The People vs.George Lucas. Crítica




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Crítica:


Alexandro O.Philippe, realizador suizo conocido por documentales como 'Doc of the Dead', que últimamente ha invadido las carteleras con el título 78/52, una crónica posmoderna que gira en torno a la escena de la ducha del mítico film de Alfred Hitchcock, Psycho, que se estrenó en el Festival de Sundance de 2017, se introdujo en 2010 sin temor en el intrincado universo del nacimiento y evolución de la saga 'Star Wars', que revolucionó el cine y lo cambió para siempre, a la par que generaba en el universo de los fans y en la dimensión paralela de los defensores del academicismo más conservador reacciones en pro y en contra de un nuevo cine que incorporaba las nuevas tecnologías a la construcción del discurso cinematográfico, una realidad que nadie osa contestar en la actualidad. Los críticos se limitan a cuestionar los efectos más radicales y los sonidos más invasivos; el enfrentamiento analógico/digital queda amortiguado, desde que las salas de proyección han ingresado definitivamente en la era digital.

George Lucas acabó con el espectador pasivo, allanando el camino a los juegos interactivos. El día del estreno del episodio IV- Una nueva esperanza (1977), a la masa de guionistas, directores de cine, compositores, artistas de efectos especiales, físicos, astrólogos, astrónomos, lingüistas y gentes de diferentes profesiones y entornos, se unieron un montón de jóvenes que cruzaban las hojas de sus espadas luminosas durante la espera. Ellos querían ser Darth Vader. ¿Qué había pasado? Según el cineasta Richie Mehta, Lucas "desató la imaginación de una generación", que derribó a los dioses greolatinos del Olimpo en el que se habían instalado hacía miles de años. Desde el surgimiento de las ciudades y la invención de la rueda el hombre había permanecido estancado, hasta que en el siglo XVIII surgió la máquina de vapor, y en algo más de doscientos años los avances se han multiplicado hasta consolidar un mito nuevo, con el que no podía competir el Dios del Trueno: la ciencia y la tecnología. Ya no servían dioses como Apolo que perseguía a jovencitas como Dafne, que se convertía en laurel para evitar que las violara, o reyes como Zeus que era infiel a su casta mujer Hera. Cualquier intento de resucitarlos ha resultado inútil. 

Lucas, interesado en la antropología, las ciencias sociales y la psicología, consiguió en 20 años, mucho más que otros en su vida entera. Amante de los documentales, poemas sinfónicos que cuentan una historia sin personajes, muy frecuentes en aquella época en San Francisco, se animó a filmar  buscando en la técnica la consecución de sus objetivos visuales. Pero quien sólo dispone de su talento se lamentaba y se lamenta de que aquellos que tienen el dinero puedan tomar decisiones estéticas, de dirección y guión, para las que no tienen competencia. El realizador de Modesto no se resignó y para poder proyectar su visión tuvo que aprender a manipular el sistema, algo que nunca le perdonaron, entre otras cosas porque el sistema  esta diseñado para destrozar al que sobresale por su capacidad y no por sus recursos económicos. Había quedado tan traumatizado por sus experiencias con la Universal  durante el rodaje de 'American Graffiti', o con Warner Bros durante el de THX 1138, que su malestar se tornó en definitorio para él, hasta que Alan Ladd Jr. (Fox) le dijo:"No entiendo tus guiones, pero creo que tienes talento e invertiré en ellos." El éxito en California,  en agosto de 1977, fue total.

Al éxito original se une el hecho de que sus películas hayan originado más versiones hechas por los fans que cualquier otro título, hasta el extremo de que muchos de sus seguidores consideran que la saga les pertenece y que su autor debe someterse a su criterio, algo a lo que no está dispuesto a aceptar aquel con quien no pudieron las grandes industrias del cine, y que está dispuesto a defender sus creaciones caiga quien caiga, aunque sea él mismo. El documental supone un intento interesante de aproximación a quien sentó las bases de un nuevo discurso cinematográfico que los más conservadores van aceptando, poco a poco, con cuarenta años de retraso. Ahora estamos valorando los episodios IV a VI, a los que siguieron el I, II y III, todos ellos dirigidos por Lucas. Las últimas secuelas y spin offs corren a cargo de otros realizadores, y a pesar de tener al frente a directores como G.G. Abrams, Ryan Johnson o Ron Howard, han sido frontalmente repudiadas por amplios sectores, lo que de forma indirecta supone un reconocimiento a su autor, capaz de crear una metáfora sobre la corrupción de las instituciones democráticas que acaban llevando al poder a un tirano, con una iconografía nueva, propia, original y acorde con su tiempo. Al final lo reconocen así, incluso los propios fans/haters.

Un documental interesante que podéis ver en Youtube.

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