En realidad, nunca estuviste aquí.





INDIE SANGRIENTO



Ficha técnica, sinopsis,  premios, lo que se dice, fotografías, cartel y trailer (Pinchad aquí)



Crítica:



Lynne Ramsay, cineasta escocesa de reconocido prestigio en las Islas Británicas, responsable de 'Tenemos que hablar de Kevin', fiel a su estilo y sus preferencias temáticas, (las mujeres, los niños, la culpa, la muerte y sus secuelas), construye un film multirreferencial, imbricado en su tiempo, posmoderno..., un cuadro impresionista compuesto de pinceladas aparentemente inconexas, -recuerdos, fantasías, remordimientos-, que exigen al espectador alejarse para reconstruir el relato que se le propone, una lectura muy difícil en un primer visionado. Una puesta en escena con escasos diálogos, construidos con pequeñas piezas que constituyen un mosaico, ¿real o imaginado?, que en algunos momentos parece conducirnos por el mismo sendero que Mary Harron en 'American Psycho', una tentación que provocan el título del film y las dos últimas secuencias, en las que toda la vida del protagonista parece pasar ante sus ojos, haciéndole temblar de dolor. Se han establecido conexiones con Psicosis de Alfred Hitchcock, el origen del thriller psicológico y la relación que se establece entre Norman Bates y su madre, una cuestión en la que ambos directores no  se explayan. Pero también se ha querido ver una relación entre 'En realidad, nunca estuviste aquí' con 'Taxi Driver' de Martín Scorsese y 'El profesional' de Luc Besson, por la relación de Joe con la hija de Votto, una niña que ha sido secuestrada y él libera, haciendo una elección que le impone el sacrificio de lo que más quiere, que representa con unas imágenes que parecen querer trascender la realidad y que evocan la supuesta muerte de Joaquin Phoenix en I'm Still Here.





La primera secuencia, en la que se inscriben los créditos y se presenta al personaje de Joe es un auténtico manifiesto visual, en el que la directora no renuncia a la visión nocturna de las calles iridiscentes a causa de la luz que emana de los tubos de neón de los locales nocturnos, que evocan las texturas de las grandes avenidas norteamericanas durante la noche de Nicolas Winding Refn, a las que la precariedad y el cinismo actual ha distanciado de aquellas, más modestamente iluminadas, que llevó a las pantallas George Lucas en 'American Grafitti', vaciándolas de jóvenes y adolescentes y llenándolas de matones. Las cámaras de Lynne Ramsay siguen a Phoenix, se ensimisman, nos dejan alguna pista para que deduzcamos qué hace cuando sale de casa y deja en ella a su anciana madre; de tanto en tanto, los callejones, las hileras de coches que circulan apelotonados,gracias a un filtro que ha buscado este efecto claustrofóbico en el exterior, apenas nos deja ver un plano inserto que habla de violencia, verbal, psicológica y física, en cualquier hombre de cualquier edad y en cualquier contexto, hasta dejar el relato en un punto muerto del que el espectador ignora cómo se va a salir. Pocas veces hemos leído a un top crític un texto en el que duda acerca de si el protagonista es un ex-combatiente de una guerra reciente o no.






La directora no vacila a la hora de mezclar diferentes texturas o usar distintos lenguajes audiovisuales, procedentes de diferentes soportes para lograr mayor eficacia en el discurso o diluir el color de la sangre en el blanco y negro de las cámaras de vigilancia. Un sicario regresa a casa, después de realizar su lúgubre encargo, y amanece en el aeropuerto cuando éste se levanta, mientras algún pasajero todavía dormita en los asientos. La cotidianidad lo invade todo, desde la adquisición de los instrumentos necesarios para realizar su trabajo en unos grandes almacenes especializado en bricolage, hasta el regreso al hogar y el cuidado de la madre, que no sabe qué sucede a su alrededor y se intimida ante un film de Hitchcock, aunque vive confiada. Hay dos gestos recurrentes: el de entrenarse para estar un tiempo sin respirar, con la cabeza metida dentro de una bolsa de plástico,que al final tendrá una explicación, y el formularse una pregunta constante : ¿Qué estamos haciendo? Una cuestión muy oscura en el contexto de la ficción, que Lynne ha dejado a nuestra interpretación de espectadores que contribuyen a la creación de la diégesis.Muy interesante.






El DVD y el Blu-ray acaban de salir al mercado.Muy aconsejable.

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