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Johnny B.Zero

sábado, 10 de febrero de 2018

The Florida Project. Crítica.




UNA HISTORIA UBICADA EN LA FRONTERA DE LA PROSPERIDAD Y LA RIQUEZA

Ficha técnica, sinopsis, premios, lo que se dice. (Pincha aquí).


Siempre resulta motivador asistir a la proyección de un film de un jovencísimo director indie, que se aparta de las características del género, (tratamiento del color, acercamiento a los personajes, minimalismo..), para subvertirlo, cuestionarlo y adaptar la forma al contenido, el discurso visual al intelectual, y hacer partícipe a su público de una realidad que muchos ciudadanos no quieren ver, entre ellos, la mayoría, que pertenecen a eso que algunos políticos llaman 'clase media trabajadora', que es tan obrera como el resto, ya que depende de su sueldo para sobrevivir, aunque no necesite, de momento del apoyo de las asociaciones benéficas, gubernamentales o no. Sean Baker goza ya de prestigio  gracias a películas como Tangerine, un film rodado con un iPhone que triunfó en Sundance, y que provoca el mismo rechazo en las clases medias y burguesas que admiración de estos mismos grupos ante películas como Her de Spike Jonce. Mas, tanto uno como otro han sido avalados por la intransigente top critic : Manohla Dargis, The New York Times. 






Desde que comienza el film con una imagen de dos niños contra una pared rosa, el espectador entiende qué tipo de película va a ver, aunque algo empieza a olerse cuando se da cuenta de que el cine multisalas ha refugiado la película, que merece ser proyectada en un local céntrico porque viene avalada por múltiples nominaciones a los premios más importantes que se otorgan a las mejores películas, equipos y actores de Occidente, en una de las salas más pequeñas, que dicho sea de paso, tampoco se llena. Una realidad diferente a la que se produce en los cines que antaño se llamaban de ensayo y hoy recogen a los sectores más formados y progresistas de la sociedad, que presentan un abanico de edad más amplio.



Sean Baker


El director de Tangerine nos traslada, durante 111 minutos, a un motel de carretera en las cercanías de Disneyworld, unas instalaciones que durante largas temporadas son ocupados por familias, generalmente monoparentales con hijos, que en caso contrario se integrarían en el colectivo de los llamados 'sin techo', con la condición de que salgan de la habitación durante cierto tiempo para no generar ningún derecho, y vuelvan a ellas u otras diferentes, transcurrido cierto tiempo. El encargado de administrar este motel es Willem Dafoe, que interpreta el papel humanísimo de Bobby, un actor al que no estamos acostumbrados a ver sin el ceño fruncido y pergeñando maldades, sino pacífico, sonriente y protector de cada uno de los ocupantes de la instalación hotelera, una construcción reconocible para los occidentales gracias a las películas y documentales; en una de estas habitaciones mataron a Martin Luther King. Memorable la secuencia en la que espanta a un depredador sexual de edad avanzada que merodea en torno a unos niños carentes de prejuicios y de maldad, a pesar de sus formas, propias de quien crece 'a su aire', como las plantas y tan frágiles como ellas, como lo evidencia la secuencia final.




Lo que provoca el escándalo de cierto sector del público que entiende el cine, no como la Nouvelle Vague que le atribuye el objetivo de abrir ventanas nuevas al conocimiento, sino como una distracción de fin de semana, no es que haya una pobreza ostensible, -los niños visten como cualquiera, ocupan habitaciones dignas e incluso comen pizzas que llevan a sus habitaciones en grandes cajas los empleados de las Fat-Foods - llamadas también Junk-Foods o establecimiento de comida-basura -, pero su lenguaje roza con frecuencia lo obsceno; sus madres cubren una parte importante de su cuerpo con tatuajes extensos y llevan mechas californianas de colores (verde, rosa, azul), con frecuencia medio desteñidos y ostentosamente aclarados por la carencia de recursos para mantenerlos con la apariencia inicial. En la actualidad son muchas y muchos los jóvenes europeos (no sabemos si Sean Baker nos muestra este look como algo propio de grupos marginados en América) de cualquier clase social que adoptan esta estética que los diferencia de los mayores y de los más débiles de su propia tribu.




El film es interesante y nos muestra una solución habitacional que no se ha contemplado en España, donde el máximo esfuerzo se realiza en los temporales de frío, en los que se abren paradas de metro y otros lugares públicos cubiertos para que los más pobres se puedan refugiar. Un film recomendable para aquel que quiera conocer a los jóvenes realizadores, los géneros en los que se inscriben y lo que pueden hacer con los recursos que tienen a su disposición. A mí me gustó.










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