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lunes, 19 de octubre de 2015

La red social. Comentario.





Ficha técnica, sinopsis, comentario.(Pinchad aquí)

Comentario actualizado.




Hemos comentado con frecuencia este film de David Fincher que nos acerca a unos personajes que tuvieron la habilidad de entender el vacío que provoca la soledad a que nos abocan las nuevas tecnologías y crearon una plataforma social que se basaba en el proyecto aristocrático de unos jóvenes de Harvard, cuyo propósito era crear una red limitada a los amigos, un club social ala antigua usanza, en la que uno podría comunicarse con sus allegados sin moverse de casa. Lo curioso es que, a modo de un darwinismo tecnológico, la expansión de esta tribuna pública restringida amenaza con arruinar otras iniciativas. Nadie puede prosperar hoy al margen de Facebook.

El director advierte, usando el lenguaje fílmico, de que quien vaya a ver en La red social a unos jóvenes ricos, divertidos, triunfadores... anda muy equivocado. El día del estreno, 15 de octubre de 2010, la primera sesión había convocado a montones de adolescentes y algunas señoras mayores despistadas que reflejaban en su rostro el sabor amargo que había dejado en ellos la representación del director.Cuando la película comienza a caminar se confirman las advertencias de Fincher: está filmada no ya con luz empobrecida, sino casi en una penumbra constante, que suprime cualquier referencia al cine luminoso y alegre hecho para jóvenes. En la primera secuencia hace el retrato de Zuckerberg, un chico pretencioso, soberbio, clasista y sin escrúpulos, que por el simple hecho de estudiar en Harvard cree que tiene derecho a menospreciar y humillar a cualquier joven que curse estudios en otra menos prestigiosa, incluida su propianovia; ella le llama piadosamente 'gilipoyas', y digo que lo hace piadosamente porque es mucho más que todo eso: es un machista, un hombre sin escrúpulos, sin fronteras morales, que usa las ideas de los demás, los esfuerzos de los demás para enriquecerse personalmente.

Este joven hábil en el uso del lenguaje informático, pero no conoce las humanidades y aprovecha las habilidades de jóvenes, en un caso aristócratas ingleses, en otro su pobre amigo, al que no duda en saquear para después dejarle en la calle. Estas 'habilidades' le costarán una gran fortuna, que como bien dice la abogada para él supone un poco más que pagar una multa. Su relación comercial y fraternal con Sean Parker, socio de Shaw Fanning en la desaparecida Napster ('siestero', nombre originado por la costumbre de Fanning de hacer la siesta), le atrajo a los 'inversores de riesgo' de Sillicon Valley, y algún que otro disgusto con la policía por el consumo de estupefacientes y la participación de menores en sus fiestas. El origen de la idea de la 'red social' y que atrajo a tantos miles de adolescentes de todo el mundo, no es la idea original, en cuanto al contenido, que inspiraba, al parecer, a los gemelos Winklevos; todo surgió la noche en que Zuckerberg rompió con su novia y lleno de rabia escribió un comentario ultrajante y machista contra ella. Como le gustó la idea, aprovechando sus conocimientos sobre programación, entró ilegalmente en ficheros de residencias femeninas de la Universidad y creó un sitio llamado Facemash de contenido altamente misógino, en el que invitaba a los chicos a votar sobre el físico de las muchachas. También comenzó a circular por la red que su 'pobre' socio capitalista, Edward, incitaba al canibalismo a una gallina que le obligaban a llevar con él desaprensivos integrantes de una empresa del medio en la que aspiraba a entrar.

En aquel momento afirmaba en mi post que me reservaba la opinión, ya que hablar de estos temas en un momento en que millones de personas creían que tenían derecho a usar 'gratis' el trabajo de los demás, y en que la red estaba que ardía es peliagudo y no lo iba a hacer. Sólo quería advertir a los miles de alumnos que llenan nuestras aulas de que detrás de esta simple palabra, Facebook, (muy cuidada publicitariamente) hay empresarios poderosos, con nombres y apellidos, que han superado las ganancias, no de los pobres artistas que pueblan el mundo y que no pueden vivir de su trabajo, sino de la industria del cine y de las discográficas, y que su éxito se basa en la pérdida de la privacidad de todos los que se acercan a estos programas. Ridley Scot en sus últimas películas, (Red de mentiras), también advierte de que la única forma que tienen los pueblos e individuos desempoderados del mundo de mantenerse fuera de control es no usar ni siquiera un móvil. Más pronto que tarde muchos podrán comprobar lo caro que les resulta volcar sus intimidades en la red social, quedando expuestos a las miradas de parejas despechadas, futuros patronos...

Zuckerberg ya pagó su factura en forma de pena multimillonaria, pero no olvidemos algo: él puede. Pero a otros aún les queda el poder suficiente para contraatacar. Hoy le ha tocado el turno a David Fincher, que con su guionista Aaron Borkin ha hecho un film no apto para adolescentes incondicionales y adictos a las redes sociales; Zuckerberg sabe que esta publicidad no le favorece y ha intentado limpiar su imagen. Pero los jóvenes del mundo saben algo más después de ver el film: Facebook es un empresa, tan capitalista o más que muchas otras, cuyos socios mayoritarios tienen nombre, el mayor de los cuales se llama Zuckerberg. A partir de aquí que aprendan a ser adultos y a tomar sus propias decisiones, pero que sepan que cada vez que hacen clik o doble clik aumenta la cuenta de resultados de este personaje, brillante alumno de Harvard, que desprecia a estudiantes de instituciones menos elitistas y utiliza sus conocimientos, basados en algo antiguo y muy conocido, como es el ansia del ser humano de fisgonear en la vida de los demás, para enriquecerse. Es el mismo principio que anima la televisión/basura.

La verdad, he de confesar que la crítica de Carlos F.Heredero sobre La red social me ha decepcionado un poco, y lamento decirlo porque le sigo constantemente. Ha cometido el mismo pecado que atribuye a Fincher: un buen título y una buena conclusión, el resto un poco mareado. Y es que estamos en el centro de una revolución tecnológica que lo va a cambiar todo, eso es indudable, pero que entretanto está produciendo millonarios estrafalarios como Zuckerberg que van a negociar con grandes financieros en pijama y zapatillas; el dinero lo vamos a poner los 500 millones de usuarios.¡ Y luego dicen que el pescado es caro ! En plena guerra entre la red y las industrias cinematográfica y discográfica todo el mundo ha tomado posiciones, pero la verdad es que hay pocos creadores de contenidos que se atreverían a ir, como este niñato de Harvard, a una entrevista con semejante indumentaria. Tampoco lo haría el que fuera a buscar trabajo de albañil, agente comercial, médico o abogado.

Tras hacerse una serie de preguntas conducentes a clasificar el film en un género determinado, concluye afirmando que es un producto fílmico y narrativo de difícil catalogación disfrazado de película clásica. Claro que el personaje es demasiado joven para tener un biografía abultada y si bien es cierto que hay pocos ordenadores, me horrorizo pensando en una película de jóvenes lanzándose mensajes por Facebook. En caso de ponerle alguna etiqueta sería la de la radiografía de un fenómeno social con un rostro determinado. Como ha sido usual hasta el momento, cuando nos movemos en el terreno del poder de cualquier clase, el protagonista no es un outsider, sino que como afirma Heredero actúa desde el mismo corazón del establishment (Universidad de Harvard primero y Silicon Valley después ). Me parece exagerado hablar de metacinematografía y de la necesidad de unir fragmentos inconexos, puntos de vista contrapuestos, personalidades extremas...Esto es la red. La fragmentación del discurso llevada ad infinitum; el mensaje corto en el que cada cual intenta dar una imagen creada de sí mismo; el triunfo de lo extremo y el frikismo, en el que muchos dan y unos pocos reciben. El tablero en el que todos nos vemos obligados a jugar, el puzle en el que se entremezcla la innovación y la chabacanería, y en el que es difícil abrirse paso para encontrar un discurso coherente. La lucha entre la creación y la ortodoxia, el potencial de la innovación y los impulsos destructivos que la acompañan, la batalla por el éxito a cualquier precio, la traición de la amistad y la emoción enfermiza que se esconde bajo la genialidad, son guerras que se producen en el Olimpo de los privilegiados, dotados de una altanera arrogancia upper-class (¿ por qué no decir arrogancia de la clase alta ?).

Me parece exagerado la evocación de Rosebud, Ciudadano Cane o la tragedia shakesperiana que supone alcanzar el poder mediático en medio de un devastador poder emocional. En lo que sí estoy de acuerdo es en que refleja el tiempo en que vivimos de manera elegante y compleja. Si el discurso televisivo arrancó elaborados y sesudos debates sobre la fragmentación del lenguaje audiovisual, a la que se unía la que producía el espectador con un zapeo continuo, el desarrollo de internet y sus redes sociales, Youtube, etc. ha llevado la práctica al paroxismo. Hoy se imponen filmes de 1 a 3 minutos, cuya complejidad discursiva es fácil de imaginar, e incluso en algunas Universidades europeas se exigen este tipo de formatos que obligan a sus alumnos a hacer breves esquemas que reflejen sus potencialidades expresivas. A mí, como profesora que intenta hacer llegar el mensaje a sus alumnos de que hay que hacer algo productivo, me parece un buen 'biopic' social de lo que está pasando; se hiela la sangre en las venas cuando ves a un personaje arrogante,soberbio, que desprecia a los que no son de los 'suyos', e incluso a estos, que ha acumulado 6.900 millones de excedente del trabajo de los progenitores de jóvenes, bastante preocupados por cierto, que consumen su tiempo lanzándose mensajes breves, contrapuestos, inconexos... y a los que obligamos a venir a clase vestidos con un mínimo de dignidad.

Si queremos hablar de metalenguaje cinematográfico, creo que Fincher advierte desde el principio que lo que va a hacer no es un apología triunfalista de un 'genio', que a una corta edad ha sido capaz de hacer el negocio más grandes hasta ahora conocido. Así será mientras la masa siga adormecida en su dolce farniente. Como ha sido siempre: para que haya un listo ha de haber 500 millones de...(cada cual que ponga el apelativo). No se me escapa que entre esa masa hay muchos intentando meter productos de calidad. Ahí está la labor de los críticos:¡A navegar por la red y descubrir nuevos cerebros desempoderados! Como afirma Umberto Eco la diferencia que hay entre los integrados y los apocalípticos de hoy es que éstos últimos también pagan la red y la cuestionan pero desde dentro. David Fincher ha abierto un buen melón y no nos queda más remedio que entrar a debatir. ¿Son Hollywood y los Festivales de Cine de Venecia, Berlín, Cannes o Sundance un antigualla ? ¿Acabaremos viendo todos un montón de películas de tres minutos en una tarde ? ¿Qué hace Zuckerberg con el dinero que gana ? ¿Está todo el día navegando por la red social ? ¿Va al cine ortodoxo? ¿Va a fiestas y restaurantes 'reales' con sus amigos también 'reales' ? ¿Está inventando nuevos sistemas más rápidos todavía ?

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Lo que no sabían quienes entonces aplaudían el trabajo gratuito de cualquiera que produjera contenidos susceptibles de ser atrapados por la red, es que iba a llegar un momento, que ya ha llegado, en el que todo el mundo iba a trabajar casi gratis y que acceder a la categoría de mileurista, tan denostada en 2010, iba a ser privilegio de unos pocos; estamos pues en una situación en la que, como advierte Andy Robinson en 'Un reportero en la Montaña Mágica', Davos reúne una vez al año a aquellos que, suponiendo tan solo el 1% de la población mundial, controlan el 50% de la riqueza, dejando al 99% restante la otra mitad. Así pues, parece que hemos llegado a lo que muchos consideraban el nirvana: el trabajo gratuito (dicho con la mayor ironía posible). Ese 1% machaca sin compasión las formas y las concepciones burguesas, presentándose en ropa interior a los estirados consejos de administración de las empresas, tal como nos muestra David Fincher a Zuckerberg.






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