Zazie en el metro. Crítica.




Una de las características de la generación de Malle consistía en reírse de todo y pasar de pronto a algo más profundo, filosófico e intelectual, sin comentarios mundanos ni transiciones inciertas. (Antoine Roblot, actor)

Ficha técnica:


Título original: Zazie dans le métro.
País: Francia.
Año: 1960.
Duración: 92 minutos.
Género: Comedia.

Dirección: Louis Malle
Guión: adaptación de Louis Malle y Jean-Paul Rappeneau,  basado en la novela de Raymond Quenead, Ediciones Gallimard.
Director de Fotografía: Henri Raichi; cámara: Jean Charvein.
Música: Fiorenzo Carpi. Jefe de orquesta: Jacques Metehen.
Jefe de montaje: Kenout Peltier.
Ingeniero de sonido: André Hervée.
Consejero artístico: William Klein.
Decorados: Bernard Evein.

Vestuario;Marc Doelnitz.

Productor: Louis Malle.
Diseño de producción: Bernard Evein.
Director de producción: Irenée Leriche
Compañías productoras: Gaumont, Nouvelles Éditions de Films. Distribución vídeo: A conttacorriente Films

Intérpretes:


Vittorio Caprioli: Trouscaillon,
Yvonne Clech : Madame Mouaque,
Hubert Deschamps: Turandot,
Jacques Dufilho: Ferdinand Grédoux,
Annie Fratellini: Mado,
Carla Marlier: Albertine,
Philippe Noiret: Tío Gabriel,
Antoine Roblot: Charles, el taxista,
Odette Picquet: Madre de Zazie,
Nicolas Bataille: conductor autobús turístico,
Catherine Demongeot: Zazie
Marc Doelnitz
Jacques Gheusi
Christine Howard
Louis Lalanne


Sinopsis:


Zazie es una niña traviesa de doce años que llega a París para pasar unos días con su tío Gabriel. Con él visita la ciudad, aunque ella sólo tiene una cosa en mente: viajar en metro, pero los trabajadores de este transporte público están en huelga, y sera en el taxi de Charles, un amigo de su tío, donde Zazie inicia sus tránsito por la endiablada vida parisina.

Una brillante y satírica mirada a la sociedad francesa basada en la novela de Raymond Queneau. Dirigida por el tres veces nominado al Oscar, Louis Malle, ('Adiós muchachos', 'Ascensor para el cadalso').; protagonizada por el carismático Philippe Noiret ('El cartero y Pablo Neruda', 'Cinema Paradiso'),  'Zazie en el metro' es una comedia original, de gran vitalidad y ritmo frenético, realizada en plena efecvescencia de la Nouvelle Vague.



Crítica:


Si por algo es notable 'Zazie en el metro', la cuarta película de uno de los más destacados cineastas de la 'Nouvelle Vague', Louis Malle, realizada en 1960, es por la opción vanguardista e innovadora de su puesta  en escena y por el diseño de un personaje infantil frío, precoz, que tiene claros sus objetivos vitales, -viajar en metro, un aventura que supone una auténtico manifiesto cultural: deambular por la ciudad y su subsuelo, anteponiendo estas excursiones formativas a la visita a los magnos monumentos de la ciudad del Sena. Una huelga de los trabajadores del suburbano frustrará sus planes y la lanzará a las calles de la ciudad en las que podrá observar la corrupción del mundo de los adultos, representada por un policía pedófilo y acosador, un tío hipócrita que miente en torno a su profesión, hombres y mujeres que se enzarzan en peleas en bares y restaurantes decorados con paneles que emulan falsas construcciones y que esconden detrás de ellos viejos aderezos y ornamentos de diferentes épocas, reprimidas por unos cuerpos policiales que evocan formaciones militares de la reciente expansión del fascismo y el nazismo que llevaron a la Segunda Guerra  Mundial. La ruptura constante de los raccords, el salto de eje, el slapstick inspirado en los dibujos animados de Disney e incluso del cine silente de Chaplin y Keaton se unen para crear una de las secuencias más sorprendentes y que han dejado su huella en el cine francés, en especial en Jean-Pierre Jeunet (Amelie, Micmacs, El extraordinario viaje de T.S.Spivet, por la agresividad de las formas y lo absurdo de las situaciones). Un auténtico lujo para los sentidos.

A Louis Malle le encantaba lo absurdo, algo que aprendió de sus hermanos, según su amigo Chislain Uhry,  pero sobre todo adquirió gracias a una sensibilidad educada e inspirada en la literatura surrelista y la antiteatralidad de Ionesco, que rompía los cánones de la comedia. También Raymond Quenead, el autor de la novela en la que se inspira el guión, contribuye al extañamiento de una historia con unos personajes que no parecen hablar nunca en serio y cambian el registro en cada frase; si el teatro  finalmente desaparece, todo se vuelve absurdo (Johan Faerber, autor de 'Zazie dans le métro de R.Queneau y Louis Malle), con lo cual, la única energía queda en lo cómico. El autor, al interesarse por la novela se pregunta sobre la infancia y se cuestiona si debemos olvidar lo que vivimos en esta etapa de nuestras vidas, una postura que da a sus relatos un aire poético, que los acerca a Baudelaire, quien cuestionaba el verde paraíso de los amores infantiles. A partir de 1945/1946, Quenead empieza a concebir un curioso personaje, una niña que fuese una especie de Gavroche  femenino (niño de la calle, personaje de 'Los miserables' de Victor Hugo), que tuviese acceso a todo y ayudara a sus lectores a despertar el niño que llevamos dentro, una criatura fría, literaria, cuyo diseño culmina en 'Zazie en el metro' que tuvo un éxito inmediato. Pronto surgieron ofertas de adaptación.

Una  película deliciosa, una joya  que creó escuela, de la que podemos disfrutar estos días de canícula, y que no solo nos va a entretener y divertir, sino que nos ayudará a entender la política de muchos cineastas posteriores al trabajo de Malle.


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