Adiós al lenguaje. crítica






El copyright  de las imágenes pertenece a sus autores
y/o las compañías productoras y distribuidoras



ADIÓS AL LENGUAJE, TAL COMO LO ENTENDEMOS



Ficha técnica, sinopsis, críticas y comentario (Pinchad aquí).


CRÍTICA:


Este verano he decidido que entre en mi videoteca 'Adiós al lenguaje' de  Jean-Luc Godard, un film experimental del que venimos hablando desde su estreno en 2014, y que supone una de las reflexiones sobre la fragmentación que impone, muy pocas veces, con excepción de trabajos de vanguardia, el lenguaje visual atomizado al verbal todavía dominante, un ejercicio muy elocuente en películas como  Vampir Cuadecuc  (1979) de Pere Portabella, realizada sin un sólo diálogo, pero perfectamente inteligible. Cuando los Hermanos Lumiér presentaron su 'opera prima', L'arrivée d'un train a La Ciotat, exhibida por primera vez en una muestra industrial para el  público en 1986, los presentes huían despavoridos de la sala, cuando veían que la máquina se acercaba 'peligrosamente' a ellos. Hoy para nadie es un problema interpretar con rectitud la fragmentación que impusieron el cine y la televisión, en un momento en el que las revolucionarias teorías de Jean Jacques Lacan hablaban por primera vez del 'estadio del espejo' , un concepto de la teoría psicoanalista en la cual el niño se encuentra por vez primera capacitado  para percibir su imagen corporal completa en el espejo, desarrollando el 'yo' como instancia psíquica.  No es necesario conocer ésto que hoy divulgan incluso libros de auto-ayuda dirigidos a las madres, y que explica por qué no fue difícil trocear el universo en el que nos movemos, ya que en nuestras primeras experiencias es así como percibimos el mundo, y en especial, a nuestra propia madre. Pero ¿qué pasa con el lenguaje? ¿Es posible hacer una entrevista, como la hace Peter Greenaway  con la silla del entrevistador vacía? ¿se puede suprimir el guión, los comentarios en off o diegéticos e incluso los diálogos? El lenguaje verbal es un gran apoyo, e incluso Pere Portabella, cuando Christopher Lee procede a quitarse las prótesis que lo caracterizan como vampiro, incluye las únicas líneas de diálogo entre el actor y su público con el objetivo de que su discurso llegue preciso y sin ambiguedades a los espectadores.





En septiembre de 2015 escribíamos sobre el film del cineasta de la Nouvelle Vague, el gran inspirador de autores cinematográficos de un lado y otro del Atlántico, que influyó  incluso en quien iniciaba un movimiento independiente que desembocaría en un estilo hoy dominante, el indie/mumblecore,  Quentin Tarantino, cuya influencia reconoce, y  decíamos lo siguiente: 





"El film de Godard está dividido en capítulos, construidos por  una serie de imagen inconexas editadas de modo aparentemente caótico que nos plantean cuestiones como aquella con la que encabeza este film : ¿Es posible crear un concepto de África? o la metáfora, el lenguaje sustituido por la imagen. Más este aparente embrollo y confusión que coloca imágenes de la portada de un libro de Nicolas  de Stael, anuncia el fin de este mundo y el  advenimiento de otro, la advertencia de que las imágenes son el asesinato del presente, la cuestión de ¿para qué sirve el dedo pulgar?, la información de que en 1933 un ruso inventó la TV, Zworykin, o de que Hitler fue elegido democráticamente... nos aleccionan acerca de que todo su discurso conduce a la reflexión política de un hombre de izquierdas, sobre el desempleo, la asunción de responsabilidades por parte de la población, la necesaria reacción ciudadana, la defensa del bienestar o la guerra de la sociedad contra el estado.






Si antes Godard nos había demostrado que se podía contar una historia sin personajes, (Film Socialisme, 2010)ahora nos hace ver cómo se puede elaborar un discurso con fragmentos, no  sólo visuales, algo que ya es muy antiguo, sino conceptuales (fragmentos de películas, anuncios, textos filosóficos, literarios, pictóricos...), cohesionados por el montaje que hace su autor, ante los que el hombre debe ser capaz de sustituir con su experiencia las partes ausentes y asociarlas con las presentes, como es competente para atribuir un cuerpo a la cabeza que observa en un primerísimo primer plano. No resulta difícil para aquellos que conocen el cine y la sensibilidad política de Godard, cuya postura enlaza con la de Straub que, con un objetivo mucho más restringido y menos ambicioso, advirtió a los partidarios del riesgo de doblar las películas, sin percatarse de que la mayor parte de quienes defienden esta postura se refieren casi exclusivamente al inglés mientras llegan a las pantallas títulos de todas las latitudes del mundo. Además, la obligación de leer los subtítulos hace que el espectador desprecie la esencia del lenguaje audiovisual: las imágenes, lo que le lleva a realizar películas en alemán, sin traducciones de ningún tipo, dejando que sea el espectador el que deduzca el significado basándose casi exclusivamente en la lectura de estas imágenes. Straub y su compañera Huillet hicieron un cine muy elitista y la supresión del doblaje en la mayor parte de las películas, con vocación comercial aunque no siempre movidas por intereses espurios,  probablemente expulsaría de los cines a los que, en realidad, los sostienen, lo que convierte una cuestión económica en una simbiosis crematística-sentimental.






Otro directores, como Orson Welles en 'Sed de mal', nos muestra, sin una sola palabra, sirviéndose de un largo plano-secuencia, la posibilidad de percibir, sentir, interpretar y concluir sólo con imágenes. Godard da un paso más, al fragmentar y juntar los trozos rotos de una realidad muy  compleja, en la que combina las nuevas tecnologías (¿para qué sirve el dedo pulgar-oponente?), el desempleo, el terrorismo, la intolerancia..., es decir, las diversas caras de un prisma de la realidad, que cada espectador debe interpretar, sin apoyo literario, ni discurso audiovisual, basándose en su experiencia extradiegética y los datos que se le ofrecen. Como siempre el maestro va un poco por delante de los demás, y en ocasiones da la apariencia de ser el guía, el maestro de los realizadores y el santón de algunos cinéfilos. Nadie puede dudar de que el cine tiene una deuda permanente con una de las figuras más complejas e innovadoras del cine  desde hace más de cuarenta años, según Maite Noeno Carballo, para quien el guión es un elemento vivo, susceptible de ser cambiado, que evoluciona constantemente y toma su sentido en el desarrollo del film...(1)





¿Es como dice Ángel Quintana una nueva forma de hacer cine? En este sentido, el crítico opina que “Adiós al lenguaje' es, por tanto, el principio y el fin de muchas cosas. Es el principio de un nuevo ciclo donde pasa de la memoria histórica al malestar por la historia, de la reflexión sobre el pasado a la reflexión sobre la intimidad y sus heridas. En el horizonte está el misterio del más allá y en el presente la melancolía de la vejez. Es el inicio de un ciclo y de una nueva forma de entender las imágenes para que el 3D nunca había brillado con tanta fuerza, replanteando la noción de profundidad de campo y la relación de los personajes con el fondo. Las imágenes del cine son un decorado y el amor es el resultado de una tensión. Es el tiempo de decir ‘adiós al lenguaje’, de despedirse de algo, de desconfiar de la humanidad y confiar en la mirada de una perrita –la propia de Godard, llamada Roxy-Miéville– que atraviesa un paisaje íntimo donde la naturaleza y la metáfora tienen problemas para convivir.” (2) Es una reflexión como otra cualquiera en un mundo en transformación en el que nadie puede erigirse en augur y predecir el futuro. Al menos de momento, no parece que vayan a ir por ahí las cosas, y el film supone un ejercicio intelectual al que nos tiene acostumbrados el cineasta galo, que siempre deja huella en sus compañeros de profesión, y que, como buen hombre de izquierdas, no se opone al desarrollo de la ciencia y la tecnología, usando los avances técnicos para su discurso inconformista."





No está de más, ahora que tenemos más tiempo que dinero, más ocio con derecho a la pereza, un espacio que defendía Paul Lafargue y que el hombre olvida con frecuencia, podemos dedicar un poco de este lujo que nadie nos regala a intentar entender qué somos y cómo nos comunicamos. Nos vendrá bien cuando todos retornen de las playas, fascinados por el sol.


(1) Maite Noeno Carballo. El lenguaje en el cine de Jean-Luc Godard. Universidad de Zaragoza.
(2) 'Adiós al lenguaje', el último film de Godard. M.Arriflex.dadaisforever.wordpres.com.






(1)

Comentarios