toma cuerpo y se materializa este terror, ni tiene explicación la reiterada aparición de un tren, cuya interpretación queda en suspenso.  Hace muy difícil incluir el film en cualquier subgénero, incluido el de las casas encantadas, y enlaza mejor con el trabajo de Robert Mitchel cuando nos habla de los miedos y los fantasmas de la gente que pasa gran parte de sus vidas temiendo cosas que nunca van a pasar.

En el centro del relato está la cuestión que supuso el Background de Carpenter o Craven, que contemplaron el deseo en la edad de los jóvenes, ya fueran chicos o chicas, adolescentes que se inician en el sexo, y  la forma en que se pasan unos a otros sus recelos, sus angustias y desasosiegos, que potencian una prensa amarilla y sensacionalista,  señalando con su dedo acusador a los grandes ausentes, los padres, en algún caso fallecidos, y en el pasado incluso asesinados por sus hijos,que son sustituidos por los hermanos mayores que han logrado formar una familia estable, una oportunidad que la primera crisis global de la era tecnológica ha arrebatado a los más jóvenes. Lo malo es que su discurso no llega con claridad.

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