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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Wonder Woman. Crítica.




LA SUPERACIÓN DEL GÉNERO


Contiene spoiler.



Ficha técnica, sinopsis, críticas, fotografías, cartel y trailer. (Pinchad aquí)



Crítica:



El film que dirige Patty Jenkins no sólo resulta a ratos cursi, a ratos plúmbeo, sino que desarrolla un discurso basado en la imposible asimilación lógica entre un hecho y el símbolo que lo representa, entre Ares y la guerra, un relato que conduce a un final muy convencional que muestra una idiosincrasia muy diferente a la de los antiguos griegos y romanos que contemplaban la religión con cierta distancia y de forma mucho más pragmática, hasta el punto de que sus máximos dirigentes, ya fueran  dictadores, como Julio César,  (debemos aclarar que la dictadura tampoco tenía el mismo significado en la Roma clásica que en la actualidad, ya que era una magistratura que se ejercía por un tiempo muy breve, acotado, para hacer frente a una situación convulsa, de la que Cincinato es el paradigma , un hombre justo que fue reclamado por la república mientras araba sus campos), o más tarde emperadores que ejercían la tiranía. Los que se situaban como Cónsules al frente de la república desempeñaron, primero, el cargo de Pontifex Maximus, y, más tarde, al imponerse la tiranía, fueron directamente divinizados por las masas y adorados como dioses. Jenkins estructura el relato en forma de un gran flashback, un racconto que comienza con un gran plano cenital que muestra  la plaza del Louvre y la pirámide Pompidou, que ubica y nos muestra a Diana perfectamente integrada en el mundo de los hombres; una fotografía que guarda en su cofre de los tesoros consolida esta idea y pone en evidencia que experimentó un gran amor.

Sin saber como ni por qué un espía británico desemboca en el paraíso de las amazonas, voladoras como las guerreras de Ang Lee y Zhang Yimou, construido mediante una puesta en escena que evoca, con sus cámaras lentas, el estilo de Zack Snyder. Este lugar está aquí, en nuestro mundo, aunque en un lugar recóndito, y para mayor gozo de las fantasías masculinas, poblado de bellísimas mujeres, que representan el leitmotif del espectáculo erótico que desfila ante nuestros ojos, dotadas de  lo que  las académicas denominan sermiradaidad (tobelookdatnees), que las convierte en objeto erótico de los personajes de la historia que se desarrolla en la pantalla y del espectador en la sala (Laura Mulvey). La showgirl permite, según Mulvey, la unificación de las dos miradas, sin ruptura aparente de la diégesis, y el impacto sexual de la mujer sitúa el film en un no man's land fuera de su espacio y tiempo. El propio protagonista, encarnado por Chris Pratt, cuando desembocan ambos, el soldado y la heroína, en Londres, ella cubierta por una capa que esconde sus desnudeces, exclama que lo llamativo no es la indumentaria que lleva, sino precisamente la que le falta.

Pero no sólo el film presenta estas dos carencias demasiado importantes para hacer verosímil el relato y borrar la sonrisa continua de la boca del espectador, sino que, a pesar de tener como alma mater a una mujer, Patty Jenkins, ésta renuncia a cualquier planteamientos de género defendido en los caucus feministas de las universidades norteamericanas, lo que supone un gran paradoja. La mujer no lucha por ocupar un lugar en el mundo de los hombres, ya que su naturaleza divina le otorga todas las condiciones  para que éstos caigan rendidos a sus pies. La wonder woman  o mujer maravillareúne todos los requisítos que la hacen adorable para el sexo opuesto, entre ellos su ingenuidad que se materializa en una idea ofensivamente simple y humillante para la sabiduría que encarnaban los grandes filósofos e historiadores de la  antigüedad: muerto Ares, o quien ella cree que es el hijo de Zeus, ¿por qué continúa la guerra? Increible. Sin embargo esta visión tan cortita la aparta de las sesudas y malvestidas feministas. Al final, comprende que el hombre no sólo es responsable de los enfrentamientos y las guerras, escudando sus vicios y defectos en un líder que debe pagar por todos ellos y sus grandes pecados, incluido el resentimiento, la ambición y la avaricia, cubiertos por la capa dantesca de la hipocresía, sino que es capaz de acumular en su espíritu grandes dosis de amor. Es entonces cuando se alza en el espacio y desciende sobre su diabólico enemigo evocando la imagen de cristo crucificado. No puede haber mayor explicitud.

Patty Jenkins, que dirigió a Charlize Theron en Monster (2003), un film terrible, en el que deformó el físico de la actriz y le hizo jugar un papel altamente revulsivo, dificilmente asimilable por la sociedad burguesa y matriarcal, ha realizado en 'Wonder Woman' un cuento de hadas difícilmente comprensible para quien ha alcanzado la mayoría de edad. Curiosamente ha tenido una gran aceptación entre los top critics norteamericanos, que refleja el Tomatometer de la página Rotten Tomatoes, que le otorgan un 92% de aceptación, consultadas, ni más ni menos, 351 reseñas, y un 89 del público , pulsada la opinión de 119,936 usuarios, unas cifras que dan la medida de hasta qué punto tiene razón el protagonista masculino cuando intenta hacer entender a esta diosa que la culpa nunca reside en un ser, ya sea humano o divino, solo. Está bien que sea una mujer la que se ponga al frente de una adaptación de DC Comics, pero duele que sea para dar una imagen tan tontita de las mujeres tomando como paradigma una 'real hembra', Diana, interpretada por la espectacular Gal Gadot,  que contrasta con la torpe y aturdida mujer, entrada en años, la bonachona secretaria de Steve Trevor (Chris Pratt), incapaz de provocar la más mínima fantasía sexual.





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