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sábado, 31 de octubre de 2015

Miedo en la ciudad de los Muertos Vivientes.


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Ficha técnica:

Título original:  Paura nella città dei Morti Viventi.
País: Italia
Año: 1980.
Duración: 88 minutos.

Dirección: Lucio Fulci.
Guión: Lucio Fulci, Dardano Sacchetti.
Dirección de Fotografía: Sergio Salvati.
Música: Fabio Frizzi.
Edición: Edward Brizio, Vincenzo Tomassi.

Estilista de peluquería: Luciano Vito.
Maquillaje: Franco Rufini.

Productores: Lucio Fulci, Giovani Massini.
Productor ejecutivo: Robert E. Warner.
Diseño de producción: Massimo Antonello Geleng.
Compañías. Productoras: Dania Films, National Cinematografica, Medusa Distribuzione.

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Intérpretes:

Christopher George : Peter Bell.
Catriona MacColl : Mary Woodhouse,
Carlo De Mejo : Gerry ,
Antonella Interlenghi : Emily Robbins,
Giovanni Lombardo Radice : Bob,
Daniela Doria : Rosie Kelvin,
Fabrizio Jovine : Padre William Thomas,
Luca Venantini : John-John Robbins,
Michele Soavi : Tommy Fisher,
Venantino Venantini : Mr. Ross,
Enzo D'Ausilio : Sheriff  adjunto Russell,
Adelaide Aste: Theresa,
Luciano Rossi: Policíaen el apartamento,
Robert Sampson : Sheriff Russell,
Janet Agren : Sandra,
Más créditos en Imdb.

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Sinopsis:

La ciudad de Dunwich, en Nueva Inglaterra, fue construida sobre la antigua Salem y, ahora, una maldición ha hecho que las puertas del infierno se abran y una horda de zombies invada la ciudad en busca de víctimas y comida. Sólo Peter  Bell (Christopher George) junto a una medium podrá detener la invasión y acabar de una vez por todas con toda esta maldición antes del día de todos los santos.


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Comentario:


Este film es la primera película de la trilogía lovecraftiana de Fulci, conocida con el nombre de 'Las puertas del Infierno', ( Miedo en la ciudad de los muertos vivientes, 1980; El más allá, 1981 y La casa junto al cementerio, 1981), que muchos de sus fans han considerado la cima de la carrera de un cineasta, cuya vida discurrió a lo largo de casi todo el siglo XX (desde 1927 hasta 1966), célebre por su visión onírica, extravagante y sin límites, de quienes, con razón o sin ella han abandonado este mundo maldiciéndolo y vuelven con ansias de venganza.

El cineasta italiano es considerado como un realizador poco interesado  en la narración de una buena historia, un relato excitante y lógico, más preocupado por entretener a su público con aquello que le demanda: un relato construido por la concatenación de imágenes truculentas y extremas,  que sitúa de forma sugerente en la víspera del día de 'Todos los Santos', en el que los cristianos, siguiendo en gran parte los rituales heredados de la cultura latina, rinden culto a sus muertos. El suicidio de un sacerdote, una acción que no sólo le quita la vida, sino que lo condena a vagar en las tinieblas, abre un portal, una de las siete puertas del infierno en Dunwich, un pueblecito edificado sobre las ruinas de Salem, que va a permitir que los muertos vivientes despierten de su profundo sueño y se lancen a provocar las mayores aberraciones con aquellos que tienen la mala suerte de encontrarse con ellos, un requisito del género que lo justifica para crear una auténtica pesadilla en la que se mezcla el asco que produce la podredumbre, (jóvenes a las que todas sus vísceras les salen por la boca, mujer enterrada viva,  desfiguración del rostro de un pobre chico con una máquina perforadora, sangrado de los ojos, extracción del cerebro de las víctimas...), con las plagas que envían los infiernos a los habitantes del pueblo maldito por los pecados de sus antepasados,  como la angustiosa e insoportable tormenta de gusanos que llena las casas de semejantes criaturas.

No cabe la menor duda de que Fulci, un hombre de la sensibilidad de Poe y amante de la iconografía de Lovecraft se lo debió pasar en grande concibiendo tanta burrada y que no serán pocos los que le acompañarán esta noche en su fiesta, disfrutando de películas que, como ésta, pertenecen a un subgénero italiano de terror, un estilo fresco, desenfadado, divertido, muy bien ambientado, con una música muy particular y unos decorados muy cuidados, a pesar de la escasez de medios. El final que ha provocado perplejidad en amplios sectores, es coherente con su desprecio por la lógica de las historias,  aunque lo relevante es que, si alguien cree que que ya lo ha visto todo en unas películas en las que el artista goza de una libertad que le permite acudir a los cementerios, descender a las tumbas, descuartizar los cuerpos o provocar horribles tormentas, sin tener que justificarse , comprueba sorprendido la fecunda imaginación del realizador para fantasear sobre las posibilidades que le ofrece su cámara, que  sustituye a su ojo para demostrar que el horror está en quien mira, que puede, sin embargo fulminar a quien le sostiene la mirada. Los que lo hemos experimentado, hemos sentido, más que miedo o asco, la fascinación y el pasmo ante su capacidad de generar imágenes provocativas, partiendo de los cánones de la literatura y el cine de terror  más clásico.


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