Los inútiles. Crítica -cinelodeon




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CRÍTICA:



Cuando la Guerra Mundial llegaba a su fin, Federico Fellini llevará a cabo una serie de actividades que dejarán su impronta en la política de autor del cineasta, especialmente su asociación profesional con quien sería un colaborador habitual en el futuro, Tullio Pinelli; en 1944, tras la caída del fascismo en Italia, abrió una tienda de retratos y caricaturas, The Funny Face Shop, una ocupación que con toda probabilidad influiría en el tono cruel, extravagante, provocativo e incluso patético y onírico de sus películas. Pero antes se dejó arrastrar por un movimiento de renovación de gran fuerza en su país, el neorrealismo, especialmente tras conocer a Roberto Rosellini y colaborar con él en el guión de películas de gran significación no solo en Italia sino en Europa: 'Roma Città Aperta', (1945),  'Paisà (1946). En 1951 conoce a Nino Rota, que se encargará de dotar de una atmósfera especial al cine de Fellini, y a Alberto Sordi, durante el rodaje de su opera prima, 'El jeque blanco', con guión de Michelangelo Antonioni y Ennio Flaiano.

En 1953 lanza una mirada crítica, tragicómica, que se mueve entre la felicidad y la desolación de los mammoni, producto 'made in Italy, 5 jóvenes en torno a los 30 años, intimamente ligados a la mamma, aunque de los cinco miembros del grupo sólo uno tiene claramente este perfil, que se ha intensificado en estos años de crisis. Pero si el grupo tiene alguna adicción es, sobre todo, a la doctrina que defiende el librito de Paul Lafargue, 'El derecho a la pereza', y están dispuestos a ganarse a pulso un reparto nada equitativo del ocio. Jamás han trabajado, y se han acostumbrado a vivir con pocos recursos económicos, aunque, perteneciendo todos ellos a una clase media acomodada, visten con corrección y siempre obtienen, presionando a la familia, el dinero que necesitan para sus constantes juergas.

Uno de ellos, Fausto, es el prototipo del calavera, el irresponsable, que no respeta ni a su mujer, con la que se ha casado tras dejarla embarazada, ni a la esposa del jefe, un vendedor de antigüedades en cuyo establecimiento lo han enchufado. El más honesto de los cinco, Moraldo Rubini, interpretado por Franco Interleghihermano de Sandra, casada con Fausto, se cruza una noche, a las tres de la madrugada, con un niño de unos 13 años, cuando el todavía duda entre si quiere volver a casa o prefiere seguir deambulando por las calles. Este niño va a trabajar a la estación. 

Fellini no quiere dejar un sabor amargo y resuelve el conflicto con un happy end a medias, en el que Fausto encuentra una salida 'digna', mientras que Moraldo entiende que debe salir del círculo y abandonar el pueblo en el que nació y vivió hasta los 30 años. Fellini construye esta triste y a la vez amable historia de padres y madres, hijos e hijas en la recién estrenada posguerra, mediante un racconto que nos muestra al joven Moraldo cogiendo el tren que lo llevará ¿a Roma?, despidiéndose de su joven amigo que trabaja en la estación, una forma de organizar el discurso que lleva implícito el final, aunque lo que importa es la forma de mirar a los hombres y mujeres, sean golfos o presuman de honrados, trabajen o no, todos ellos miembros de una sociedad que había sufrido una gran tragedia, vistos en blanco y negro. Un film que encandiló a cineastas más duros e intransigentes, más cínicos y que confían menos en el ser humano, como Stanley Kubrick. Muy recomendable.

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