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Johnny B.Zero

lunes, 22 de enero de 2018

El hombre invisible. James Whale.






Ficha técnica:


Título original: The Invisible Man.
País: Estados Unidos.
Año: 1933.
Duración: 71 minutos.

Dirección:James Whale.
Guión: R.C. Sherriff, basadoen unanovela de H.G.Wells.
Cámara:  Arthur Edeson.
Música: Eim Roemheld.
Dirección artística: Charles D.Hall.
Edición: Ted  J. Kent.
Efectos especiales: John P.Fulton.

Departamento de maquillaje: Jack P.Pierce.

Productor: Carl Laemmle, Jr..
Compañías productoras: Universal Picture, NRA,


Intérpretes:



Claude Rains: Jack Griffin, el hombre invisible,
Gloria Stuart: Flora Cranley,
William Harrigan: Dr. Arthur Kemp,
Henry Travers: Dr. Cranley,
Una O'Connor: Jenny Hall,
Forrester Harvey: Herbert Hall,
Holmes Herbert : Jefe de Policía,
E.E.Clive: alguacil Jaffers.
Dudley Digges: Detective-Jefe,
Harry Stubbs: Inspector Bird,
Donald Stuart: Inspector Lane,
Merle Tottenham: Millie.


Sinopsis: 




Basado en la novela de H.G.Wells , el creador de 'La Guerra de los mundos', narra la historia de un científico, Jack Griffin, que buscaba la fórmula para hacerse invisible y la encontró, no así el antídoto que lo volviera a la normalidad cuando lo precisaba. Paralelamente el film crea unos personajes, que no están en la historia de Wells, para sumar un relato de amor, la de Jack y Flora, la hija del Dr. Cranley, para el que trabaja su amado, y el de un compañera que compite por el amor de esta mujer., el doctor Arthur Kemp.



Crítica:



Obra del 'cineasta' británico James Wahle, nacido en 1889 en Dudley Staffs, en los Middlands Occidentales (Inglaterra), es conocido por las versiones cinematográficas del personaje de Mary Shelley, 'Frankenstein', 1931, 'La novia de Frankenstein', 1935, y la que ahora presentamos 'El hombre invisible'. Todas ellas inciden en el combate atávico y ancestral entre Dios y la ciencia que intenta emularlo y crear vida o alterar significativamente la existente. No podemos olvidar los años en los que Wahle hizo estas películas, cuando Hitler estaba a punto de alcanzar el poder y surgía el mito del doctor maligno que experimentaba con el color de los cabellos, la piel, los ojos, para perfeccionar la raza aria. El Doctor Jack  Griffin se torna invisible en el proceso de una investigación que intenta despigmentar, aclarar el color de la piel hasta el punto que uno de sus animales-cobayas se torna blanco.

Hijo de un herrero y una enfermera, puso escapar de esta profesión gracias a su escasa fortaleza física que lo hizo, `primero zapatero, después dibujante y por último director de teatro'. Terminada la primera Guerra Mundial se trasladó a Birmingham, trabajo en el teatro, hasta estrenar  'Lo que queda del día', con un desconocido Lawrence Olivier, y más tarde en el Est End de Loncres con Colin Clive. El salto al cine  no fue difícil, donde comenzó con una versión para la gran pantalla de esta obra de teatro. Arratró con él a la gloria a los actores que le acompañaron en la aventura, entre ellos Claude Rains y Gloria Stuart, protagonistas de este film

'El hombre invisible´ pone en evidencia aquello que afirmaba Tarkovsky, cuando sentenciaba que toda elección impone un sacrificio. La carrera del cine en pos de la verosimilitud ha prescindido de la magia de ciertas imágenes, increíbles pero sencillas, logradas con pequeños cables o recursos muy primitivos, en sets ligeros, no artificiosos y fríos como los del cine indie, sino de proporciones más modestas, aunque Wahle decora con gusto los sets, los dota altos techos, y, aunque se le atribuye el hecho de ser el primer director que movió la cámara durante el rodaje, no permite que estos nos caigan encima. Y es, en cierta medida, la sencillez del lenguaje cinematográfico, la falta de color que tanto molestaba a Maximo Gorki, lo que dota de magia y provoca la emoción al ver esas camisas que se mueven sin nadie dentro, precedidas por un cigarro que se enciende. Todo un divertimento; es posible que no exagere quien diga que es la mejor versión que se ha hecho de la obra de Wells; no le falta razón a quien piensa que un film de esta categoría, que representa magistralmente el uso espurio que se hizo de la ciencia en las décadas de los 30 y los 40 del siglo pasado, es con toda probabilidad innecesario. Por otro lado, el film de Whale ha dejado un poso inconfundible en cineastas que le sucedieron, como ese camino protegido por una endeble valla por el que llegaban 'Los invasores de Marte' de Tobe Hooper, el mismo por el que se aproxima el hombre invisible para desgracia del pequeño poblado, en cuya taberna hace exhibición de su potentes gritos Una O'Connor.






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