Air Doll. Kore-Eda Hirozaku. Crítica




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Crítica del blog:


Como es habitual la crítica se vuelca con el cine de Kore-Eda, del que introduciremos pronto una reseña de su penúltima película, El tercer asesinato, realizada en 2017; su último proyecto, 'Un asunto de familia' ha sido galardonado en la última edición de Cannes con la 'Palma de Oro'. En cuanto a 'Air Doll, un curioso y provocador film, Jordi Costa destaca la exquisitez del cineasta japonés en su acercamiento a un tema que su realizador convierte en "un perfecto símbolo para los tiempos de la discapacidad sentimental; la muñeca hinchable  había entrado en el imaginario cinematográfico para hablar del fetichismo o la afasia emotiva de su usuario, pero, si este crítico no se equivoca, Kore-Eda es el primero en plantearse el problema de su vida interior." (Respiración y sentimiento. Diario 'El País'). No está mal esto de plantearse el problema de la vida interior de una muñeca, una cuestión que, evitando ser superficial, no se entiende bien.






Otros críticos que hacen gala de una inocencia impropia de su edad y de la publicación a la que sirven, y que tienen una capacidad realmente sorprendente para frivolizar sobre todo, como Derek Elley de Variety, una revista de enjundia dedicada al entretenimiento y especializada en cine, se refieren al film de Kore-Eda como un  'cuento de hadas'. Una se siente inclinada a matizar que si alguien es capaz de sentir esta película de tal forma, es que no excluye la existencia del hada madrina borde, que persigue sin cesar a la protagonista que va destilando, a medida que avanza la cinta grandes dosis de tristeza y melancolía, sentimientos que despierta en el que observa su destino cruel.





La objetivación de las mujeres, la cosificación de los hombres, el vacío y la soledad son los protagonistas de este relato contado con delicadeza, con mucho cuidado, como procurando evitar que el más mínimo arañazo consuma la frágil existencia de esta muñeca, colocada por su autor en un contexto muy diferente a la que volvió loco al protagonista de Berlanga en 'Tamaño natural' (1973), propiedad de un burgués, un dentista cínico que, igual que el dueño de Nozomi (Du-Na Bae) prefiere una compañera carente de sentimientos humanos, pero más cínico y caprichoso que el japonés. Un pobre hombre que ha perdido a su compañera y busca consuelo, aunque no una pareja que debe ser respetada y respetable.




Nozomi, aderezada con todo lo necesario para satisfacer las fantasías masculinas más vulgares, ataviada con el uniforme de la sirvienta occidental, algo muy elocuente, de falda muy corta, camina desprevenida e inconsciente de las pasiones que despierta y de su carácter de fetiche al servicio de las frustraciones del compañero que la desempodera en cualquier lugar, hasta que un accidente ocasional le produce una 'herida' profunda por la que empieza a escapar el aire que contiene en un interior muy diferente al de la mujer que sustituye, y que el dependiente del video-club para el que trabaja Junuchi (Arata Iura) rellena con su aliento, dotándolo de un corazón y de unos sentimientos que la embargan. Mas el joven se siente, como la chica, un objeto: un instrumento al servicio del poder que lo explota y conduce a la recién nacida a la vida a una trágica confusión.




Los personajes de Irokazu-Eda son humanos, con sus virtudes y sus defectos, con sus valores y sus carencias,  lastimados por el vacío de una vida de insatisfacciones y la soledad que padecen impotentes y sin capacidad de respuesta a las insatisfacciones e injusticias de una sociedad patriarcal, en la que a la mujer se le atribuye el papel de procreadora y el hombre busca sustitutas para la satisfacción de sus fantasías sexuales; el propietario de Nozomi desea que retorne a la situación anterior, que renuncie a sus sentimientos y que deseche su corazón humano que levanta una barrera entre los dos. Cuando el resto de sus compañeras son desechadas por el hombre que las adquirió, su creador conoce por las marcas en su cuerpo y el estado de sus costuras el tratamiento que recibieron durante su vida útil. La inocente e ingenua protagonista prefiere la soledad a la que es capaz de dotar de belleza. Una metáfora dura, eficaz e impactante precisamente por el lenguaje honesto, directo y sencillo que su autor ha elegido para adaptar al cine la historia de Yoshiie Goda, aunque carente de la crítica social del film de Berlanga, en el que la inocencia hace tiempo que ha desaparecido del universo de sus protagonistas.



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