Yucatán. Crítica





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BOAT MOVIE EMOCIONAL (Daniel Monzón)



Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice, cartel y fotografías (Pinchad aquí)


Hoy, 10 de septiembre de 2018, ha comenzado en el cine Lys de Valencia una actividad de Cine Club, que ha iniciado sus sesiones con una nueva propuesta de Daniel Monzón, un film multirreferencial que bebe, además, de diferentes géneros (thriller, comedia, musical, melodrama innecesario ) dando forma a una historia en la que estafadores y potenciales estafados conviven en una plataforma ambulante, que cala en diferentes puertos, en los que la picaresca nacional española y la de unos cuantos sudamericanos, tiene montados diferentes chiringuitos para hacer realidad sus latrocinios. Daniel Monzón habla de boat-movie, que en realidad no acabamos de ver, y no entendemos con qué objetivo construye un film en esta modalidad. Preguntado por esta cuestión, ha respondido que el no hace documentales, sino que lo que pretende es hacer un trayecto emocional. No entendemos quién realiza este 'viaje', ya que Lucas (Luís Tosar) y Clayderman (Rodrigo de la Serna) son viejos cómplices enfrentados por una mujer, hasta tal punto que habían decidido repartirse las aguas como en otros tiempos hicieron españoles y portugueses, y elegir itinerarios opuestos. Ambos estaban acostumbrados a ir de un lado a otro en estas pequeñas células sociales flotantes, y a recalar en los mismos puestos y realizar sus mismas estafas con miembros de la tripulación disfrazados. La última operación roza el paroxismo, no tiene sentido y lo que es peor, ninguna gracia.




En una larga entrevista que realiza Beatriz Martínez para Fotogramas afirma que, a pesar de todo, siempre tuvieron claro, (parafraseando  al guionista Jorge Gerricaechevarria  y a Daniel Monzón), que no querían hacer la típica película de estafadores (...) “Queríamos que cada escala del barco tuviera un estilo distinto. Algunas partes recuerdan a Tintín, otras a las aventuras del Coyote y el Correcaminos, e incluso a Sam Peckinpah, con coreografías y canciones”. Conscientes de su difícil catalogación, redefinieron la película como ‘boat movie’, es decir, una road movie acuática. Pero lo cierto es que ‘Yucatán’ escapa a cualquier tipo de definición, devolviéndonos al Daniel Monzón más libre, imaginativo y juguetón del principio de su carrera. " Nadie parece entender qué quiere decir, ni tan siquiera cuando pone el apellido emocional.





Despejada pues la cuestión de nuestra nula comprensión de lo que significa para Monzón una boat-movie, tras haberla comparado con grandes road movies como Easy Rider (Dennis Hoper, 1969), y haberla calificado de alta comedia comparable a las que realizó en vida Harold Ramis, ('Atrapado en el tiempo, 1993),  continúa definiendo su película como una Buddy movie, otro subgénero que muestra la amistad de dos varones como la principal relación de la trama, eliminando a la mujer del espacio narrativo o desplazándola a un segundo lugar, algo que no ocurre en esta historia, en la que Verónica (Stephanie Cayo) es la tercera 'mosquetera', la manzana activa de la discordia, la reina del escenario, que ocupa casi constantemente la pantalla, y que , a partir de un momento determinado, compite con los dos hombres para llevarse el botín, que no es otro que un panadero al que le han tocado 120 millones de euros en la lotería, y que cree que el  dinero es una maldición para el hombre, si bien deja que sus hijas y yernos le mendiguen un poco de pasta para pagar la hipoteca de sus casas y emprender un negocio de energías alternativas. El final de la historia no sólo es inverosímil, sino además dudosamente honesto.




Se nos invita a contemplar la ficción como una fábula 'moral', que tampoco entendemos bien (sobre la miseria que acompaña a la codicia, o sobre la  bondd y la inocencia?). El nombre del film no  corresponde al del barco, sino a la Península de Yucatán en México, donde   Antonio 'el panadero' se enamoró siendo joven, y donde quiere ir cuando cree que va a morir, un lugar paradisíaco donde reside la inocencia, el amor verdadero, que es capaz de perdonar. Todos son conscientes, como advierte Verónica, que tarde o temprano deberán bajar del barco, abandonar sus engaños y sus dobleces y acabar sus días tan inocentes como cuando llegaron por primera vez al mundo. Pero mientras se es joven, como ella misma canta, lo único que importa es el dinero. Suponiendo que sea ésto lo que nos quiere transmitir, como dice Carlos Boyero el resultado es devastador: "Nada funciona en esta trama cansina, nula de gracia, con interpretaciones que se mueven entre lo inane y lo grotesco, secuencias que provocan rubor." * Lamento coincidir.




"Es como si en ‘Ocean’s Eleven: Hagan juego’ se colaran José Luis López Vázquez y Manolo Gómez Bur”, dice Monzón. Pues eso. Por mucho dinero que nos gastemos seguiremos dando la imagen que en medio mundo se tiene de los españoles gracias al arduo trabajo que en tiempos de tiranía realizó Paco Martínez Soria, al que se aproxima bastante la de Joan Pera, el abuelo al que le han caído del cielo 120 millones de euros, sigue trabajando en la panadería, y reparte euros a troche y moche, rodeado de familiares voraces, paletos y poco agraciados, (para no quebrar el perfil), a los que, haciendo gala de una 'gran prodigalidad' invita a un crucero por medio mundo, con el objetivo de llevarlos a todos ellos a Yucatán, su Itaca particular, un lugar donde conoció el amor cuando era casi un niño. Seguimos vendiendo la marca España.


* ¿Dónde está la gracia?  Diario 'El País', 1 de septiembre de 2016


El resto del debate lo ha dirigido el propio Monzón y ha dicho casi las mismas cosas que en la entrevista que le hizo Beatriz Martínez para Fotogramas. 

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