Una vida a lo grande. Alexander Payne.




Ficha técnica, sinopsis, premios, lo que se dice, cartel y  trailer (Pinchad aquí)



Crítica:



Alexander Payne no es Voltaire, ni su historia, basado en un guión propio, en comandita con Jim Taylor, la del gigante Micromegas, procedente del planeta Sirio, que se enfrentó a los hombres diminutos  pero voraces de la Tierra, la que gobierna el film de Payne,  pero ha hecho la mejor película del año, según el criterio de algún top critic o creador de opinión de los diferentes periódicos, como los españoles, "un gran y diminutamente enorme (o al revés) arranque de festival, sin duda,"  (Luís Martínez, diario 'El Mundo').  Se le ha comparado con Capra y a su protagonista, Paul Safranek, interpretado por Matt Demon, con Juan Nadie, y es en este punto, en el de la inmersión en la sensibilidad humana, que caracteriza al sobrevalorado director, en el que Payne, como ocurre con los mejores autores clásico, convierte su película en un hito, un testimonio atemporal  de nuestra sociedad, (Todd Mc Carthy, 'The Hollywood Reporter')



Entiendo que la conjunción de calificativos como el mejor film del año, atemporal o actual y la acumulación de referentes como Voltaire, Lucas o Juan Capra, entre otros, unido a un planteamiento canónico del tema, con sus tres actos reparadores, puede resultar atractiva para un público pretendidamente elitista, al que, con el objetivo de evitar el más mínimo amago de spoiler, se le oculta en parte que el background del film es el tema de la defensa del medioambiente, por lo que el director, que no se había preocupado hasta el momento del tema, elige como su protagonista a un actor-activista como Matt Damon,  que puso su voz a 'Una verdad incómoda', el famoso documental en defensa de la Tierra que hizo Al Gore en 2006, y ha participado en películas de clara denuncia social del deterioro del medioambiente, como 'Tierra prometida' (2013), o que se acercan al tema tangencialmente (Elysium, Marte...), una militancia en la que le acompaña otra de los grandes estrellas norteamericanas : Lonardo DiCaprio.

Vale  la pena advertirlo porque hay a quien le molesta ir al cine a que le planteen cuestiones que le obliguen a reflexionar sobre asuntos que le traen sin cuidado (un actitud que va a denunciar con claridad Payne)  y se les ve abandonar la sala cuando comienza a hacerse evidente el subtexto. Presentados los personajes y el contexto espacio-temporal en que se ubican, cuyo protagonista es un tipo corriente de Ohama, que se integra en el seno de una clase media sin problemas para llegar a fin de mes, aunque quizá preocupados por la crisis de superpoblación que está atravesando nuestro planeta, agravada por la escasez de recursos, decide enrolarse en una de las soluciones que se le proponen y abandonar su estado de alienación.





 Es ahora cuando entramos en el acto que tradicionalmente se ha clasificado  como nudo del relato, al que ahora mucho teóricos, como Daniel Tubaut, prefieren llamar el momento de confrontación del espectador con el tema que se le plantea. Este es el acto en el que Alexander Payne se introduce por un camino que le obliga a desviarse del discurso formal e intelectual que lo caracteriza, y para ellos se introduce en uno de los temas estrella del activismo mundial, la defensa del medio ambiente, y opta por un lenguaje propio del género de ciencia-ficción, acumulando referentes cinemtagográficos, como el de Lucas en THX 1138, (Matt Demon inmerso en esos espacios blancos e inmaculados con la cabeza y las cejas, rapads), o el cuento clásico de Jack Arnold de  'El hombre menguante', en el que Scott Carey, interpretado por Grant William) se ve envuelto en medio del mar, mientras navega en su yate, por un extraña nube (¿de contaminación),  Unos meses después, empieza a notar extraños cambios en su cuerpo: poco a poco va perdiendo peso y altura hasta hacerse casi invisible. A partir de entonces, su vida será una pesadilla, una lucha constante por la supervivencia en la que lo cotidiano (un gato, una araña) representa para él una amenaza mortal que sólo su ingenio puede conjurar." (cinelodeon.com El increible hombre menguante). Esta es quizá la mejor parte del film, la más comprometida: si el hombre es incapaz de recudir su consumo, agotar los recursos de la tierra y conducir al desastre, se le reduce a él y el  daño es mucho menor. Pero estamos en Norteamerica, y el libre albedrío es sagrado, por lo que está reducción del tamaño de los seres humanos a algo más de 10 cntímetros se plantea como voluntaria, no goza de tantos voluntarios; la propia mujer de Paul Safranenek, cuando él ya ha sido recucido, lo abandona y vuelve al hogar  sin pelo y con una de las cejas afeitada.






Tras el desarrollo de este núcleo central, el más ingenu y naïf, y con cierto toque de secta y Cumbayá,  en el que el profesor , el  Dr. Jorgen Asbjørnsen, (Rolf Lassgård ), financiado por la viuda de quien se enriqueció fabricando gas mostaza, lo que no está exento de una cruel paradoja, derrotado y pesimista, muestra su desencanto, su certeza de que,  si el deshielo libera gases venenosos, los días de la humanidad están contados, un enfoque que conecta con el segundo documental de Al Gore,'Una verdad muy incómoda: ahora o nunca', dirigida por  Bonni Cohen, John Shenk durante el año en curso, 2017, quien todavía aporta ideas nuevas en la defensa del medio natural que hace posible la supervivencia de la especia humana, especialmente en Estados Unidos.

Una fase de conclusión dominada por la epifanía o el nacimiento de un hombre nuevo, al que se ofrecen dos caminos: o sigue al profesor   Dr. Jorgen Asbjørnsen en una solución extrema, practicada por una élite sectaria de influencia hippie,  que garantice la supervivencia de la especie humana (aquí hay cierto toque irónico que rebaja las pretensiones del proyecto), o , asumido el lema de los ecologistas de que 'hay que conocer globalmente y actuar localmente', el hombre, consciente de sus limitaciones, decide dedicarse a combatir la aporofobia (concepto ideado por Adela Cortina) y ayudar a los que han caído en la pobreza a causa de la pérdida de la salud, del empleo, de las guerras.... y ayudar a la humanidad, errada o no, hasta que se produzca el desastre que augura Lars Von Trier en 'Melancolía.

Esta es la parte en la que, empecinado en mostrar ese lado humanista que tantos réditos le han dado, Alexader Payne se torna más naïf y ensimismado, en una conclusión que perfectamente hubiera podido reducir, aunque sólo fuera porque sus fans no sintieran ya el peso de la redundancia meliflua de tanta nostalgia de la década de los 60, ni la presión de quienes son menos afectos al cineasta. En roman paladino: la podía haber reducido un poco y evitar de paso más de una cursilada, que no lo hace más humano, sino más folclórico. A mí me gustó, pero a mis acompañantes no, lo cual no es ninguna garantía para nadie; su visionado, sin embargo,  aporta algo: el avanzar en el conocimiento de este   cineasta.



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