Marc Foster el director de cine que se anticipó a la aparición de la Generazión decisiva del cambio, en su película "Guerra Mundial Z"
Guerra Mundial Z: Cuando el cine comercial filmó la marea de los desposeídos
Ficha Técnica
Título original: World War Z
País: Reino Unido / Estados Unidos
Año: 2013 | Duración: 116 min.
Dirección: Marc Forster
Guion: Matthew Michael Carnahan, Drew Goddard, Damon Lindelof (Basado en la novela de Max Brooks)
Reparto: Brad Pitt, Mireille Enos, Daniella Kertesz, Fana Mokoena, David Morse, Pierfrancesco Favino, Peter Capaldi.
Fotografía: Ben Seresin | Música: Marco Beltrami (Tema adicional: Muse)
Productoras: Paramount Pictures, Plan B Entertainment, Skydance Productions.
Sinopsis y contexto
Para salvar a su familia y a la civilización entera, el antiguo investigador de las Naciones Unidas Gerry Lane (Brad Pitt) se ve obligado a recorrer el globo para rastrear el origen de una pandemia devastadora que está derribando gobiernos y colapsando el orden mundial a una velocidad vertiginosa.
Comentario crítico: La metáfora del espejo y la gran pregunta: «¿Quiénes son los Z?»
Escribí este análisis originalmente en 2013, poco después del estreno de la película. Hoy, la realidad geopolítica, los fenómenos migratorios de masas y la fragilidad de nuestras fronteras nos obligan a reconfigurar la mirada sobre este blockbuster. Aquello que en su momento se vendió como un vertiginoso espectáculo de acción veraniego es, en el fondo, una advertencia seria y profunda sobre las grietas del mundo insolidario que hemos construido.
Para entender el alcance del film de Marc Forster, conviene abordarlo desde dos dimensiones que se entrelazan: el relato de ficción sobre los «no-muertos» y el tratamiento de la realidad cotidiana.
1. Las señales de alarma y la irrupción del caos
Desde los primeros minutos, la película nos alerta a través de una ventana tan privilegiada como impasible: la televisión. Desaparición de especies, animales muertos flotando en las aguas, contaminación ambiental, comportamientos extraños de las masas, paro generalizado... ¿Nos suena de algo? La realidad irrumpe en la vida de los personajes mientras desayunan en familia.
En medio de este escenario surge Gerry Lane —un nombre cuya fonética evoca inevitablemente a Harry Lime, el amoral personaje de El tercer hombre que hizo fortuna vendiendo penicilina adulterada en la Viena de posguerra—. Sin embargo, Lane actúa movido por un impulso opuesto: al igual que el protagonista de Elysium (Neill Blomkamp), en principio solo se arriesga para salvar a los suyos. Su viaje por distintos continentes lo irá convirtiendo, muy a su pesar, en el héroe de una humanidad a la que no pretendía rescatar.
2. La violencia de la masa y la renuncia al "gore"
Quien busque en Guerra Mundial Z un espectáculo sangriento de mordiscos y desgarraduras en primer plano quedará decepcionado. Forster escamotea el cuerpo a cuerpo e impone una estética de violencia surrealista a través de planos cenitales. Tomadas desde aviones o helicópteros, las cámaras narran el movimiento fluido y destructivo de las masas.
El cineasta distancia al espectador e introduce al «zombie» actuando en grupo, asaltando objetivos clave y derribando barreras. Son el elemento de extrañamiento para formularnos la pregunta incómoda: ¿Quiénes son realmente los Z? Los Z son la representación de las masas desfavorecidas, los desposeídos de la tierra cansados de esperar, la fuerza incontrolable que reacciona cuando el sistema margina, aísla y cierra las puertas a la supervivencia.
3. Geopolítica, muros y la doctrina del «Décimo Hombre»
Algunos pasajes del viaje de Gerry solo se entienden al leerlos en clave estrictamente política:
Corea del Sur: La drástica medida de arrancar los dientes a veinte millones de personas para erradicar el contagio.
El muro de Jerusalén: La construcción de un gigantesco bastión defensivo que, paradójicamente, permite el paso diario de un cupo de palestinos. Es escalofriante la correlación visual entre las filas de trabajadores que cruzan la frontera y el posterior asalto masivo imaginado por el director.
Resulta fascinante la conversación entre Gerry y Jurgen Warmbruun, alto funcionario del Mossad. Este justifica la construcción del muro en una costumbre judía establecida tras las grandes catástrofes del siglo XX: ante una amenaza, se establece un consejo de diez hombres; si nueve están de acuerdo en una conclusión, el décimo está obligado a disentir y buscar la hipótesis contraria. Cuando nueve determinaron que la palabra «zombie» era solo una clave o un pretexto, el décimo se vio obligado a defender su existencia real.
4. La ruptura de la moral y la función del arte
Marc Forster no duda en justificar el saqueo de los grandes almacenes cuando acucia la escasez. Pone al frente de los asaltantes al propio héroe y a su familia, integrando a guardias jurados y a ciudadanos de a pie a los que la tragedia hermana de golpe. Arnold Hauser señalaba que el arte debe tener una función o no es tal. ¿Cuál es la del cine? ¿Analizar la realidad y abrir ventanas al mundo como pedía André Bazin a los teóricos de la Nouvelle Vague?
La clave de Guerra Mundial Z reside en una máxima que el propio film verbaliza: la gente no cree que algo vaya a pasar hasta que ya ha ocurrido. Superada la primera embestida, la única vacuna posible ante el colapso no es una fórmula química en un laboratorio, sino la solidaridad entre los seres humanos.
Reflexión final: La letra Z y el espejo del presente
Visto con la perspectiva del presente, el film adquiere una dimensión sociológica casi profética. Hay un juego sutil y premonitorio en el título: la historia nos habla de una guerra contra los zombies, pero esa misma letra Z acaba sirviendo de marco histórico para nombrar a la Generación Z, la cohorte de jóvenes llamada a protagonizar la nueva revolución industrial y a lidiar con las ruinas de este modelo global. A veces la cultura popular toca teclas de forma aparentemente fortuita y termina dando de lleno en el clavo.
Hoy vemos cómo distintas capas de esa Generación Z están convulsionando regiones enteras como Asia y redefiniendo el activismo geopolítico. Fenómenos recientes —donde miles de jóvenes se desplazan masivamente empujados por la desesperación o las dinámicas globales, desafiando fronteras para terminar atrapados en bucles insólitos de ida y vuelta— demuestran que las imágenes de Forster no eran mera fantasía pirotécnica. Eran la radiografía estilizada de un planeta herido por la desigualdad, la incomunicación y el miedo. Guerra Mundial Z no nos deja dormir tranquilos porque, bajo la máscara del cine de acción, nos obliga a mirar de frente el mundo que estamos legando a esa misma generación.
Nota de la autora / Colaboración:
Texto original de 2013, revisado y editado en colaboración con Silene para Cinelodeon, articulando la crítica de cine de ciencia ficción con el análisis historiográfico de las dinámicas de masas y la geopolítica contemporánea.
Etiquetas / Tags
Guerra Mundial Z, World War Z, Marc Forster, Brad Pitt, Max Brooks, Cinelodeon, Crítica cinematográfica, Cine de zombies, Blockbuster sociológico, Planos cenitales, Nouvelle Vague, André Bazin, Arnold Hauser, Análisis de masas, Generación Z, Geopolítica contemporánea, Gripe Española 1918, El décimo hombre, Fronteras y sociología.
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