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Johnny B.Zero

martes, 23 de enero de 2018

Detroit. Kathryn Bigelow.



SINO SE RESISTEN, NO LES ATICÉIS. SUBIDLOS A LA FURGONETA PARA EVITAR UNA DEMOSTRACIÓN PÚBLICA.


Ficha técnica, sinopsis, lo que dice la prensa, cartel y trailer. (Pinchad aquí).


Crítica:



"La gran migración negra que arrancó antes de la Primera Guerra Mundial animó a cerca de seis millones de afroamericanos a abandonar los campos de algodón del sur atraídos por los trabajos de las fábricas y los derechos civiles en el Norte. Tras la II Guerra Mundial, los americanos blancos comenzaron su emigración hacia los suburbios,, llevándose el dinero y los puestos de trabajo de los barrios urbanos, donde creció la segregación. En los años 60 las tensiones raciales alcanzaron su punto álgido. Hubo disturbios en Harlem, Filadelfia, Watts y Netwark o Detroit, donde los afroamericanos se agrupaban en unos pocos barrios superpoblados, recorridos por patrullas de policía predominantemente blancas. La promesa de igualdad para todos resultó ser un espejismo. El cambio era inevitable. Solo era cuestión de cómo y cuándo llegaría. "

Kathryn Bigelow comienza el film contextualizando su relato en las tensiones raciales que azotaron Detroit en los años 60 y nos introduce in medias res de la narración de un truculenta historia de abuso policial cuyo origen desconoce el espectador, una elección que le ha valido funestas interpretaciones, como la de Nando Salvá que afirma en 'El Periódico' que : "El resultado es un relato despojado de todo trasfondo y absolutamente deshistorizado; la violencia acaba teniendo aquí la misma significancia que tendría en cualquier 'thriller'. Al final, el modo en que se regodea en el dolor y el terror que sufrían los negros en la América de los 60 no trasciende el mero sadismo, y por tanto sus lecciones morales resultan más bien deshonestas." 1 Cuando escuchamos lo de relato deshistorizado nos quedamos algo confusos, ya que  ignoramos si se refiere al contexto histórico en el que se produjeron estos acontecimientos, que fueron narrados extensa y profusamente por Philip Roth en 'Pastoral americana', o si se refiere al desarrollo de los personajes que protagonizan la historia, entre los que se encuentran desde veteranos de guerra hasta el último trabajador de la ciudad que se divierten en un hotel, una noche cualquiera, cuando unos cuantos policías alguno de los cuales tiene antecedentes derivados del síndrome del gatillo fácil, irrumpen en el espacio en el que los afroamericanos celebran su fiesta. Pero, si el crítico tuviera algo de sensibilidad, después de escribir esto se habrá sentido mal viendo cómo un policía mata, en la vida real, a un joven blanco cuyo único error había sido comprarse una pistola de juguete y divertirse delante de una ventana, sin ser consciente del riesgo que corría. Esto es algo que todo el mundo ha visto en las televisiones.

Oti Rodriguez Marchante del diario ABC dice en la entradilla de su artículo algo muy oscuro:"Es una película muy dura, sí, porque la historia no permitiría otra menor intensidad, pero la mano de Bigelow la tergiversa y nos cuenta lo que no es, dejándose sin contar lo que es". 2 La cuestión radica en qué es lo que es y qué es lo que no es. Rodriguez Marchante afirma que :"La película de Bigelow es funcional en su estructura y delirante en su esencia, pues arranca de la categoría (injusticia, violencia, disturbios, caos…) para instalarse en la anécdota, que el guion banaliza en la actuación de dos o tres policías malos y una decena de ciudadanos negros convertidos en víctimas de una noche psicótica." 2 Claro que esta interpretación plantea una cuestión que deja desorientados a los lectores: ¿Estos acontecimientos se producen porque hay un policía malo (los otros son más decentes), o porque toda la policía es mala? Creo que Bigelow deja bastante claro que no todo el cuerpo funciona igual, no sólo algunos dejan escapar a jóvenes a los que sienten sentenciados, sino que en el juicio dos de los tres policías que incumplieron la ley obran según su conciencia. No hay nadie que pueda afirmar que en su colectivo no puede haber un garbanzo negro, y los policías de Bigelow no actúan corporativamente, como hacen algunos periodistas.

Cuando el terror se impone como forma de convivencia acaba doblegando a todos, víctimas, verdugos, informadores, guardias privados, víctimas. Es tal el poder que ejerce el verdugo que hace temer a todos los demás que no tenga límites y los alcance. Una mala suerte se cruza en el camino de unos jóvenes negros cuyo único delito ha consistido en intentar pasar una noche divertida en compañía de chicas blancas. Aquí la perversion no está tan restringida y el racismo se extiende en mayor medida entre la población blanca. Muchos han hablado de estos acontecimientos de forma colateral a otras historias, pero Kathryn Bigelow pone su foco en un hecho aislado y brutal, que, por desgracia, no era extraño en el periodo temporal que acota; poco importa que fuera en Detroit  o en cualquier otro lugar, y sí el origen estuvo en una pistola de plástico, el robo de comida para matar el hambre o cualquier otra razón. Si esta tensión se siente en la actualidad nada tiene que ver con lo que pudo ocurrir en la década de los  60, sino con la resistencia a aceptar  por algunos colectivos el fin de la esclavitud en amplias zonas del Sur de Estados Unidos.Y esto no se lo inventa Kathryn Bigelow que conoce bien su país.


1. Detroit: furia desbocada. Diario 'El Periódico, 14 de septiembre de 2017.
2. Crítica de Detroit: Quedarse en las afueras de Detroit. Diario ABC, 14 de septiembre de 2017.






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