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viernes, 20 de noviembre de 2015

El Clan. Pablo Trapero.





Ficha técnica, sinopsis, críticas, trailer. (Pinchad aquí).

Comentario:

El realizador argentino reaparece en la gran pantalla con un film que cuenta la historia de un asesino en serie, Arquímedes Puccio, con el apoyo o la indiferencia de su familia, cuyo leit motiv es acumular capital mediante el secuestro, la extorsión y el asesinato, en un momento en que Argentina sale de una terrible dictadura que mediante leyes de amnistía dejó incólume el régimen favoreciendo la corrupción más grave que ha echado raíces en el país andino. Trapero es un director comprometido con la evolución económica, política y social de Argentina, con películas como 'Mundo grúa',(1998), en la que un obrero reflexiona en lo alto de una grúa; El bonaerense, (2002), que  aborda los temas de la inseguridad y el desempleo en Argentina; Carancho (2010), que gira en torno a los problemas de la sanidad pública; Elefante blanco (2012) en la que analiza la labor de la Iglesia y las ONGs. 

En 'El Clan' aborda las consecuencias del perdón que siguió a la caída de la dictadura militar de Videla, (1983), la llegada al poder de Raúl Alfonsín y el amparo  con que el ejército blindó a los suyos ante la justicia y cómo les permitió  realizar todo tipo de fechorías hasta que la situación se tornó insostenible. Pablo Trapero ha querido, como un deux ex machina forzar una situación de normalidad con una música extradiegética, (en alguna ocasión diegética, cuando el sonido lo emite una radio portátil en el zulo en el que mantienen a una persona contra su voluntad),  más propia de la 'fiebre de un sábado noche' que de las imágenes dramáticas que se suceden ante la mirada atónita de los espectadores dentro de una familia burguesa, en cuya caja fuerte se acumulan los millones de dólares producto de sus razzias, secuestros y asesinatos, en la que los hijos realizan sus tareas escolares cotidianas, la madre hace funcionar el hogar, los hijos destacan en sus actividades deportivas, mientras el secuestrado de turno grita en el sótano de la casa

Desde el primer minuto de la primera secuencia, previa a la aparición del título del film de forma muy destacada, reina la confusión, el 'horror vacuí presente en unos encuadres abigarrados, repletos de objetos y personas y unas secuencias que se alternan, entre las que abundan aquellas en las que el hijo mayor practica el rugby, que hace pensar al público que sí solo informa de que los hijos llevan una vida normal y no forman parte de una paradigmática 'Familia Monster', le sobra más de una de estas secuencias para que se entienda esta intención del guionista y director. A diferencia del film de Denis Villeneuve, 'Sicario', aquí todo se enmaraña en un totum revolutum en el que se mezclan las imágenes del padre y sus sicarios, el hijo jugador de rugby, la plácida convivencia del hogar, y con el mismo peso imágenes de found foutage en las que se deslizan los tétricos golpistas, que cargan en sus espaldas con miles de desaparecidos, o las apariciones  del nuevo presidente socialista tras este breve periodo de tiranía.

En la construcción de la diégesis del momento difícil que atravesó Argentina no sólo se ha servido de una música que poco o nada tiene que ver con el relato o el momento en que se insertan las diferentes piezas musicales, sino de un intento fallido de esculpir el tiempo, (con perdón de Tarkovsky). sirviéndose de una estructura circular muy semejante, aunque mucho menos lúcida, a la que empleó Quentin Tarantino para construir su espectacular thriller, Pulp Fiction, (1994), en cuyo meridiano un flashforward, respecto al momento narrativo, realiza un spoiler en toda regla. Un giro final inesperado resuelve a última hora una situación enmarañada y siniestra, provocada por un diabolux ex machina (Daniel Tubau) que  deshace los planes de Puccio para salir airoso de este  enredo.

Algún espectador ha abandonado la sala enfadado, (imposible conocer su posición ante este historia dura, que algunos interpretan como cómica). No es para tanto, pero si un cineasta hace reír, cuando pretende hacer llorar o como mínimo reflexionar ante unos terribles acontecimientos, algo parece haber fallado. La familia Puccio no es una familia normal, ni cotididiana, por mucho que coman, recen y hagan los deberes juntos; la madre prepara la comida para los secuestrados, los hijos participan incluso en la captura de sus amigos, el padre regenta un negocio tapadera, en el que parece que se vende ropa y otros complementos, y digo parece porque las cámaras se echan encima de los personajes y apenas dejan ver el espacio en el que se desenvuelven y los contextualiza; barre la acera esparciendo más que retirando la basura, un ejercicio que apenas sirve para simular que cuida su modesto comercio. Voces en off atraviesan las secuencias superponiéndolas, y el público puede escuchar los quejidos propios del contacto sexual, nada discreto, como fondo de un secuestro. A Boyero le da miedo, mientras a tiernas viejecitas les da risa, y confiesan que se lo habían pasado bien con la película; las mismas mujeres hubieran salido horrorizadas del film de Villeneuve.

Quien espere un thriller repleto de acción y suspense, bien construido poéticamente y con un buena perspectiva tecnicompositiva, o una denuncia clara ( si la hay indirectamente) y revulsiva de la tiranía, y se encuentre con una película en la que lo más arriesgado es el empleo de enfoque/desenfoque para crear una sensación de profundidad de campo, puede llevarse una tremenda decepción. Otra cosa es que estemos juzgando el film desde Europa y no tengamos la obligación de "lidiar con una peliaguda historia (real, pero esta vez anclada en el pasado y en el subconsciente de todos y cada uno de los argentinos)," ( El Clan .Cinemania).




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