Intocable.Eric Toledano y Olivier Nakache. Crítica






El copyright de las imágenes pertenece a sus autores
y/o las compañías productoras y distribuidoras


Eric Toledano y Olivier Nakache proponen un tema desde una perspectiva transversal imposible, que acaba como acaban estas historias: el rico a su riqueza y el pobre a su pobreza, algo mitigada tras el contacto 'enriquecedor' con el millonario discapacitado.



 Sinopsis: 


La película más taquillera de 2011 en Francia narra el encuentro fortuito y la posterior amistad entre Philippe, un aristocrático y algo estirado millonario francés tetrapléjico, interpretado por François Cluzet, y Driss, un desacomplejado, alegre y sencillo chico de la banlieu parisina, encarnado por Omar Sy. El joven negro de barrios marginales se presenta a una selección de enfermero-ayudante del hombre rico, sin credenciales y con el único objetivo de conseguir la firma de un papel que le permita el acceso a las ayudas sociales del Estado.


Crítica:


Su protagonismo en la película que dirigen Eric Toledano y  Olivier  Nakache., basada en un guión propio, ha proyectado al actor Omar Sy  que ha conseguido  cruzar el Atlántico y trabajar con realizadores de la talla de Brian Singer (X-Men: dias del futuro pasado, 2014), Colin Trevorrow (Jurassic World, 2015), John Wells (Burnt, 2014), Ron Howard (Inferno, 2016); ahora está luchando por realizar su propio proyecto: Dreams. Una carrera que descansa en una película en clave de comedia que comparte ciertas características del cine social contemporáneo francés (La redada, Le ciel o La escurridiza), y consigue momentos de gran comicidad, con sus dosis de humor negro, de sentimentalismo facilón, de humanismo afable, de simplificadora crítica económica, de pseudo-filosofía existencial que han sido acogidos en Francia como un canto a la esperanza, un relato de la bondad humana y en definitiva una especie de reconciliación nacional. (Aurélien Le Genissel. Intocable. Una bocanada de aire fresco. Dirigido por...Marzo, 2012). Una especie de Mary Poppins masculina, que lleva un poco de aire fresco y de alegría a la vida de un minusválido y deja el trabajo cuando cambia el viento y se requieren sus buenos servicios en otra parte, en su propio hogar, con su madre adoptiva y sus hermanos en riesgo de caer en la exclusión social.




El guión es bastante tramposo y está tocado por la banalidad , el maniqueismo y grandes dosis de populismo. Ambos protagonistas pertenecen a grupos marginales ya sea por su condición étnica o su minusvalía física. Driss (Omar Sy ) es un joven senegalés, un emigrante dotado de un cuerpo potente, 'pragmático', carcelario y lleno de vida; Philippe , (François Cluzet) es un hombre tetrapléjico, totalmente incapacitado, que necesita ayuda para las cosas más elementales, incluso las más sórdidas, pero posee una gran fortuna y dispone de los suficientes recursos para sobrellevar la carga con holgura. Los intercambios son amables: Philippe introduce al joven embrutecido en el universo de la cultura de la élite francesa: opera, música clásica, buena literatura y conocimiento del arte moderno; a cambio Driss lo trata sin compasión, como a un colega sano. Le hace revivir los momentos en que el aristócrata gozaba de movilidad sobrepasando los límites de velocidad en el centro de París con su coche de gran cilindrada, ahora perseguidos por la policía, o fumando porros en los momentos de intenso dolor.




Los directores conscientes del mensaje que se transmite a la población, se permiten esta licencia, pero, hecha esta excepción, siempre que vemos conducir a Driss un coche, es el adaptado a la minusvalía del pasajero que transporta. Hay otros momentos de intercambio de experiencias, en un quid pro quo constante: opera o música clásica por soul o funky, parapente por carreras de vehículos que apenas alcanzan los 12 kilómetros por hora, etc. Los directores buscan el gag fácil, no grosero, como la confrontación de grandes obras maestras de música clásica y funky actual, desacralizando la reverencia que algunos sectores sociales sienten hacia manifestaciones artísticas de las que están excluidas las masas, cuya cultura popular es algo vivo que arrastra a gente de cualquier condición.





Otro momento de demagogía es el tratamiento que se hace del arte moderno, ridiculizándolo y mostrando a sus consumidores como analfabetos que compran lo que no entienden; Philippe vende a uno de sus familiares una tela que ha embadurnado Driss, con la intención de sacarse algo de dinero, por once mil euros. No faltan apelaciones al gran público como la evocación de Obama, Dominique Strauss-hahn, o Justin Bieber. ¿Pragmatismo, concepto que aprende el senegalés en su contacto con el aristócrata, o guiño facilón al público? Concebida como un gran flashback, pretendidamente basada en hechos reales, la modernidad formal se limita a la aplicación de unos cuanto trucos de tratamiento informático de la imagen en la presentación de los títulos de crédito. Fotografía limpia, brillante, de colores vivos al servicio de una historia narrada de forma muy convencional y del gusto de las masas, con un happy end un tanto forzado. Parece que el objetivo de dejar satisfecho al público lo han conseguido.

Comentarios