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sábado, 18 de abril de 2015

El hipnotista




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Ficha técnica:

Título original: Hypnotisören
País: Suecia.
Año: 2012.
Duración: 116 mi nutos.

Dirección: Lasse Hallstrom.
Guión: Paolo Vacirca, basado en la novela 'Hypnotisörem de Lars Kepler, adaptada por Paolo Vacirca y Lasse Hallström.
Casting: Imor Hermann.
Dirección de Fotografía: Mattias Montero.
Música: Oscar Fogelström.
Edición: Thomas Täng, s.f.k. y Sebastian Amundsen, s.f.k.
Dirección de arte: Mattias Ohlsson.
Puesta en escena: Lasse Westfelt.
Sonido: Aleksander Karshikoff.
Supervisor efectos visuales: Leo Wilk.

Vestuario: Karin Sundvall.
Maquillaje: Jenny Fred.

Productores: Börje Hansson, Peter Possne, Bertil Ohlsson.
Productor ejecutivo: Peter Bengtsson.
Productor en línea: Serina Björbom.
Compañías. productoras: eOne Entertainment, Svensk Filmindustri, Samproduktion Med Sonet Film, Filmpool, Nord AB...


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Intérpretes:

Lena Olin: Simone Bark,
Tobias Zillacus: Joona Linna,
Mikael Persbrandt: Erik Maria Bark,
Helena Af Sandberg: Danilla,
Oscar Pettersson: Benjamin,
Jonatan Bökman:  Josef.
Anna Azcarate: Lydia.


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Sinopsis: 

En Estocolmo una familia es asesinada. El único superviviente de la masacre es Josef, el hijo de la familia de tan sólo 15 año y su hermana mayor Evelyn, que se ha salvado porque vive en una casa en el campo. Erik Maria Bark es médico e hipnotizador. La noche del asesinato el comisario Joona Linna, encargado de la investigación, le llama para que someta a Josef a una sesión de hipnotismo en el hospital de Estocolmo, donde está ingresado. Unos días más tarde el hijo de Erik Maria Bark, Benjamin, es secuestrado de su propia cama. Erik emprenderá la búsqueda de su hijo junto a Linna, Simone, su mujer y su suegro Kennet Sträng... Juntos intentarán resolver estos dos misterios...


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Crítica

La crítica, como ocurre con frecuencia, no se pone de acuerdo en torno a este oscuro film de Lasse Hallström, un cineasta cálido ( ¿A quién ama Gilbert Grape?, 1993; Las normas de la Casa de la Sidra, 1999; Chocolat, 2000; La pesca del salmón en Yemen, 2011; Un viaje de 10 metros, 2014...), en ocasiones un tanto dulzón y sensiblero, que, al regresar a su país, se torna distante, frío, gris como el paisaje, que descoloca a quienes conocen su cine, como Boyd van Hoeij (Variety), que  ve 'El Hipnotista' como una obra poco apropiada para el director, pero más que disgusto muestra perplejidad.

Otros, como Neil Young (The Hollywood Reporter) o Luís Martínez (diario 'El Mundo) se muestran decepcionados por esta muestra de cine negro nórdico, sin pulso, que entusiasma a Gregorio Belinchón (Diario 'El País') que la considera excelente y a Carlos Boyero, crítico del mismo periódico, que considera que decae a veces a causa de lagunas o cosas mal explicadas, aunque crea una atmósfera, un clima desasosegante y turbio, una película con notable personalidad. Esta es la tónica general, en la que nadie se pone de acuerdo sobre nada.


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Comentario:

Al volver a su país Lasse Hallström, parece contaminarse del gélido ambiente en el que se crió y se estrena con un film con vocación de cinema vérité, ambientes claustrofóbicos sin apenas iluminación, colores grises, plomizos que transmiten la misma sensación de inhumanidad que los helados paisajes que circundan las viviendas en el largo invierno polar. En este contexto la más mínima sombra produce inquietud. Esta privación del animo, del pulso vital de los personajes, alcanza su máxima expresión en algunas secuencias como la filmación del reflejo del policía que investiga los crímenes y el médico forense en la superficie pulida y brillante de los frigoríficos en los que se conservan los cadáveres.

Como una secuencia de los reality de 'crímenes imperfectos', en ocasiones parece acercarse más a la realidad que estos productos que pretenden representarla fielmente. El director, cercano, cálido, sensible, que muestra la mayor ternura en películas como Hachiko, apoyado en uno de los actores más populares del país, Mikael Persbrandt, construye una poesía negra, triste, desalmada y muy alejada a la sensibilidad edulcorada que lo ha hecho famoso, y nos muestra una sociedad que padece crímenes horrendos en lugares en los que cualquiera se sentiría más seguro, como el gimnasio de un Instituto, pero también en casas aisladas como la del protagonista, algo terrible en un pueblo que debe pasar muchas horas en casa, a causa de la nieve y la oscuridad.

Las panorámicas no resultan más tranquilizadoras: paisajes grises, nublados, tejados cubiertos por la nieve y chimeneas oscureciendo más aún el ambiente. Salir de casa y sentarse en la terraza no es una experiencia agradable; las grandes cristaleras que pretenden integrar la arquitectura en el paisaje, introducen la desolación en las estancias y, muy probablemente, expulsará a más de uno de las salas de proyección, huyendo de una situación que lo agobia. La abundancia de planos subjetivos denuncian la presencia de alguien que observa  fuera de la casa del hipnotista, un hombre desprestigiado a causa de un error que pesa en su conciencia. En ciertas ocasiones roza el sinsentido, como en la secuencia final, la única cargada de tensión, aunque excesivamente forzada. Resuelto el conflicto, el peligro se conjura y la cámara se eleva y avanza dejando atrás Estocolmo, sus tejados nevados, sus chimeneas humeantes y sus ciudadanos celebrando la Navidad, mientras desfilan los créditos finales y suena una canción que quiere devolvernos algo de alegría. Y el espectador bien chafado.

Se ha querido comparar este film con las películas de Thomas y Daniel Alfredson que, a pesar de los temas que tratan resultan más vitales y cercanas, lo que no deja de sorprender en un director como Lasse Hallström, que, en esta ocasión logra estremecer a su público, con una verdadera historia de terror en el seno de una familia que adoptó un hijo de una familia desestructurada; una historia de venganza ciega, no siempre igualmente justificada. Nadie parece estar seguro en ninguna parte en estos lugares y, aunque resulte sorprendente, hasta el propio reflejo de cualquier cosa en los cristales, el rostro de los personajes, las luces de dentro de la casa o las del exterior, producen auténtico temor. No le ha sentado muy bien a Lasse Hallström volver a Suecia y  sus seguidores necesitarán una buena dosis de frivolidad, quizá algún programa de famoseo, para recobrar la normalidad, después de regresar de los infiernos; no es tensión lo que genera, sino malestar profundo.



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