Lupin III. El Castillo de Cagliostro. Crítica





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UN HÉROE MUY PARTICULAR




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Lupin III. El Castillo de Cagliostro es la opera prima del director de animé mas respetado en Occidente, Hayao Miyazaki, que empezó su carrera en uno de los géneros más cotizados de Japón colaborando con Isao Takahata, con el que fundó el célebre Studio Ghibli, y con el que trabajó en series míticas como Marco y Heidi, en las que colaboró. De hecho, esta cercanía entre ambos está muy presente en las primeras películas de Miyazaki, protagonizadas por personajes caucásicos de ojos enormes que se desenvuelven con gracilidad en paisajes animados por colores muy vivos, que plasman con bastante fidelidad los diferentes escenarios en los que se va a desarrollar una acción, que en la primera secuencia de 'El castillo de Cagliostro' emula con bastante fidelidad las películas de acción norteamericanas.







En esta primera película aborda un cuento tradicional, que se ajusta a la morfología que diseñó Vladimir Propp, según la cual un villano rompe el equilibrio de una determinada colectividad, un héroe se enfrenta a él e introduce la paz y obtiene como premio el amor de la princesa con la que acaba casándose. Sin embargo el japonés utiliza el esquema para inmediatamente romperlo: Lupin III es un gángster que ama más su profesión que a cualquier mujer del mundo, por mucho que le guste y se juegue la vida por ella. Ante todo se deja arrastrar por la emoción, el consumo de adrenalina y la acción, algo a lo que no piensa renunciar para presidir una familia, por muy 'real' que sea, despreciando el hecho de ser coronado.








Lupin III es un ladrón de guante blanco, el más famoso del mundo, no un robagallinas cualquiera . Junto su taciturno compañero se dirigen hacia el ducado europeo de Cagliostro, para descubrir la procedencia de un dinero falso, robado en el casino de Mónaco. Una vez allí, descubren que tras los infranqueables muros y sistema de seguridad de última tecnología del Castillo de Cagilostro, el cruel regente del ducado y falsificador mantiene secuestrada a la princesa Clarice con la intención de contraer matrimonio con ella y utilizarla para descubrir el secreto ancestral, el tesoro oculto de los Cagliostro. Cumplidos sus objetivos, más uno que no formaba parte de sus planes, -salvar a la princesa -, abandona el lugar en busca de nuevas aventuras. Un relato más comprensible para un público adulto, al que Miyazaki  hace guiños, que para un público infantil, que puede no encajar este final en sus historias de príncipes y princesas.





Un film muy recomendable, como todos los de Hayo Miyazaki, un cineasta delicado, con talento, que siempre proporciona una grato agradable a su público.

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