Pasaje para un coche fúnebre- Ficha técnica










Ficha técnica:


Título original:The Hearse.
País: Estados Unidos.
Año:1980.
Duración: 95 minutos.

Dirección: George Bowes.
Guión:Bill Bleich, basado en una idea de Mark Tenser.
Casting: Samantha Mansour.
Dirección de Fotografía: Mori Kawa.
Música:Webster Lewia.
Edición: George Berndt.
Director artístico: Keith Michl.
Coordinador de especialistas: Alan Gibbs.

Maquillaje y peluquería: Pamela Peitzman

Productor:Mark Tenser.
Productor ejecutivo: Newton P.Jacobs.
Productor en línea: Charles Russell.
Compañías productoras: Crown International Pictures, Mariumark Production


Intérpretes:


Trish Van Devere: Jane Hardy,
Joseph Cotten: Walter Prichard,
David Gautreaux: Tom Sullivan,
Donald Hotton: Reverendo Winston,
Med Flory: Sheriff Denton,
Donald Petrie: Luke,
Christopher McDonald:Pete,
Perry Lang: Paul Gordon,
Frederic Franklyn: Mr. Gordon,
Olive Dunbar:Mrs. Gordon,



Sinopsis:


Jane Hardy, ( Trish Van Devere) , decide pasar el verano en la casa de campo de su tía, recientemente fallecida y así poder recuperarse de un divorcio traumático. Pronto descubre que su tía ni estaba bien vista por los vecinos del pueblo. Nada más instalarse en la casa, un coche fúnebre negro, conducido por un tenebroso chófer, la vigila de día y de noche.





Crítica:



Realizada en 1980, se ajusta a los patrones estéticos de la década: una narración más romántica que truculenta, nada escatológica, más Poe que Lovecraft, abundantes espejos que reflejan no sólo el ego invertido de la protagonista, sino lo que ella no quiere ver, pesadillas, envidia de pene freudiano, introducción tangencial del tema del género, etc., todo ello filmado, generalmente, a la altura de los ojos, sugiriendo con elegancia que algo que no es humano atraviesa puertas y paredes con sutileza, imágenes reforzadas con frases entrecortadas, incompletas, que sugieren ideas que asustan, como la del ramo de flores, cogido en..., coches fúnebres en la oscuridad, etc. Un campo semántico que reúne gran cantidad de imágenes que  conducen a significar  una presencia muy poderosa: la muerte.







La protagonista es una mujer, Jane Hardy, ( Trish Van Devere), que acaba de salir de una depresión, tras perder a su madre y fracasar en su matrimonio. Animada por el deseo de dejar atrás el contexto social en el que se gestaron sus desdichas, decide  retirarse a un lugar apartado, en plena naturaleza, en una casa que ha heredado de una tía recientemente fallecida, prometida de un sacerdote al que abandonó por amor, vendiendo de este modo su alma al diablo. La forma en que entra en su nuevo medio, de noche, por caminos desconocidos, no parece afectar a esta mujer a la que vemos frágil, hasta que se cruza en su camino un coche fúnebre  cuya imagen sugiere que viene de otro mundo, conducido por un horrible chófer que no duda en arremeter contra la intrusa poniéndola al borde del precipicio.




Hemos visto el discurso xenófobo de muchos lugares pequeños de la 'América profunda', la del redneck, especialmente si la recién llegada es mujer, joven, vive sola y hace deporte vistiendo como en la capital, -pantalones muy cortos, camiseta escotada...-, lo que excita a los jóvenes del lugar y estimula sus fantasías ante el escándalo de los adultos que no dudan en utilizar cualquier recurso, ya sea el aislamiento  de la 'vecina recién llegada' o la escasa colaboración en el acondicionamiento de la casa, o incluso negándole el necesario apoyo del sheriff cuando su seguridad corre riesgo. Pero este no es un hecho que afecta sólo a las mujeres, como se encargaron de poner en evidencia sagas como Scream, Viernes 13 o Halloween, en las que el castigo recaía en ellos y ellas cuando bajaban la guardia, inmersos en prácticas sexuales prematuras, mantenidas al margen de los adultos.






Los datos, en este aspecto, afirma José Andrés Rodriguez, son contundentes: entre los jóvenes mueren muchos más hombres que mujeres. Y este factor acorta considerablemente la esperanza de vida masculina. Entre los 15 y los 34 años, fallecen algo más del doble de hombres que de mujeres. En el 2010, el porcentaje de muertes en accidentes de tráfico era cuatro veces mayor en los hombres de entre 18 y 34 años que en las mujeres de esas mismas edades. Es cierto que hay más conductores varones, pero, como señala Carlos Álvarez-Dardet, catedrático de Salud Pública de la Universitat d’Alacant, "toman riesgos, son más agresivos y competitivos y conducen más deprisa". También es cierto que desempeñan más trabajos de riesgo, "pero son mucho más temerarios. Y sufren más accidentes practicando deporte", añade Lucía Artazcoz... (1) Si un hombre  desafía a los elementos y se enfrenta a los prejuicios corre el mismo riesgo, por lo que Jane, al comportarse como un hombre, asume también  riesgos masculinos. Recordemos la horrible película de John Boorman 'Defensa' (Deliverance), realizada unos cuantos años antes, en 1972.





Pero estos riesgos no sólo se dan en el enfrentamiento entre forastero y oriundo, capitolino y habitante del mundo rural, hombre  y mujer, sino entre vivos y muertos. Jane no es creyente, no acude a la iglesia (otro factor más de confrontación) y tratará de resolver sus problemas de forma laica. La cuestión reside en conocer si lo logra o no, pero si al final triunfa, no podrá seguir en la casa de una tía que sufríó el mismo acoso y pasó por la misma situación. Un film no sólo agradable por su escritura audiovisual, su edición eficaz, aunque tranquila, sino por la valentía con la que trata las contradicciones que se producen entre la ciudad, más progresista y liberal, y los núcleos rurales que, no sólo desconfían de lo que desconocen, sino que este sentimiento puede intensificarse cuando hay precedentes de algún tipo.



(1)  ¿Por qué ellas viven más? Diario La Vanguardia, 27 de septiembre de 2017.





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