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Johnny B.Zero

lunes, 15 de enero de 2018

Barby, escuela de princesas. Zeke Norton




Ficha técnica:


Título original: Princes Charm School
País: Estados Unidos.
Año: 2011.
Duración:  81 minutos.

Dirección: Ezekiel Norton, Terry Clasen.
Guión: Elise Allen, Katy Rocky.
Dirección de Fotografía: Animación.


Productores: Sam McCorkindale, Shelley Tabut. BC Smith.
Productores ejecutivos: Rob Hudnut, Kim Dent Wilder.
Diseño de producción: Walter P.Marthisius
Compañías productoras: Rainmarker Entertainment Production.


Intérpretes:


Animación.


Sinopsis:



Barbie hace el papel de Bleer una chica normal que esta invitada a formar parte de una escuela muy prestigiada: la Escuela de princesas. Bleer tendrá que aprender a ser una princesa para poder graduarse. Con la ayuda de sus amigas y un poco de magia, aprenderá a que, una princesa no sólo tiene que ser hermosa, sino que tiene que tener: actitud, valor y mucha confianza! Y que la verdadera princesa se lleva en el corazón.


Comentario:



Es evidente que para cada padre y cada madre su hija es una princesa, un calificativo utilizado de forma metafórica. Ante esto  no habría nada que objetar al film, teniendo en cuenta además, que las niñas son muy kitch en la preadolescencia, un gusto que fomentan los horribles juguetes multicolor de plástico no renovable, con los que se ha fracaso cuando se ha intentado dar miedo (Chucky, y no porque no sea diabólico, sino porque es  cutre). En ellas es más grave porque se fomenta el gusto por los colores chillones,las rubias teñidas, los cuerpos imposibles, y la ideología más atávica y casposa que nadie que no se haya asomado nunca a estas películas pueda imaginar.

Hay quien se asusta cuando oye a otro decir, 'yo no soy un súbdito', porque interpreta que de forma indirecta lo califican a él de tal. En estas películas no hay problema: se divide a las chicas en las que tienen sangre real y las plebeyas, que a lo sumo que pueden aspirar es a ser damas de honor y súbditas de las primeras. Cada una de ellas goza de la ayuda de un hada minúscula, y debe aprender a caminar llevando sobre su cabeza más libros de los que va a leer en su vida (para eso sirven, para enseñar a andar rectar a las elegidas), usar bien los cubiertos y todas las fórmulas de cortesía imaginables.

Es triste que los padres se dediquen a las tertulias con sus amigos tan tranquilamente mientras sus hijas (porque suelen ser niñas) aprenden todas las formas de sumisión en la habitación contigua, ya no solo al varón, sino a los de clase más elevada que ellas, al tiempo que se les enseña a comportarse como víctimas, haciéndoles ver que es ahí, en la sumisión, donde reside la auténtica felicidad. Pero hay más: para que las cosas acaben bien, la protagonista no puede ser una cenicienta, una arribista que, merced a sus encantos acaba en la cúspide social. Debe proceder de ella, un lugar del que ha sido apartada con malas artes, al que volverá gracias a sus merecimientos, gozando del consenso de todas las demás.

81 minutos de disfrute multicolor, en sesiones de verdadera manipulación infantil. Pronto sabrán que ni son princesas ni se casarán con el príncipe, una decepción más en la vida, que sólo tutores conscientes pueden dirigir; en torno a la Barbie hay otros modelos más audaces, pero no dudo que este será del agrado de las más pequeñas.




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