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viernes, 20 de octubre de 2017

Up in the air. Jason Reitman. Crítica.




Film sobre que refleja las primeras impresiones del cine ante la crísis que se desarrollo a partir de la caída de Lehman Brothers  en septiembre de 2008. A finales de 2010 escribíamos el texto que incorporamos a continuación y que nos permite comprobar hasta qué punto estaba bien orientado el cineasta.


"Estamos con Fernando Bernal (Cahiers de Cinema, febrero 2010) cuando afirma que "El cine en su labor de agente social se está convirtiendo en un medio caliente. Ha desarrollado una capacidad para levantar testimonio de hechos de actualidad con relativa y acertada premura(...) y que un joven director siempre atento a temas candentes como Jason Reitman hurgue en la trastienda del hecho que más titulares ha generado en los últimos dieciocho meses". En Up in the air mantiene un tono que bascula entre el distanciamiento irónico - casi corrosivo - y la mirada complaciente hacia sus personajes".Así pues, según los críticos de Cahiers, estamos ante un cineasta que tiene un molde, un estilo muy efectivo, en el que el placer de molestar queda sofocado por el de no incomodar en exceso. Después de ver la película estamos completamente de acuerdo en todo lo dicho hasta ahora. 


A partir de este momento yo añadiría algún matiz. Si bien es cierto que compensa el cinismo de un personaje, cuyo papel es despedir a personas de carne y hueso, que nos cuentan sus situaciones familiares y económicas ante las cámaras, y no con las cifras como las que acostumbran a difundir los medios de comunicación que transmiten fielmente las doctrinas de economistas, que siempre operan con números, nunca con personas, luego lo compensa con el hecho de que este personaje tiene un corazoncito, una familia corriente, de esas que forman la mass media, e incluso una amante de la que se cuelga (Alex), todo según los canónes de la comedia romántica, hay que añadir que lo grave es que este personaje es muy consciente de lo que está haciendo y de que la bestia le puede acabar devorando a él. Cuando una jovencita intrépida, Natalie, una Erin Brokowictz rompepelotas actual, irrumpe en su empresa con un programa informático capaz de sustituir al 85% de la plantilla de "despedidores", primero la humilla con su superioridad de hombre y adulto, la convierte en su ayudante (siempre lleva las carpetas y otros objetos de él) y después le describe exactamente el trabajo que están haciendo: "los llevamos por el río del horror y luego les ayudamos a bajar para que sigan a nado".(que sea consciente) Su capacitación, apoyada en el terror de la pérdida del empleo ( ya sabemos en esta comunidad que la extensión del terror produce sumisión), le lleva a "vender" a sus damnificados las teorías de Emerson, de que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita, que simboliza en una mochila en la que metemos nuestros recuerdos, muebles, coche, hipoteca e incluso familia, que nos impiden movernos con libertad. Esto está bien, si tienes una fortuna que te respalde y te permita educar y mantener a tus hijos, en caso contrario acelera tu viaje hacia la muerte y la marginación. 

Recuerda el funcionario de La vida de Brian, cuando ofrecía la crucifixión con una sonrisa. Cuando una pobre mujer despedida se suicida, la joven aguerrida sucumbe y deja su empleo; su sensibilidad femenina le pierde, aunque él le ayuda con una carta de recomendación (Es muy interesante la reflexión del empresario sobre qué creatividad puede desarrollar una empresa cuyo producto es el despido). Nuestro protagonista descubre defraudado que el único que lleva la mochila vacía es él, pues incluso su amante tiene marido e hijos. Pero no puede evitar seguir su destino, ya que en este mundo en crisis, en el que incluso se despide con un email, las alternativas son escasas. Por otra parte es un auténtico Peter Pan que hasta que no conoce a estas dos mujeres no ha querido crecer. Los americanos, como siempre, se adelantan y lanzan un aviso a quienes creen que el problema es de otros. Quizás descubran demasiado tarde, como ha ocurrido en otras etapas históricas, que también es el suyo. Hay una imagen en la que se ve un edificio con una sola luz encendida, la del apartamento del protagonista. Desolador, tanto como su apartamento vacío, que es todo menos un hogar.


Parece que no era una ficción que jamás cruzaría la línea de la realidad, un hecho que pueden confimrar muchos trabajadores desconectados de su trabajo con procedimientos más agresivos que los que apunta Jason Reitman.

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