Largo fin de semana. Colin Eggleston.




Ficha técnica:


Título original: Long Weekend.
País: Australia.
Año: 1978.
Duración: 95 minutos.

Dirección: Colin Eggleston.
Guión: Everett De Roche.
Director de Fotografía: Vincent Monton.
Música: Michael Carlos.
Editor: Brian Kavanagh.
Departamento de arte: Tony Hunt.

Diseño de Vestuario: Kevin Regan.
Maquillaje: Deryck de Niese.

Productores: Colin Eggleston.
Productor ejecutivo: Richard Brennan.
Diseño de producción: Larry Eastwood.
Compañías productoras: Dugong Films Presents


Intérpretes:


John Hargraves. Peter
Briony Behets: Marcia,
Mike McEwen: Truckie,
Roy Day: Old Fisherman,
Michael Aitkens: Barman,
Sue Kiss von Soly: chica de ciudad.





Sinopsis:



Una pareja formada por Peter (Hargreaves) y Marcia(Behets) se toma unas vacaciones y se adentra en un bosque con su perro, con el fin de solucionar sus problemas matrimoniales, acampando y entrando en contacto con la naturaleza. Sin embargo, esto es a lo que menos podrán dedicarse; por otra parte muestra una falta de respeto por el medio natural. Ambos fuman y echan las colillas de cigarros en arbustos secos, rocían con insecticidas, e incluso Peter mata un mamífero marino, un dugong, una especie que dio lugar al mito de las sirenas y su célebre canto. Cuando el desencuentro de la pareja se hace más y más visible, la naturaleza reacciona y comienza a devolver los golpes, primero mediante el ataque al hombre de un águila y una zarigüeya, y más tarde con métodos más insidiosos. En 2008, el director Jamie Blanks realizó un remake protagonizado por James Caviezel.


En 1978 el film fue premiado en el Festival de Cine Fantástico de Sitges, un certamen en el que recibió los galardones a la  'Mejor película' y  el ' Mejor actor' (Hargreaves).


Crítica:


El finado cineasta Colin Eggleston (fallecido en 2002) realizó  en 1978 'Largo fin de semana', un film oscuro y muy difícil de interpretar, como ponen en evidencia las escasas críticas que han quedado, que intentan ser brillantes con la simple exhibición de cierto grado de erudición, de conocimiento del cine australiano y de comparación del extraño film con otros realizados por cineastas de su país, pero se hunden cuando ni siquiera intentan desvelar el foreground y el background o subtexto que anida en la estructura profunda del relato. En efecto estamos ante una película en la que tanto la trama o historia superficial (foreground) y el desarrollo de los personajes (background o subtexto, según interpretación de Tubaut), son muy débiles y la historia está tejida con un tema muy superficial con el objetivo de dar cierto sentido a la película, pero sin llegar a constituir una trama que el espectador pueda seguir, sino constituyendo una antitrama según los teóricos que elucubran en torno al guión.

¿Cómo hace ésto? Optando por una estructura narrativa ramificante en la que intervienen varios narradores (Peter, Marcia y otros personajes que no vemos pero que intuimos gracias a planos subjetivos muy amenazantes) y mediante un uso del sonido que contradice las imágenes de manera brutal, dando lugar a dos películas: una sonora y otra visual. Vamos a justificar esto que decimos. Las primeras imágenes que ilustran los créditos nos muestran unas calas espectaculares, en las que montañas rocosas rodean un mar azul; estas tomas dan paso a los preparativos de una pareja dispuesta a iniciar un breve periodo de descanso y resolver sus problemas  de convivencia que parecer serios y que sólo conocemos a través de breves diálogos. Colocados en la carretera con su todo-terreno y sus bagajes emprenden el camino hacia el lugar medio selvátivo y apenas hollado por el hombre; hacen la última parada en un lugar habitado, anuncian su destino provocando cierta extrañeza y se dirigen a su objetivo, desobedeciendo alguna señal, abriendo una verja sellada y rozando en su marcha algún animal. Nada diferente a lo que ocurre en cientos de películas de terror americanas, más o menos comerciales.

Una vez instalados entre los árboles, donde han colocado una pequeña tienda, comienzan a comportarse como verdaderos capitolinos (encienden fuego, echan colillas en la hojarasca seca, usan insecticidas, violentan el entorno con su radio, introducen instrumentos industriales, tablas, arpones, esterillas...), breves gestos que apenas llaman la atención de un espectador acostumbrado a realizarlos cada vez que sale a disfrutar de la naturaleza, hasta que comienzan a percatarse de que ocurre algo que no saben interpretar, y que los dejará absolutamente desconcertados cuando Peter sufra el ataque de un águila y una zarigüeya, que está robándoles la comida y a la que intenta acariciar. Esta sería la película visual de que habla Daniel Tubaut, que no avanzará mucho más y que nos llevará a un desenlace que no se acaba de entender bien. Paralelamente, casi desde que llegan al lugar paradisíaco en el que se instalan, comienza una película paralela, la sonora. El canto terrible de un dugong, un mamífero marino que sobrevive en las costas de Australia, entre otras zonas costeras del Índico y el Pacífico, y que ha dado origen al mito de las sirenas invade cada rincón del espacio. Su gemido inunda el bosque y aterroriza a la pareja tanto fuera como dentro del agua, cuando aparece mientras el joven surfea. Sus gemidos funcionan como una tuba de guerra que alerta a los dueños del bosque, que vigilan a la pareja y controlan hasta sus más mínimos movimientos. Alguna furgoneta dispersa, e incluso un vehículo similar al de Peter y Marcia aparecen como restos de pasados combates, que no tienen explicación.  Cada temor encuentra una explicación lógica que calma a los intrusos,hasta que va aumentando su frecuencia e intensidad.

El espectador permanece confuso esperando un final convencional en el que se le cuente cómo y por qué se produce esta desazón fuera y dentro de la pantalla, pero  Colin Eggleston no está dispuesto a ayudarle a sacar sus conclusiones. En un breve rifirrafe entre el hombre y la mujer sale a la luz por un instante la  causa del distanciamiento entre ambos, que tiene que ver con un aborto al que ella se sometió y que él equipara con la destrucción del huevo del águila (tras la agresión de ésta al joven) por parte de su mujer, cuando lo estampa contra el tronco de un árbol, de cuyo interior sale sangre mezclada con otros restos orgánicos en desarrollo, que podría explicar el origen del ataque del animal depredador que acude en busca de su potencial cría. El film está realizado en 1978 y es difícil entender en 2018 la postura ideológica de Eggleston y las relaciones que establece entre el aborto y la agresión a la naturaleza que se rebela contra el humano que la amenaza, aunque parece que todo está relacionado. Un film muy interesante que logra aterrorizar al espectador con esa historia superficial de la que habla el escritor de 'El guión del siglo XXI', sin que suceda nada que no pueda ser explicado de forma racional, mediante la contemplación de las imágenes, pero que hace sentir a su público mediante un uso paralelo del sonido muy amenazador que las cosas no son como se ven. Algo similar hará en tiempos muy recientes Christopher Nolan en su película 'Dunkerque' en la que nos niega la imagen de un solo soldado alemán, pero hace sentir su presencia amenazadora con la banda sonora; si el relato visual es demoledor, el sonoro es más aterrador todavía. ¿Estamos ante un film antiabortista que equipara la agresión a la naturaleza con la decisión de una mujer de interrumpir su embarazo? Es muy difícil de establecer esta conclusión, pero el diálogo entre el hombre y la mujer está ahí, y e 1978 ya existía este debate, aunque no con la intensidad que se da en la actualidad. Lo que si es cierto es que este breve diálogo de la pareja, cargado de violencia, está ahí, en el centro de una lucha entre el hombre y la naturaleza.

El film está disponible en el videoclub de ONO.




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