Yo serví al rey de Inglaterra. Crítica.








Ficha técnica, sinopsis. Críticas. (Pinchad aquí).


Crítica:




Llegan de nuevo unas largas vacaciones, y en este periodo de relax aconsejamos este film de Jiri Menzel. Es difícil asegurar que Wes Anderson se basó en este título para hacer su última película 'El Gran Hotel Budapest', pero también resultaría extraño aseverar que no la había visto, y que los personajes de Gustave H y de Zero no se habían inspirado en los de Skrivánek, interpretado por Martin Huba, y Jan Ditie, el protagonista, que interpreta Ivan Barnev. Aunque ambos relatos se sitúan en un país imaginario de Europa del Este , dominado por los fascistas hasta la derrota de Hitler y después por los comunistas. Anderson revela que para hacer su octavo filme se ha inspirado en diversas fuentes, tales como las comedias anteriores a la introducción del Código Hays (Pre-Code) realizadas durante los años 30, así como las historias y memorias del escritor vienés Stefan Zweig, lecturas como ‘Eichmann en Jerusalén’, de Hannah Arendt, que tenía muy poco que ver directamente con la cinta, pero que contiene un fascinante análisis de cómo respondió cada uno de los países europeos al desafío nazi y de cómo llegó a descomponerse todo un continente; así como ‘Suite Française’, de Irène Némirovsky. Sin embargo el paralelismo con el film de Menzel, en el tono festivo, irónico, en ocasiones surrealista y con grandes dosis de fantasía y realismo mágico, es más que evidente, con excepción de la gama cromática, cálida y excitante en el americano y suave y muy británica en el checo. No podía pasar desapercibido para un realizador de la cultura de Wes Anderson un modesto cineasta, adaptador de varias obras del escritor checo Bohumil Hrabal, una de las cuales, 'Trenes rigurosamente vigilados' consiguió un Oscar a la mejor película extranjera en 1967.





Mujeres destinadas a la procreación de una descendencia nazi.



Pero hay diferencias entre unos personajes y otros, derivadas del lugar de nacimiento, de la generación a que pertenecen ambos directores y del régimen y sistema en que fueron educados. Jan Ditie, un chico de pueblo que vendía salchichas en la estación, bajito como Hitler, lo que le auguraba un buen futuro, aspiraba a convertirse en millonario y codearse con la alta sociedad, a diferencia de Gustave cuya vocación era servir a sus clientes como Conserge, 'El Conserge', del gran Hotel Budapest, para el que el servilismo no era una carga, sino un honor. Ditie tampoco era un rebelde, se adaptaba bien a cada situación y admiraba a los clientes ricos que competían con la mayor de las multinacionales, la Iglesia que vendía un producto que nadie había visto, que comercializaba con el nombre de Dios. Pasó por varios hoteles (Trichota, Paris...) de los que huía cuando ponía una zancadilla (en algún caso literal) a sus propios compañeros para prosperar, y en cada cambio ascendía un escalón y acumulaba el dinero que le iba a conducir a la meta. Durante este viaje de hotel en hotel aprendió que lemas como el de que 'el trabajo ennoblece' (Arbeit macht frei' de los nazis) lo habían inventado los que pasaban el día bebiendo y comiendo y la noche persiguiendo chicas, así como mentiras piadosas en torno a la felicidad de la vida en el campo constituían una pesada broma de estos mismos personajes. Ditie disfrutaba echando monedas al cielo que estos ociosos enriquecidos, -frecuentemente ridiculizados-, se lanzaban a recoger del suelo como los más pobres de los pobres.






 Jiri Menzel parodia y caricaturiza la invasión nazi y la política pangermana de Hitler que intentaba recuperar todos los territorios que se habían ido independizando de Alemania por decisión de sus habitantes, reduciéndola a una guerra de calcetines y a los grandes movimientos de masas que eran sometidas a una diáspora continua en función de quien ganaba o perdía la guerra. El film nos muestra una realidad muy diferente a la que estamos acostumbrados a contemplar: las gentes vivían las fricciones continuas entre los territorios, el desarrollo de los soviets que contemporizaban con los hoteles para millonarios, sin ser conscientes de la que se avecinaba; Checoeslovaquia se rindió al principio y no entró en la guerra, pero cuando nuestro protagonista se hizo rico con el dinero obtenido por la venta de unos sellos de gran valor, requisados a los judíos enviados a los campos de exterminio, en cuya realización habían colaborado artistas checos en vísperas de la guerra, su país quedó bajo la égida de la URSS y se convirtió en un estado comunista; se le confiscaron sus bienes y fue encarcelado, pero se sintió orgulloso de poder compartir celda con los millonarios de su país y de cumplir su objetivo vital de codearse con ellos, que sin embargo lo despreciaron y ningunearon por no ser de los suyos. Cuando por fin llegó la amnistia salió de la cárcel de Praga contento porque había conseguido salir libre antes de cumplir los 15 años de condena: sólo había estado en la prisión 14 años y nueve meses. Este es el tono en que se narra la historia de un pueblo a través de un emigrado del campo a la ciudad que ambicionaba prosperar y acabó su vida en la pobreza y la depauperación, haciendo buena la broma de Groucho Marx: "Partiendo de la nada he alcanzado las cotas más elevadas de la miseria."



 



La selección de bellas mujeres para procrear con soldados del ejército alemán y de las SS, hombres de raza pura, que deambulan desnudas por los alrededores de un edificio destinado a este fin, está tratado en este mismo tono jocoso y sensual, que roza el ridículo en la relación amorosa de Jan con la germana hombruna y vestida a la manera de las campesinas de Baviera, que lo alecciona en torno a la pureza de la raza, que no es una cuestión de idioma, sino de sangre; el apareamiento con una raza inferior haría desaparecer las fuerzas de culto, le dice, mientras lo anima a buscar en su árbol genealógico un antepasado ario y cuando él nombra de pasada a su abuelo Joham Ditie, mozo de cuadra, ella reacciona alborozada ante una prueba evidente de que su antepasado no era un conde checo, sino un auténtico alemán, Herr Ditie. A medida que nos acercamos al momento en que cayó el muro de Berlín, estos hombres que crecieron entre el horror nazi y la tiranía comunista comenzaron a tener dificultades en su país y la última película de Menzel, 'Alondras en un alambre' , filmada en 1969 fue prohibida en su país.


 






Al final el tono se torna severo y grave y Jan Ditie, en una habitación de una enorme cabaña que le ha concedido el ejército de su país y él ha rehabilitado, rodeado de espejos, ve en ellos a un extraño; el hombre comienza a recordar y se hace preguntas, hace de fiscal y defensor de su propia vida y sus culpas: " Mientras que en su casa la gente sufría yo servía a jóvenes alemanas a las que cada noche visitaban soldados y miembros de las Waffen-SS, bajo supervisión científica; aquellas mujeres me consideraban un sirviente, aunque con frac, como si yo fuera un mueble ante el cual no tenían por qué sentir vergüenza por nada. Tomaban muchas precauciones para que ningún hombre las viera, pero yo podía mirarlas tranquilamente..." Muchos hombres, entre los cuales se encontraban Menzel y Hrabal, conservaron hasta el final su sensibilidad social y ridiculizaron a los compatriotas serviles que quieren prosperar a cualquier costa frente a otros más dignos como Skrivánek, que sirvió en la corte del rey de Inglaterra, pero tuvieron que sufrir la tiranía, primero de los nazis y después de los regímenes dependientes de Moscú, aunque su evolución hacia un sistema más democrático se hizo sin la violencia de las guerras de carácter nacionalista de Yugoeslavia, cuyas secuelas perduran. El hecho de haber evitado el conflicto bélico en todas las ocasiones se traduce en un film mucho más relajado, que puede permitirse el lujo de la ironía.




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