Thérèse Crítica.





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CRÍTICA.


Claude Miller, desconocido o ignorado escritor y cineasta francés, al menos en estos lares, que falleció poco después de estrenar  Thérése D, (film fechado por unos en 2011 y por otros en 2012, año en que nos dejó este realizador), se despidió con este legado, 'Thérèse', demolida por algunos críticos, como Mercedes Arancibia ,(Periodistas en español), que se despacha a gusto contra la película  "aplaudida hasta la náusea por una parte de la crítica francesa, que es bastante pedante y crea ídolos a los que se mantiene fiel –a pesar de todo- hasta que la muerte les separa; es una película excesivamente introspectiva, melodrama de entreguerras y alcobas polvorientas con contraventanas, donde no llega la luz del sol y todo ocurre en penumbra y a veces en tinieblas. Retrato de una burguesía aburrida, que se mira en el espejo de sí misma y sus iguales y no tiene más horizonte que la reproducción de la especie y las tradiciones (la novela, de François Mauriac, se publicó en 1927). La narración, bastante lineal y cronológica, oscila entre retrospectiva y anticipación, abarcando distintos tiempos en los que París, la capital luminosa soñada en la lejanía, significa la libertad. " En su momento, cuando hicimos la ficha técnica, afirmamos que la autora de esta crítica centra muy bien la cuestión; hoy, revisionado el film en un video doméstico, mantenemos la posición.




La que fue considerada como el testamento o el epitafio, según quien escribe, del cineasta francés, no logra unanimidad en la valoración de la crítica, por su apego a un clasicismo desfasado y falto de originalidad y el carácter plano de su realización, precisamente unos rasgos en los que otros ven la valía del film. Una buena muestra de lo que decimos es la crítica que hace Javier Ocaña en el diario 'El País', en la que remata la película al calificarla de academicista más que clásica: "De ritmo plúmbeo, la película, ambientada en los años veinte, enlaza buena parte de sus secuencias a través de fundidos a negro que le dan un fatigoso aspecto episódico. Y aunque la emocionante media hora final se eleva muy por encima del desarrollo anterior, cuando comienza a entenderse que los extraños comportamientos de la protagonista no tienen explicación y la piedad del marido se apodera del relato, Thérèse D. no parece una película para espectadores “de en medio”.(Javier Ocaña . Manifiesto póstumo. Diario El País, 20 de septiembre de 2013). Manuel Yañez Murillo se centra en el trabajo de Audrey Tautou (Amelie): "Un planteamiento que permite al director centrarse en los conflictos más elementales de la protagonista, una rica terrateniente que se sumerge en un pozo de aflicción ante la imposibilidad de alcanzar la realización personal. El flm acaba revelando su razón de ser en la interesante transformación actoral de Tautou, que deja atrás su condición de icono romántico del cine europeo más naïf...;" (Thérese D.Fotogramas, 20 de noviembre de 2013).





Dicho lo cual, añadimos que Claude Miller, que no supo o no pudo dirigir de forma atractiva a Audrey Tautou, de la que solo parece haber  extraído con brillantez su vis dramática, -naïf para Manuel Yañez Murllo -, el peculiar Jean Pierre Jeunet en Amelie, intenta recoger la tradición que, entre otros literatos, parte de Flaubert, que llevó a sus libros el sacrificio de una mujer contestataria e insatisfecha a las convenciones de una época, ahora en el contexto de una férrea institución patriarcal, propia de una familia terrateniente en la que nada se dirime en los juzgados y los problemas se resuelven en su seno, en el que se aplican sus particulares y peculiares sentencias inapelables, en cuyo cumplimiento participan los criados, los guardianes con las lenguas amputadas, que velan por el cumplimiento de la pena inquisitorial, el desprecio del pecador  y son ejecutores, en suma, de la voluntad de sus señores. Una actitud que se ha perpetuado sotto voce hasta llegar a nuestros días, en los que, si una revolución permanente ha dado algún fruto, ha sido la lucha de las mujeres por la igualdad, todavía imperfecta, una de cuyas derivadas ha sido la violencia contra ells por la resistencia de algunos representantes del viejo orden a aceptar el nuevo status quo, y legislaciones de discriminación positiva que muchos, incluidas bastantes mujeres, no entienden. Muchas mujeres han salvado, según el propio Freud, su 'envidia de pene' con el deseo de tener un hijo varón para compensar su trauma; la madre del protagonista teme realmente a Théresè, cuya presencia ha desequilibrado la institución familiar.





En este contexto, la impenetrable, y en teoría mujer liberal, -algo que se da a conocer más por los diálogos que por las imágenes, y por comentarios de personajes ajenos a Thérèse - es hija del propietario de miles de hectáreas de pinos, cuyo destino, libremente aceptado, es casarse con el vástago de su vecino, con el que colindan sus tierras, y, a la vez,  hermano de su mejor amiga de la infancia. Las mujeres de François Ozon son impenetrables, pero dejan pasar algo de luz a través de sus movimientos y su mirada; Thérèse es una tumba, un personaje hierático que no expresa otra cosa que indiferencia molesta para todos, a un lado y otro de la pantalla, inclusive para su propia hija, un bebé del que cuida más su cuñada y casi hermana Anne que ella. En la última parte del texto fílmico, la que nos conduce a la conclusión del relato, se destaparán algunos hechos que la irán perfilando como una heroína baudeleriana exangüe, egoísta y sin enpatía, que lucha por su individualismo, su liberación, caiga quien caiga (literal), pero a la que le falta ese tono de rebeldía que adorna a Madame Bovary, casada con un buen hombre al que arruina con sus delirios de grandeza y un ego en el que se cuecen en la marmita del druida la megalomanía, el deseo de aumentar su consideración social a cualquier precio, hasta convertir su mediocre condición en un crisol de metales nobles. Thérèse no conoce el alter ego de su deseo incontenible de gozar de la libertad de amar que castigó a Emma o Anna Karénina; ella es rica y se venga de su clase en una especie de rabieta que lleva muy lejos, pero que no consigue levantar pasiones entre su público, que en principio ignora si su determinación emocional obedece incluso a una pulsión homoerótica, una atracción por su cuñada Anne, el lado oscuro del relato Desde las primeras imágenes, la atracción por lo joven y desenfadado o el deseo de liberarse de campos, marido e hija y vivir su libertad en París son sentimientos patentes.





Claude Miller, no obstante, no sabe convertir a Thérèse en una heroína digna de la tradición literaria francesa, que influyó en la rusa, en un momento en el que la lengua francesa era el idioma oficial de unos nobles que estaban a punto de perder la hegemonía lingüística mundial, en pro de una nueva lengua vehicular, la de los científicos y tecnólogos, los nuevos grupos dominantes. La Francia imperial decaía, sus hacendados no brillaban, se recluían en sus caserones en cuyo interior se imponían las normas más tradicionales. Ignoramos si ha sido esto, precisamente, lo que ha querido trasladar Claude Miller, más el resultado es tan plúmbeo como el universo que intenta retratar, y a sus personajes les falta la espontaneidad de las adaptaciones del británico Kenneth Branagh y su ex.esposa Emma Thompson, que expresan como pocos la joie du vivre francesa de las clases más favorecidas por la fortuna. La revolución burguesa lo cambió todo, o casi todo, y July Delpy en 'El Skylab' nos trasmite un mundo más sonoro, en el que las contradicción se expresan a viva voce, incluso a gritos, permitiendo al espectador participar de los juicio precipitados y los prejuicios de las nuevas clases emergentes, heredados de unas clases dominantes del ancien régime, transmitidas de generación en generación y, como los contratos de vasallaje, incrustadas en las clases más populares que tienden a imitar a quienes están por encima de ellos. Los criados Bailon y Bailonte, son los cancerberos de una clase que, en la década de los 30 no era consciente de lo que les esperaba: crisis bursátil, guerra mundial acompañada de genocidio y holocausto, recuperación y revolución de la década de los 60 que les daría la puntilla final. La clase pudiente es cada vez más poderosa y la pobreza, no sólo se arraiga en algunas zonas de la Tierra, sino que se expande a clases anteriormente protegidas, pero, conscientes de su vulnerabilidad, procuran esconder sus despilfarros, dejando las portadas de la prensa escrita para solaz de las clases populares a 'princesas del pueblo' coronadas por los más desgraciados, encargadas de extender entre el público  la experiencia vicaria de quienes se visten de falsos brillantes, encajes y pedrería de low cost.






El film debiera promover una reflexión  interesante en torno a la condición humana, que frente al matrimonio de conveniencia, basado en imperativos económicos, ofrece el amor romántico, que atravesado por la pasión y la irracionalidad se extiende por las capas más débiles de la sociedad sembrando dolor y frustración. Cuando se acaba ¿Qué queda? En los casos de mayor éxito, el amor fraternal entre quienes han convivido durante muchos años. Me van a apalizar, espero que simbólicamente, cuando digo ésto, mas, en el matrimonio de conveniencía cuando se acaba el amor queda el dinero y la consideración social, los mayores valores para algunos. ¿Qué queda en la mayoría de los hogares de los pobres? En muchas ocasiones fraternidad, compañerismo, en otros, todos sabemos.

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