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Johnny B.Zero

domingo, 1 de abril de 2018

El ángel Ebrio. Akira Kurosawa.


ES NATURAL TENER MIEDO. CONFUNDIS LA INCONSCIENCIA CON EL VALOR, PERO SOIS TODOS UNA PANDILLA DE COBARDES, POR ESO OS HACÉIS TATUAJES, HABLÁIS A GRITOS Y ANDÁIS POR TODAS PARTES PAVONENDO...(AKIRA KUROSAWA)



Ficha técnica:


Título original: Yoidore tenshi.
País: Japón.
Año: estreno, 27 de abril de 1948.
Duración: 98 minutos.

Dirección: Akiraa Kurosawa.
Guión: Keinosuse Uekusa, Akira Kurosawa.
Dirección de Fotografía: Takeo Itô.
Música: Fumio Ayasaka.
Edición: Akikazu Kôno.
Decoración del set: Takashi Matsuyama.


Productor: Sôjiô Motoki.
Diseño de producción: Takashi Matsuyama.
Compañías productoras: Toho Company, Lyd.


Intérpretes:


Takashi Shimura: Doctor Sanada,
Toshirô Mifune: Matsunaga,
Reisaburo Yamamoto: Okada,
Michiyo Yogure: Nanae,
Choeko Nakakita: Enfermera Miyo,
Noriko Sengoku: Gin,
Shizuko Kasagi: Singer,
Eitarô Shindô: Takahama,
Masao Shimizu; Jefe,
Taiji Tonoyama: Tender.


Sinopsis:



Una noche, el gangster Marsunaga (Toshiro Mifune) llega a la clínica del doctor Sanada, un médico alcohólico (Takashi Shimura), solicitando con urgencia que le extraiga una bala. Entre el género policiaco y el drama social, la turbulenta relación entre los dos ofrece la posibilidad al director de mostrar el verdadero rostro del Japón de la posguerra, arruinado por los bombardeos y la derrota. Los barrios bajos de la ciudad son el marco idóneo para una historia de perdedores, impregnada de pesimismo y amargura.





Crítica:


Para dar forma a esta tragedia de carácter urbano ( el Kurosawa amado por Wes Anderson al que rinde homenaje en su último film de animación, 'Isla de perros') Akira Kurosawa usa un lenguaje clásico, y solo al fin de la historia su cámara se torna confusa, con ligeros picados, planos expresivos, personajes que dan la espalda al  objetivo, sumidos en una gran desesperación, perdida toda esperanza de salvar a un hombre hundido en su propia miseria y degradación.





Los títulos de crédito, en escritura japonesa, se inscriben en una pantalla que muestra la putrefacción de las calles encharcadas del barrio en el que se ha escrito hace tiempo el destino de Matsunaga. Las burbujas irisadas nos advierten de que los personajes que vamos a conocer conviven cada día con aguas infestadas en las que permanece latente un terrible virus mortal: la tuberculosis, de la que algunos logran escapar, guiados por un matasanos tan alcohólico como los demás, pero dispuesto a jugarse la vida para salvar a estos miserables.




De este modo, partiendo de lo general, - se habla de posguerra, aunque es una conclusión que el espectador sólo puede extraer por causas extradiegéticas -, la cámara de Kurosawa se mete en los rincones de los locales en los que operan los matones y las mafias, y donde se juntan las jóvenes esperando un buen padrino. El japonés deja entrever que este mundo no estaba libre de la violencia de género, presente a través de un hombre insignificante, un ex-carcelario que jugará un papel importante- que tañe su guitarra en la noche, y lanza un mensaje terrible que sólo su mujer entiende. En la secuencia final, un bote de pintura blanca derramada da esperanzas al espectador de que quizás haya alguna posibilidad de un final, si no feliz, al menos no tan triste.




Un film de Akira Kurosawa, cuya cámara se aleja y se eleva, concluida la historia. Una forma de hacer que resulta familiar en el cine que se hace en Estados Unidos. Imprescindible.




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