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Johnny B.Zero

martes, 15 de mayo de 2018

Halloween III. El día de la bruja. Crítica.









CUANDO NO TENEMOS NADA QUE CONTAR...


Ficha técnica,  sinopsis, lo que se dijo, cartel y trailer. (Pinchad aquí)



Crítica:



El cine fantástico, de terror y de ciencia-ficción tiene una virtud que distancia estos géneros del cinema verité: no tienen la obligación de ajustarse a la realidad, sino simplemente construir un mensaje verosímil, que convenza al público y lo anime a reflexionar sobre qué esconde el desplazamiento del lenguaje. Lo malo es, como decía Noël Simsolo en su 'Historia del cine' que, cuando detrás del foreground no hay un contenido atractivo  y solo queda lo que discurre en él primer plano, el relato pierde interés de inmediato o a lo largo del tiempo. El bacground de Halloween III. El día de la bruja reviste tan poco interés, supone una reflexión tan débil sobre un aspecto fundamental de la vida del hombre, el mundo espiritual  y su evolución en el tiempo, tan poco creíble, que ni siquiera el giro final puede resucitar.





De las dos primeras entregas de la franquicia, la película dirigida en 1978 por John Carpenter, y la II, realizada por Rick Rosenthal en 1981,  escrita y producida por el maestro del terror, sólo le queda la música de quien inspiró esta historia, que, por otro lado, le otorga una atmósfera que no se corresponde con la mediocridad de un relato sin garra, sin justificación de la acción que vemos en pantalla, con unos protagonistas débiles y sin arraigo en la situación. ¿Por qué el héroe es un médico que se alía con la hija de un hombre que fue a parar accidentalmente a su hospital? Es obvio que la conexión entre la historia y ellos es muy débil.





Todo lo dicho puede explicar el escaso interés que despertó en la prensa y el público, y la baja estimación, si no desinterés de los creadores de opinión, cuyas valoraciones quedaron muy lejos del aprobado, muy lejos de la brillantez de las dos primeras entregas que inscribieron una historia de terror en la situación idiosincrática de los suburbios de ciertas zonas de Estados Unidos que no sólo provocan espanto, sino que han sido la cuna de una parte importante de los relatos de terror de directores como Carpenter, Craven o Cunningham, que han logrado transmitir al resto del mundo la mentalidad predominante en pequeñas comunidades de lo que se ha llamado 'América profunda' y sus consecuencias, favoreciendo el nacimiento del slasher y el splatter.






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