Una cuestión de género. Mimi Leder. Crítica.

 



A UN JUEZ NO LE AFECTA EL TIEMPO QUE HACE EL DÍA QUE DICTA SENTENCIA, PERO SI EL CLIMA DE LA ERA. LA REIVINDICACIÓN DE LOS 'CUIDADORES MASCULINOS', UN PASO ADELANTE EN LA IGUALDAD DE HOMBRES Y MUJERES.



Ficha técnica, intérpretes, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí).


Crítica:


'Una cuestión de género' es una película importante de Mimi Leder, una cineasta que forma parte de una familia en la que el cine y el compromiso social han contribuido a forjar su bagaje cultural, y el resultado es  un título como la que protagoniza Felicity Jones. La realizadora es hija de un cineasta independiente, Paul Leder y de Etyl Leder, prisionera de Auschwitz ella, su liberador a las órdenes del General Patton él, y también hermana de un guionista. Ella misma colaboró en el guion de Hill Street Blues (Canción triste de Hill Street en España), una serie que rompía con la tendencia de las telenovelas del momento, a caballo entre finales de los 70 y a lo largo de la década de los 80, las llamadas soap opera, seriales televisivos como Dallas, Dynasty, Falcon Crest, y algunas más, en las que mujeres y hombres de la clase alta, grandes terratenientes, se enfrentaban en conflictos relacionados con luchas por el poder, relaciones sentimentales cruzadas y otros enredos que no tenían nada que ver con los intereses de la población, con la res publica, conflictos que se desarrollaban en unas mansiones en las que la clase trabajadora no tenía ninguna representación, historias muy alejadas de las británicas que enfrentaban dos mundos, el de arriba y el de abajo, con toda su complejidad; eran momentos en los que los episodios de estas series eran interrumpidos por anuncios en los que mujeres muy queridas y respetadas por sus maridos eran felices limpiando sus casas (de ahí el nombre de género jabón), una realidad utópica y naïf, dirigida a las amas de casa, que contrastaba con  la vida turbulenta de estas mujeres ricas tan desgraciadas. Mimi Leder contribuía a crear la imagen de una comisaria como una célula social, en la que había representantes de la diversidad racial del pueblo americano, hombres y mujeres, delincuentes, en resumen todos los sectores que conforman el tejido social, que pretendía descender a ras de tierra con procedimientos técnicos que sugerían que esta serie no sólo contemplaba a los de abajo, sino que esta mirada se hacía con menos recursos que las soap. El trabajo de Leder llamó la atención de Dreamworks, un estudio que se fundó en 1994, entre otros por Steven Spielberg, quien, interesado por el trabajo de esta mujer, le encargó la dirección de 'El Pacificador' en 1997.

Con frecuencia hablo en este blog de la división del trabajo que surgió con el primer hombre y la primera mujer que poblaron la Tierra: mientras que él se encargaba de cazar 'búfalos', como recuerda irónicamente un alumno de Harvard  de Ruth Bader Ginsburg, interpretada por Felicity Jones, ellas se encargaban de cuidar de los suyos dentro del 'hogar', lo que favoreció que fueran las mujeres las que inventaran la agricultura y la cerámica, entre otras cosas relacionadas con la protección de los suyos. Las series coreanas que forman parte de los fondos de Netflix no retroceden como Leder al origen de la lucha de las mujeres por lograr la igualdad, sino que nos muestran un mundo que ya ha cambiado, en el que sus protagonistas masculinos son ya cuidadores, dentro y fuera del ámbito familiar; un buen ejemplo es la serie de 'Esta bien no estar bien', dirigida por Shin Park Woo. La pervivencia de una división del trabajo que está muy arraigada en el imaginario colectivo es objeto de tratamiento de los organismos que analizan las tendencias de aquellos que buscan trabajo en función de su sexo, o de su género, una etiqueta cuyo origen está explicitado en el film.

Parece que, en la constitución norteamericana está bien definida la igualdad ante la ley de cualquier ciudadano de Estados Unidos. El problema reside en las normas que desarrollan sus enmiendas (casi doscientas en relación al punto que establece esta igualdad). La protagonista comienza a tirar del hilo con aquellas que tienen que ver con la desgravación para los cuidadores, que vienen a decir que, en la práctica son las mujeres las que se quedan en casa, mientras los hombres salen a buscar el sustento, y así debe seguir siendo para siempre. Según la letrada, estas leyes son inconstitucionales, y debe ser un hombre, su cliente, el que encabece la marcha abriendo el camino para romper con una realidad fuertemente arraigada, que sostiene que los hombres no pueden ser profesores (en niveles inferiores, se entiende, no en la Universidad, en la que no se cuida a los alumnos), enfermeros (como el protagonista de It's Okay to Not Be Okay, interpretado por Kim Soo-Hyum), o secretarios, por poner solo alguno de los ejemplos más importantes.

Ruth plantea la cuestión desde una perspectiva adecuada: la razón es el alma de toda la Ley', frente a la creencia en la existencia de un orden natural. Los jueces tienen la obligación de respetar la jurisprudencia, pero también los cambios que se producen o se han consolidado en el momento que dictan sus sentencias, el clima de la época. Ganado este proceso, la abogada inició una serie de contenciosos contra todas las leyes que han servido, y en muchos lugares sirven para mantener a las mujeres en su sitio, inferior al que ocupan los hombres, que creen que les han permitido entrar en la Universidad y, no solo no se lo han agradecido, sino que han utilizado su formación para competir con ellos. La primera secuencia es visualmente impactante: un plano de detalle que nos remite a la década de los 60 cuando las Universidades de todo el mundo los accesos a las aulas estaban poblados de pantalones y zapatos de ejecutivo, entre los que destacaban poderosamente la presencia de algunas pantorrillas desnudas que partían de unos pies calzados con tacones, una imagen muy significativa y de gran valor semántico. Estamos en 2020, han pasado muchos años, pero no podemos olvidar nuestra historia y los esfuerzos que han hecho algunas mujeres situadas en posiciones-clave (tribunales, universidades, caucus...) para llegar al lugar en el que estamos, sin olvidar que el patriarcado también castiga a los hombres que no se han ajustado a su modelo, como el cliente de Ruth, que no ha formado familia y ha dedicado su vida a cuidar de su madre, lo que le provoca el repudio de una sociedad muy conservadora y defensora de los roles consolidados durante milenios, que no se han percatado de que esta misma sociedad ha operado grandes cambios en los últimos doscientos años, que se han exportado de forma tan global como la economía, con dolorosas excepciones, como vimos en películas como 'Guapis' (film francés, dirigido por  Maïmouna Doucouré.

La podéis ver en Netflix.


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