Los 50 son los nuevos 30. Crítica.










LO PEOR NO ES CUMPLIR AÑOS, QUE LO ES, POR MUCHO QUE CICERÓN HICIERA UN CANTO A LA VEJEZ, LO PEOR ES QUE EL CUERPO VAYA DECAYENDO MIENTRAS EL ÁNIMO SE INFANTILIZA.



Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice, cartel (Pinchad aquí)


CRÍTICA:


Valérie Lemercier comete un pequeño error: intentar satisfacer a todos y hacer una película con un final tan feliz que cabrea a buena parte del público, mientras la otra queda encantada . Sólo hay que oír reír a las señoras en la sala para entenderlo, y eso que la directora se deja pocas cosas en el cesto y aborda cuestiones como el matrimonio homosexual, la vuelta a casa de los cincuentones, los sacrificios de la tercera edad par ayudar a sus hijos vapuleados por la crisis (unos más que otros), en un ambiente en el que lo más agradable corre a cargo de una buena selección musical, un tanto romanticona, que va desde la magnífica banda sonora de 'Los paraguas de Cherburgo' de Jacques ,Demy, como leitmotif de los amantes, pasando por Julio Iglesias y música portuguesa, eligiendo el idioma según su conveniencia.

La propia Valérie protagoniza el film y hace doblete en el papel de una hermana gemela, y ,  desde las primeras imágenes, rechaza el esteticismo barato de los vídeos de rap, optando por seres humanos normales, de los que vemos por la calle. Alta y desgreñada, portando unas gafas generalmente mal encajadas y el rimel ensuciando su rostro, se enamora de un cocinero más bajito y rechonchete  que ella, pero muy amable y con ganas de  vivir. No desea mostrar al público la joven treintañera por la que le ha dejado su marido, y la vemos en una imagen casi subliminal; su decisión de abandonar el hogar es  personal y no quiere que repercuta en sus hijas que hablan de sexo con ella como si estuvieran chateando con las amigas, por lo que las deja a cargo del padre, una solución al parecer extendida en el país galo, algo que hace muy ostensible, tanto que parece que en Francia se ha generalizado el trabajo infantil. No da la impresión de que esto vaya contra la realidad, sino que discurre junto a ella.

Pero tampoco tiene ambages en hablar de la sexualidad de sus padres, ni de su actitud mucho más egoísta que la del emigrante portugués, Miguel, que viven en una pequeña portería y ceden su habitación al hijo, mientras ellos duermen apretados en un sofá. Pero también sorprende su mirada perspicaz que le permite ofrecernos un regalo final: la conversión de las buhardillas de la última planta de las casas de la burguesía, aquellas que nos mostró Philippe Le Guay en 'Las chicas de la sexta planta', (2010), que albergaban a las muchachas del servicio, sobre todo españolas que debieron salir del país para garantizar la subsistencia de sus familias (del tema de que habla el documental 'En tránsito', saben mucho estas mujeres), ahora convertidas en mini-apartamentos por los que sus propietarios, cegados por la codicia que los impulsa a inflar una nueva burbuja, cobran cifras astronómicas, a pesar de que sus inquilinos, como el protagonista de 'La paloma' de Patrick Süskind, deben compartir el baño con otros vecinos.

No parece haberse dejado muchos temas en el tintero, pero la contradicción a la hora de presentar a Marie-Francine y Miguel, una pareja que no se adapta  a los cánones que ha interiorizado el público al que va dirigido el film, (ella siempre desgreñada, él el anti-galán), y el que la mujer desprecie una buena vida, en una casa de lujo como aquella en la que se había criado, y lo deje todo por vivir en unos pocos metros cuadrados con un hombre que le hace la mejor comida, no parece haber sentado bien a quien tiene claro cómo debe ser su vida hasta el final de sus días. Las dos secuencias finales, una blanca y otra roja (falta la azul para que los franceses se erijan de nuevo en el ombligo del mundo) podría habérselas ahorrado. A pesar de todo, el film se disfruta bien, resulta agradable y como dice Boid Van Hoeij, (The Hollywood Reporter) no deja de ser inesperado y adorable que Valérie Lemercier aborde una historia romántica, el amor en personas que ya no son jóvenes. A ello se añade una contextualización actual, sin dramatismos ni exageraciones, y un final feliz que convencerá a unos y disgustará a otros.


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