Dos hombres en la ciudad. José Giovani. crítica



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SU MAJESTAD LA GUILLOTINA


Ficha técnica:


Título original: Deux hommes dans la ville
País: Francia
Año: 1973
Duración: 97 minutos

Dirección: José Giovanni
Guión: José Giovanni; diálogos adaptados al francés por Gianfranco Clerici.
Dirección de Fotografía: Jean-Jacques Tarbès
Música: Philippe Sarde
Edición: Françoise Javet

Diseño de Vestuario: Hélène Nourry
Maquillaje: Jean-Pierre Graco
Peluquería: Pierre Vadé

Productores: Alain Delon, André Muchielli, Hercule Mucchielli
Productor ejecutivo: Pierre Caro
Diseño de producción: Jean-Jacques Caziot, Gianfranco Pucci
Compañías productoras: Adel Productions; distribución: Medusa

Intérpretes:


Jean Gavin: Germain Cazeneuve
Alain Delon: Gino Strabliggi
Michel Bouquet: Inspector Goitreau
Mimsy Farmer: Lucie


Sinopsis: 


Gracias a la ayuda de un educador, Gino consigue reintegrarse en la sociedad después de salir de la cárcel. Pero, a pesar de su buena voluntad y sus esfuerzos para hacer una vida normal, un inspector de policía no cree en su inocencia y le recuerda constantemente sus delitos anteriores. La continua presión del inspector y sus sospechas acaban arrastrándolo a cometer un homicidio

Lo que se dijo:


Pocas críticas, pero inmejorables. Miguel Ángel Palomo escribió para el diario 'El País', fundado en 1976,  tres años después del estreno de la película en Francia que el título es "Furibundo alegato contra la pena de muerte (...) uno de los mejores ejemplos del nivel al que llegó durante los años setenta el cine negro francés." Hoy lo podemos leer en Filmaffinity.


Crítica del blog.


El director de programación de la Mostra de València-Cinema del Mediterrani, Eduardo Guillot a cuyo frente se sitúa por primera vez, empieza a proporcionar avances sustanciosos sobre la orientación del Festival,  que, según anticipa, va a poner su foco en un país mediterráneo, Francia, y en el cine negro, que se apodó 'polar', muchas de cuyas películas, ya fueran de Jean Pierre Melville, (Crónica negra, 1971). Henry Verneuil (Gran jugada en la Costa Azul, 1963;  El clan de los sicilianos, 1969), José Giovanni (Dos hombres en la ciudad, 1973, La última esperanza, 1976), Jacques Deray (Borsalino, 1970), Georges Lautner (Muerte de un corrupto, 1977), Jean Tourniel (Por la piel de un policía) o Jean Herman ( Adiós amigo, 1968), fueron protagonizadas por un actor dotado de  un gran carisma, Alain Delon , capaz de representar al personaje más frío e hierático de la historia del cine, siempre que no exhibiera su sonrisa desarmante. Delon trabajó en su juventud con los directores más sobresalientes, entre los que se encuentra Lucino Visconti, para quien interpretó uno de los papeles más conmovedores de la historia del cine, en una de las escasas aportaciones del cineasta aristocrático al movimiento neorrealista que estaba dando sus mejores frutos en Italia, 'Rocco y sus hermanos', la tercera película en la que trabajó el francés más solicitado, tras 'Amoríos', 1958, y 'A pleno sol', 1960. En el cine polar francés, destacó como uno de los hombres más carismáticos e icónicos, de sobresaliente belleza, cuyo ojos de un azul acerado helaban la sangre en las venas, dejando un legado de un valor incalculable al cine negro, que pocos han logrado superar. En esta intensa buddy movie está acompañado por Jean Gavin, un icono del cine negro que "nunca muestra sus sentimientos, sino que está marcado por una interioridad casi patológica, un sufrimiento mudo frente a la podredumbre, la corrupción y el vicio, aunque con frecuencia pasa de esta sobriedad total a un estallido de energía colérica asombroso * 

De entre todas estas películas del género policíaco galo hemos seleccionado, para evocar aquellos tiempos en que nos sumergíamos en estas historias de ladrones y policías, caracterizadas por su gran fuerza y enorme músculo,  una película que nos impactó profundamente cuando éramos muy jóvenes y de la que recordamos casi cada secuencia: "Dos hombres en la  ciudad'. que nos desveló algo que desconocíamos, que la liberal Francia mantuvo la guillotina hasta la década de los 80, y que allí como aquí, existen amplios sectores encargados de impedir que un hombre se inserte. José Giovani reflexiona en profundidad sobre la capacidad de perdonar, la fe en el hombre y su regeneración, boicoteada por aquellos que están dispuestos a dar su propia vida para que el mundo no avance y se mantenga a toda costa un orden mal entendido, gracias a la supervivencia de la pena capital, que en el país galo simboliza la terrible guillotina.


El 16 de marzo de 2011 escribíamos en nuestro blog lo siguiente: "El mundo ha avanzado mucho económicamente, -aunque ahora estamos en riesgo de perder toda esta ganancia -, a costa de un retroceso intelectual y moral, si tomamos como referencia el año en que José Giovani realizó Dos hombres en la ciudad, (1973) producida y protagonizada por Alain Delon, uno de los hombres más guapos y atractivos de la Historia del cine, que protagonizó espléndidos filmes. Muchos espectadores descubrirán al ver esta película de José Govani que en la Patria de la Igualdad, la Fraternidad y la Libertad'  estaba vigente la pena de muerte en Francia, entrada la década de los 80,  que se ejecutaba con el símbolo de la revolución: la Guillotina. 




'Dos hombres en la ciudad supone el mayor alegato llevado a la pantalla a favor de la reinserción de los presos y la abolición de la pena de muerte, dos reivindicaciones materializadas en dos manifiestos: el del educador, (Jean Gabin), figura que existe en las cárceles francesas, y el de la abogada defensora. El relato comienza con una reflexión sobre la justicia del educador, tras la ejecución de Gino Strabliggi (Alain Delon), que enmarca la historia, construida con un gran flashback que hace retroceder al espectador en el tiempo. y cierra con la imagen frustrada y cansada del anciano funcionario, que nunca ya podrá creer en la justicia, de la que ha descubierto su lado más oscuro, las bambalinas del teatro del aparato judicial, que esconden una máquina hecha para matar: la guillotina; en Francia había dos, una que viajaba por las provincias, y otra estaba con residencia en París.





Gino Strabliggi sale de la cárcel un año antes de cumplir su pena, al aplicársele un grado más leve, fruto de los oficios del educador. Está dispuesto a regenerarse y llevar una vida decente, realizando un trabajo que ha aprendido en prisión, pero un inspector de policía que cree que la delincuencia tiene una base genética y que quien ha violado la ley una vez no se puede reformar, guiado por un exceso de celo y un abuso de poder, comienza a estrechar su cerco, a imposibilitar con todos los medios a su alcance que Gino pueda integrarse en la vida laboral y formar una familia, incluido el chantaje a la novia e incluso la presión sexual sobre la chica. Consigue su objetivo, -hacerlo delinquir de nuevo -, aunque la víctima será él mismo.

Gino no tiene ninguna posibilidad de defensa, ya que su palabra carece de peso ante el corporativismo policial, y el único testimonio de los hechos, el de la novia que el inspector había manoseado, queda invalidado por la relación existente entre ambos. Las imágenes de un motín carcelario permiten que el espectador comprenda el alegato de la defensora, que denuncia los diez años de promiscuidad, suciedad, comida que nadie daría ni a su perro, desprecio de los guardias de prisión, jergones, grosería, que ha padecido el encausado. Todas estas circunstancias contribuyen a la degradación de la esencia del ser humano: su dignidad y el respeto a sí mismo.





Periódicamente, ayer como hoy, los grandes rotativos hablan de motines carcelarios, de suicidios de presos, "debido a la desesperación alimentada por un sistema decadente (...) La guillotina nos acerca más a un mundo subdesarrollado que a esa luz del mundo que Francia pretende ser", sostiene la defensora. Giovani no evita las imágenes de la ejecución de un condenado que se niega a recibir el consuelo de una Iglesia, que siempre ha vuelto la espalda a los desgraciados, o de los funcionarios del aparato, con rostros hipócritamente compungidos, que no se sabe con qué motivo le piden valor en los últimos momentos. Su conciencia y su miedo, confesado a su educador, durarán poco, la mala conciencia social durará toda la vida. La cámara vigila cada movimiento del ritual de esta muerte fría y programada: primero cortan el cuello de la camisa, le meten un cigarro en la boca y le dan dos 'chupitos' ¿? y luego dejan caer la cuchilla. En la extradiégesis una cesta que recogerá la cabeza de Gino , que el verdugo agarrará por los pelos. Pero los franceses tenían suerte, en España se ejecutaba con una máquina medieval: el garrote vil, que desnucaba al condenado. En ocasiones los condenados tardaban bastante en morir.

El film está contado linealmente, en forma de un gran racconto enmarcado en una estructura circular, una forma de retroceder en el tiempo para mantener el recuerdo. No hay posibilidad de dobles interpretaciones, un botón es un botón,y el discurso llega claro. La cabeza (caput) de Gino captada por la cámara tras el agujero en que deberá colocarla para que se la separen del cuerpo llega sin distorsiones al espectador. No permite interpretaciones varias, ni medias tintas: la pena capital ha sido ejecutada y algunos dormirán tranquilos, aunque los actores de esta tragedia serán sustituidos por otros Gino, otros Germain y otros inspectores Goitreau  que volverán a representar el mismo drama.


* Noël Simsolo. El cine negro. Alianza Editorial. Edición Cahiers du Cinéma, años 2005. Primera edición el libro singular, 2007, pág,81

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