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domingo, 3 de mayo de 2015

Spanglish.





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Ficha técnica:

Título original: Spanglish.
País: Estados Unidos.
Año: 2004.
Duración: 145 minutos.

Dirección: James L. Brooks.
Guión: James L. Brooks.
Casting: Mary Bernieu.
Dirección de Fotografía: John Seale, a.c.s., a.s.c.
Edición: Richard Marks
Música: Hans Zimmer.

Diseño de Vestuario: Shay Cunliffe, Louise Mingenbach.

Productores: James L. Brooks, Richard Sakai, Julie Ansell.
Productor ejecutivo: Christy Haubegger, Johan Bradshaw.
Co-productores: Aldric La'auli Porter, Richard Marks.
Productor asociado: Mar´çia Cavanaugh.
Diseño de producción: Ida Random.
Compañías. Productoras: Columbia Pictures, Gracie Films Productions.


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Intérpretes:

Adam Sandler: John Clasky,
Téa Leoni: Deborah Clasky,
Paz Vega: Flor,
Cloris Leachman: Evelyn,
Shelbie Bruce: Cristina,
Sarah Steele: Bernice,
Ian Hyland: Georgie,
Victoria Luna: Cristina a los 6 años.

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Sinopsis:

Paz Vega debutó en Hollywood interpretando a una madre soltera mexicana que emigra a Los Ángeles por el bien de su hija. Allí logra trabajo como ama de llaves de una típica familia americana.



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Comentario


Llora una sola vez, pero bien llorada


Un film extremadamente largo que ha molestado a los críticos españoles porque, a través de Paz Vega, vuelven las 'chicas de la 6º planta', esta vez en forma de una chicana que entra a trabajar en  el hogar de una familia de la clase alta americana;  él es un jeff de un restaurante de cuatro estrellas, ella una auténtica pija inconsecuente, una mujer paternalista que se quiere ganar a la hija de la criada, sin que queden muy claros sus motivos: si necesita cultivar su propia egolatría con el agradecimiento de los inferiores, si Cristina, la hija morenita pero delgada y estilizada de Flor se adapta mejor a su modelo estético de lo que debe ser una adolescente que su propia hija, una niña con sobrepeso...No es maldad, sino auténtica ausencia de un mínimo de picardía e inteligencia lo que caracteriza a Deborah frente a la hispana, guapa, elegante, discreta, dotada de todas las  virtudes y capaz de aprender inglés para lograr una plena integración. La película peca de maniqueismo desde el primer segundo que se pone a andar e intenta atraer la complicidad el público contra de la blanca norteamericana y la simpatía hacia la mejicana, íntegra, recta y muy sensible con la educación de su hija, decidida a impedir que nadie la saque a pasear sin pedirle permiso previamente.

Pero hay algo todavía mucho peor. Deborah  consigue una beca en un colegio privado para la hija de Flor, y éste lo rechaza y ayuda a su hija a declinar la oferta, porque no quiere que ésta reciba una educación que la diferencia de ella, que le arranque las raíces y le haga olvidar quién es y de dónde procede. Una incongruencia en una mujer que huye de su país, que no es una entelequia sino una realidad, porque las oportunidades que ofrece esta nación a sus habitantes son de tal calidad que se juegan la vida para huir de él, huyendo campo a través, como hizo ella, o jugándose la vida al atravesar el río Grande. Cuando toma esta decisión altiva y orgullosa, frente a la descerebrada y superficial de su oponente, ignora que llegará un momento en que su hija decidirá el camino que quiere tomar, en un sentido y una dirección que ella es incapaz de prever. Cuestiones sentimentales se enredan con estas más propias de la idiosincrasia de los pueblos, que hacen muy difícil la convivencia de siete personas en la misma casa.

La familia americana, al contrario de lo que dice José Manuel Cuéllar (diario 'ABC'), sin demasiadas ganas de entrar al trapo en esta dramedia insustancial, no es un modelo de convivencia pacífica y feliz, ni se puede calificar a la película de cándida ni mojigata, sino de maniquea y oscura, ya que es difícil entender qué nos quiere transmitir el guionista y director James L.Brooks, durante casi tres horas, en las que nos enseña cómo viven algunas personas, cuyas casas tienen, en lugar de un jardín trasero la orilla del mar, en la que sólo el patriarca trabaja y el resto vive como los dioses; la presencia de la chica hispana es como un recordatorio de la buena educación y las mejores costumbres. Si Cristina, la narradora del film, que conduce la narración a través de un relato de su vida que va a presentar en una Universidad en la que ha decidido entrar, en un primer momento maldice  a su madre cuando la arranca a la fuerza de una casa con piscina, en la que ella la había metido, y la saca de un colegio privado, que en Norteamérica es lo más, acaba comprendiendo  las razones profundas del comportamiento de su progenitora. El resto es puro clasismo y mojigatería. Hay que agradecer a Adam Sanler que se mantenga en un tono comedido, que llega a veces a rozar un romanticismo que no te acabas de creer, y una bondad infinita más incomprensible todavía. Un hombre que no puede entender que una mujer viva sola con su hija sin ser viuda.

No siempre que nos sentamos a ver una película ante el televisor tenemos suerte. A este hecho se añade el que divagamos porque no sabemos exactamente qué nos quiere decir el director con este lenguaje de estética televisiva, aunque no haya sido realizado precisamente para este medio. Cuando uno emigra a otro país, porque no puede vivir en el suyo, suele buscar una integración plena y no convertir a sus hijos en un tarro de esencias patrias, intentando conjurar el riesgo de que cuando crezcan se avergüencen de sus padres. Si esto es lo que quiere decir, es más casposo de lo que parece. Resulta muy divertido ver este film, en versión original subtitulada (no hay otra posibilidad) : los americanos hablan inglés, y subtitulan todo lo que dicen; los mejicanos unas veces español y otras inglés, de tal forma que los subtítulos se montan unos encima de otros y logran que el espectador esté más pendiente de descifrar lo que tienen que leer que de ver la película.




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