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sábado, 20 de junio de 2015

Pan y rosas. Ken Loach. Comentario.




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Ficha técnica:

Título original: Bread & Roses.
País: Reino Unido.
Año: 2000.
Duración: 110 minutos.
Género: Drama.

Dirección: Ken Loach.
Guión: Paul Laverty.
Casting: Ronnie Yeskel y Richard Hicks.
Dirección de fotografía: Barry Ackroyd.
Música: George Fenton.
Sonido: Ray Beckett.
Edición: Jonathan Morris.
Director artístico: Catherine Dpherty,
Decorador del set: Melissa Lavandes

Diseño de Vestuario: Michelle Michel.
Estilista de peluquería: Yvette Pérez.
Diseño de maquillaje: Veronique Guillem.

Productor: Rebecca O'Brien.
Productor ejecutivo: Ulrich Felsberg.
Diseño de producción: Martin Johnson.
Parallax Pictures, Road Movie Filmproduktion y Tornasol /Alta Film Productions con la participación de British Screen y la participación de BSkyB, asociado con Bac Films, BIM Distributione, Cinéart y Film Co-Operative, Zürich, la colaboración de Film Four...


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Intérpretes:

Pilar Padilla: Maya,
Adrien Brody: Sam,
Elpidia Carrillo: Rosa,
Jack McGee: Bert,
George Lopez: Pérez,
Alonso Chavez : Ruben,
Monica Rivas: Simone,
Frank Davila: Luís,
Mayrom Payes: Ben,
...

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Sinopsis:

Maya y Rosa son dos hermanas mexicanas que trabajan, en condiciones de explotación, como limpiadoras en un edificio de oficinas del centro de Los Ángeles. Un encuentro con Sam, un apasionado activista norteamericano, cambiará sus vidas. Gracias a Sam, toman conciencia de su situación laboral y emprenden una campaña de lucha por sus derechos, pero corren el riesgo de perder su trabajo y de ser expulsadas del país. (Filmaffinity).

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Comentario: 

Hay muchas cosas que trabajan a favor del 'podemita'  Ken Loach, calificativo que hoy se aplica a los seguidores del lema que el Presidente de los Estados Unidos, de origen afroamericano, hizo célebre: Yes We Can, y que los exégetas de los movimientos de indignación, nacidos tras la crisis que se inicia en septiembre de 2008, cuando cayó Lehman Brothers y le siguieron otras entidades financieras y de seguros, que obligaron a Henry Merritt Poulson, Secretario del Tesoro con George Bush a realizar un rescate a la banca, mediante la Ley de Estabilización Económica de Urgencia de 2008, hicieron propio y adaptaron a sus realidades nacionales con otros de significación paralela como 'Sí se puede'.

Pero el compromiso del cineasta británico no admite la menor sombra de duda. Heredero del llamado 'realismo social británico'. al que se ha criticado desde sectores burgueses colocándole la etiqueta de ser transmisor de 'un grado cero de escritura cinematográfica o escritura fría' y de practicar un estilo depurado y sintético (Wikipedia), algo similar a lo que sucedió con el realismo socialista en Rusia, que hizo aguas tan pronto surgieron las contradicciones entre los artistas subjetivistas y los partidarios de la denuncia social por encima de todo. La dilatada carrera de Loach ha dejado el terreno sembrado de testimonios de la lucha social en el Reino Unido (o desunido) como 'Lloviendo piedras (1993), Tierra y Libertad (1995), El viento que agita la cebada (2006) o Jimmy's Hall (2014), películas de acerado calado político, y otras, muy pocas, más optimistas como 'Solo un beso' (2004), a pesar de la dureza de las relaciones interraciales que plantea. Pan y rosas rescata  del baúl de los recuerdos la exigencia, que hicieron suya las mujeres que trabajaban en el empresa textil de Massachussetts, que  pedían pan, pero también rosas, una demanda que repetía en sus marchas los versos de James Oppenheim: Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerte/ Los corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos/ ¡pan y rosas, pan y rosas! Este legado cultural pone en evidencia a quienes acusan a los desfavorecidos de poseer televisores plasma, comprados en un periodo pre-crisis, o tener una cuenta en twitter; no entienden que los hombres (término usado de forma genérica) quieren además de aquello que garantiza su subsistencia, todo lo que ellos mismos han contribuido a crear y cuya cualidad es la de ser bello.

Ken Loach entiende a la perfección que la forma es el discurso, que busca una forma de evasión agradable y bella para la burguesía, es una forma de degradar su mensaje y nos transmite una imagen fría, grisácea, que no esconde los escombros del estado del bienestar tras el gobierno de la Thatcher, pero que tampoco oculta ni ensombrece las contradicciones de la clase trabajadora, una lucha en la que todos tienen un poco de razón, mientras algunos olvidan que, como advierte Oliver Stone en Wall Street II 'El dinero nunca duerme', mientras ellos se pasan medio año ahorrando para irse a una playa, en el interior de su país o en el extranjero, cada uno según sus posibilidades, y disfrutar de lo que consideran su merecido descanso, aunque cuando vuelvan a su rutina hayan perdido el empleo y se hayan quedado sin subsidio. Como les recuerda el sindicalista, interpretado por Adrien Brody, en cinco años los trabajadores de la limpieza habían visto bajar sus sueldos desde $8,50 hasta  $5,75, y habían olvidado, como ocurre con todos los jóvenes de menos de 40 años en Europa) qué eran unas vacaciones pagadas o una paga extra. Una situación que la crisis ha empeorado aún más y en la que los empresarios poderosos contratan, por ejemplo la limpieza que es el núcleo significativo de esta película, a empresas que pueden ofrecer precios más baratos, porque sus trabajadores no están sindicados.

El cineasta británico no tiene reparo alguno en poner sobre el tapete los enfrentamientos entre los propios trabajadores, los defensores de la realpolitik , que amparados en la experiencia han visto cómo se iban endeudando los sindicatos norteamerianos pagando deudas de sus afiliados cada vez que se perdían los juicios por acciones al margen de la ley, y los representantes de los trabajadores más utópicos, activistas y asamblearios; la lucha entre el esfuerzo individual y la lucha colectiva, con dos ejemplos impactantes: el de Ruben que ha estudiado como un loco y ha recogido todo el dinero que ha ganado, tras ayudar a la familia, para ingresar en una Universidad y licenciarse como abogado, y el de Rosa, hermana de Maya, que se ha prostituido en Estados Unidos para ayudar a una familia en México que pedían dinero sin parar y no se preguntaba nunca de dónde lo sacaba una adolescente. Cuando Maya conoce esta realidad que nunca se había planteado, comete un pequeño delito, roba el dinero que Rubén ha perdido por una huelga a la que ella lo había arrastrado y lo matricula en la Universidad. Este gesto supone su deportación a México. También convierte en protagonista de su film la resistencia de los emigrantes de América del Sur para aprender la lengua del país que los acoge, lo que unido a la reunión de los emigrantes en locales a los que no van los norteamericanos y elección como himno y signo de identidad 'la salsa', se van ellos mismos recluyendo en ghettos que hacen más difícil su integración y se apartan de aquellos a los que han cuidado, - ancianos, niños...-, han lavado y ha ayudado a progresar. Una explicación, si se quiere, de por qué los ciudadanos de izquierdias del Norte de Europa se sienten tan atraídos por estos ritmos, aunque en los últimos tiempos, en Inglaterra y Dinamarca, los movimientos xenófobos se están adueñando de las conciencias de una población mayoritaria.

Las luchas se ganan o se pierden, y la única garantía de éxito es una unidad  muy difícil de alcanzar, porque, con demasiada frecuencia los hombres luchan por el poder, sirviéndose de la desgracia de los demás, y para conseguirlo no dudan en atacar a quienes, desde su  misma trinchera defienden estrategias diferentes para conseguir los mismos objetivos. Pero hay algo que hace a Ken Loach diferente a muchos otros. jamás se ha tomado en broma, ni se ha servido de ningún tipo de humor, ni blanco ni negro, para mantener como norte ideológico la lucha de clases, sin demagogias, advirtiendo a las clases más desfavorecidas de que cualquier retroceso retarda años su lucha por un mundo más justo y  equitativo. La realidad demuestra cada día que amplios sectores, muy manipulables, especialmente si se encuentra un objetivo contra el que liberar sus iras, ya sean los negros, los emigrantes, las mujeres..., hecho constatado que amplía el frente del dinero 'que nunca duerme' con el apoyo de amplias capas de la clase trabajadora y explotada. Hoy, en el país que retrata Loach, en el que el lema 'Yes We Can' llevó a un afroamericano al poder, se está viviendo una ola de violencia precisamente contra contra los negros, cuyos ejecutores no pertenecen a las clases altas, sino a personajes extraídos de las filas de los más débiles económica e intelectualmente. El hombre no ha dejado de avanzar desde el Paleolítico hasta hoy, pero se han producido interludios en ese gran teatro del mundo, que han frenado su desarrollo antes de llegar al acto final. Cuando uno va a un cine o decide comprar un DVD de Loach sabe perfectamente que no es una tarde de diversión la que le espera.




 

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